¿Cuándo hay que operar una hernia inguinal?

El diagnóstico de una hernia inguinal suele plantear una pregunta inmediata: ¿hay que operarla?
La cirugía es el tratamiento que permite reparar el defecto de la pared abdominal que origina la hernia, pero encontrar una hernia no significa necesariamente que haya que intervenir en ese mismo momento. En algunos pacientes existen razones claras para plantear una reparación; en otros, especialmente cuando apenas hay síntomas, puede ser razonable observar su evolución.
Las guías internacionales recomiendan el tratamiento quirúrgico de las hernias inguinales sintomáticas y aceptan, en determinados hombres con hernias asintomáticas o mínimamente sintomáticas, una estrategia de vigilancia. La decisión depende, por tanto, de algo más que la simple presencia de una hernia.
Como explica el Dr. Jorge Martín Gil, responsable de la Unidad de Pared Abdominal del Hospital Memorial Publio Cordón: «Diagnosticar una hernia y decidir que hay que operarla son dos cuestiones relacionadas, pero no exactamente iguales. La indicación depende de los síntomas, de cómo está evolucionando la hernia y de las circunstancias de cada paciente».
Esta distinción es importante porque permite abordar la cirugía con un criterio individualizado: ni intervenir automáticamente ante cualquier diagnóstico ni esperar sin valorar qué puede ocurrir con el tiempo.
¿Qué hace aconsejable operar una hernia inguinal?
Los síntomas son uno de los principales factores que inclinan la decisión hacia la cirugía.
El más evidente es el dolor, aunque una hernia inguinal no siempre se presenta como un dolor intenso. Puede producir pesadez, tirantez o presión en la ingle; molestias al caminar, permanecer mucho tiempo de pie, hacer ejercicio, toser o realizar determinados esfuerzos; o simplemente un bulto que se hace más evidente al final del día.
Más que la existencia aislada de una molestia, interesa saber cómo evoluciona y cuánto condiciona la vida de la persona.
El Dr. Martín Gil subraya precisamente ese aspecto: «No valoramos únicamente si la hernia duele o cuánto mide. Nos interesa saber si las molestias están aumentando, si aparecen con esfuerzos cada vez menores o si el paciente está empezando a limitar actividades que antes realizaba con normalidad».
Una hernia que obliga progresivamente a abandonar el deporte, modifica la actividad laboral o produce molestias cada vez más frecuentes no plantea la misma situación que otra que apenas se percibe y permanece estable.
Tampoco existe un tamaño concreto a partir del cual todas las hernias deban operarse. La anatomía importa, pero debe interpretarse junto con los síntomas, la exploración y la situación general del paciente.
De ahí que, para el especialista, la indicación sea una decisión clínica más amplia: «La cirugía tiene sentido cuando esperamos que reparar la hernia aporte al paciente un beneficio que justifique la intervención. Esa decisión no debería basarse en un único dato, sino en el conjunto de la valoración».

¿Necesita más información sobre la hernia inguinal y sus opciones de tratamiento?
Si la hernia no duele, ¿se puede esperar?
En determinados pacientes, sí. Una hernia inguinal aparece porque existe un punto de debilidad en la pared abdominal por el que protruye tejido del abdomen. En el adulto, ese defecto no suele desaparecer espontáneamente. Por tanto, mantener una hernia en observación no significa que vaya a curarse sola, sino que en ese momento puede no existir una razón suficiente para intervenir.
La estrategia denominada watchful waiting, o vigilancia, se ha estudiado principalmente en hombres con hernias inguinales asintomáticas o con síntomas mínimos. En este grupo puede constituir una opción segura cuando el paciente ha sido correctamente valorado y conoce qué cambios deben llevarle a consultar de nuevo.
Aquí, señala el Dr. Martín Gil, es importante entender bien qué significa realmente esperar: «Vigilar una hernia no significa olvidarse de ella. Significa que en ese momento podemos no tener motivos suficientes para operar, pero sabemos qué síntomas o cambios harían aconsejable volver a valorar la indicación».
Esta precisión evita dos extremos: pensar que toda hernia debe operarse inmediatamente o asumir que, si apenas molesta, puede ignorarse indefinidamente.
¿Puede una hernia que hoy no necesita cirugía necesitarla más adelante?
Sí, y es una de las cuestiones que conviene explicar desde el principio. Los estudios con seguimiento prolongado muestran que una parte considerable de los hombres inicialmente mantenidos en vigilancia termina sometiéndose a cirugía con el paso de los años.
Un metaanálisis publicado en 2024, que reunió los seguimientos prolongados de tres ensayos clínicos aleatorizados, encontró que aproximadamente un 29 % de los hombres inicialmente tratados mediante vigilancia había pasado a cirugía al año, alrededor del 52 % a los cinco años y del 71 % a los diez años. El motivo más frecuente fue el aumento del dolor.
Esto no significa que esperar hubiera sido una decisión equivocada. Significa que la situación clínica puede cambiar.
El Dr. Martín Gil lo resume de una manera especialmente útil para el paciente: «Que hoy no exista una indicación clara para operar no significa que esa decisión tenga que mantenerse para siempre. Si la hernia cambia o empieza a producir síntomas relevantes, también puede cambiar el balance entre esperar e intervenir».
Vigilancia y cirugía no son necesariamente decisiones opuestas y definitivas. En algunos pacientes representan momentos diferentes de un mismo proceso.
¿Qué cambios deberían llevar a consultar de nuevo?
El aumento del dolor es el motivo más frecuente por el que las personas inicialmente mantenidas en vigilancia terminan optando por una intervención. Pero no es el único cambio relevante.
También conviene solicitar una nueva valoración si las molestias aparecen con mayor frecuencia, si la hernia comienza a limitar actividades que antes podían realizarse con normalidad o si cambia el comportamiento habitual del bulto.
Muchas hernias son reducibles, es decir, disminuyen al tumbarse o su contenido vuelve al interior del abdomen espontáneamente o mediante una maniobra suave. Es un dato que el cirujano tiene en cuenta, aunque no determina por sí solo la necesidad de operar.
Como señala el Dr. Martín Gil: «El paciente no debería esperar necesariamente a tener un dolor intenso. Si la hernia empieza a condicionar su vida, cambia respecto a cómo era antes o genera dudas sobre su evolución, es un buen momento para volver a valorarla».
En algunas situaciones la exploración clínica es suficiente. En otras puede ser útil recurrir a pruebas de imagen para confirmar el diagnóstico o conocer mejor la anatomía de la hernia.
Si hay que operar, ¿qué papel tiene la cirugía laparoscópica?
Una vez establecida la indicación quirúrgica aparece una segunda decisión importante: cómo reparar la hernia.
Actualmente existen abordajes abiertos y técnicas mínimamente invasivas. Entre estas últimas ocupa un lugar destacado la cirugía laparoscópica de la hernia inguinal, que permite realizar la reparación mediante pequeñas incisiones, una cámara y material quirúrgico específico.
Las dos técnicas laparoendoscópicas más utilizadas reciben las siglas TEP y TAPP. Ambas permiten acceder a la región donde se encuentra el defecto y colocar el refuerzo de la pared desde un plano posterior, aunque llegan a ese espacio por vías anatómicas diferentes. La elección entre una y otra depende de las características de la hernia, los antecedentes del paciente y la experiencia del equipo quirúrgico.
No es necesario que el paciente conozca de antemano todos sus detalles técnicos. Lo importante es comprender que, cuando una hernia necesita reparación, la elección del abordaje forma parte de la propia indicación quirúrgica.
Como explica el Dr. Martín Gil: «Una vez que hemos decidido que una hernia debe operarse, la siguiente pregunta es cuál es la mejor forma de repararla en ese paciente. No todas las hernias son iguales y no existe una técnica que deba aplicarse automáticamente a todos los casos».
La cirugía laparoscópica tiene especial relevancia porque la evidencia contemporánea ha mostrado ventajas en determinados pacientes. La actualización de las guías internacionales HerniaSurge señala que las técnicas laparoendoscópicas se asocian, cuando son realizadas por cirujanos con experiencia específica, con menor dolor postoperatorio y menor incidencia de dolor crónico, además de una recuperación más rápida, manteniendo resultados comparables en cuanto a recurrencia frente a la reparación abierta de referencia.
Por esta razón, las guías recomiendan actualmente un abordaje laparoendoscópico para muchos pacientes con una hernia inguinal primaria unilateral cuando existe experiencia suficiente y los recursos necesarios, aunque determinadas características del paciente o de la propia hernia pueden hacer preferible una reparación abierta.
Para el Dr. Martín Gil, esta individualización es esencial: «La laparoscopia nos ofrece un abordaje muy útil en la cirugía de la hernia inguinal y, cuando está bien indicada, puede favorecer una recuperación más rápida y reducir el impacto postoperatorio. Pero su principal valor está en utilizarla en el paciente adecuado y con una técnica correctamente ejecutada».
La Unidad de Pared Abdominal del Hospital Memorial Publio Cordón contempla tanto cirugía abierta como técnicas mínimamente invasivas y emplea diferentes variantes laparoscópicas, entre ellas TEP y TAPP, seleccionando el abordaje a partir del tipo de defecto y de las características de cada paciente.
Este artículo específico permitirá explicar con mayor profundidad las diferencias entre TEP y TAPP, para qué pacientes pueden resultar especialmente útiles y cómo es la recuperación, sin desviar aquí la pregunta principal: cuándo merece la pena operar.
¿La recomendación es igual en hombres y mujeres?
No.
Este matiz es especialmente importante porque la evidencia que respalda la vigilancia procede fundamentalmente de estudios realizados en hombres con hernias inguinales asintomáticas o mínimamente sintomáticas.
En una mujer con un bulto o una hernia en la región de la ingle debe considerarse especialmente la posibilidad de una hernia femoral o crural, que aparece en una zona muy próxima a la inguinal y puede resultar difícil de distinguir solo mediante la exploración.
La hernia femoral presenta un riesgo mayor de incarceración y estrangulación. Por este motivo, las recomendaciones internacionales aconsejan una actitud diferente ante las hernias de la ingle en mujeres y no permiten trasladar sin más la estrategia de vigilancia estudiada en hombres.
El Dr. Martín Gil insiste en esta diferencia: «No deberíamos convertir la ausencia de dolor en una regla general para decidir que se puede esperar. En una mujer, por ejemplo, tenemos que valorar especialmente la posibilidad de una hernia femoral, porque su comportamiento y su riesgo de complicaciones son diferentes».

¿Cuándo una hernia inguinal se convierte en una urgencia?
La mayoría de las hernias inguinales pueden estudiarse y, cuando corresponde, operarse de manera programada. Existe, sin embargo, una situación diferente: que el contenido de la hernia quede atrapado de forma aguda y no pueda regresar al interior del abdomen.
Si además se compromete la circulación sanguínea del tejido atrapado puede producirse una estrangulación, que requiere atención quirúrgica urgente.
El Dr. Martín Gil explica por qué este cambio obliga a actuar de otra manera: «Lo que nos preocupa especialmente es que el contenido de la hernia quede atrapado y pueda comprometerse su vascularización. En ese momento ya no estamos ante la decisión de cuándo programar una cirugía, sino ante una posible urgencia».
Un dolor intenso y de aparición repentina, especialmente si el bulto se vuelve duro, muy doloroso o deja de reducirse, requiere valoración médica inmediata. La aparición de náuseas, vómitos, distensión abdominal o alteraciones importantes del tránsito intestinal aumenta la preocupación por una posible complicación.
Entonces, ¿cuál es el mejor momento para operar?
No existe una fecha, una edad o un tamaño de hernia que puedan aplicarse como regla a todas las personas.
Cuando existen síntomas relevantes, estos progresan o empiezan a limitar la actividad habitual, la reparación programada adquiere mayor sentido. En cambio, determinados hombres con hernias asintomáticas o mínimamente sintomáticas pueden mantener inicialmente una vigilancia si han sido correctamente seleccionados e informados.
También deben tenerse en cuenta la salud general, otras enfermedades, el riesgo anestésico y quirúrgico, la actividad de la persona y sus preferencias.
Por eso, acudir a un cirujano no presupone necesariamente salir de la consulta con una fecha para operarse. La valoración también permite determinar si todavía es razonable esperar y, cuando existe indicación para intervenir, elegir entre las distintas posibilidades quirúrgicas, incluida la cirugía laparoscópica.
Para el Dr. Jorge Martín Gil, ambas decisiones forman parte del mismo proceso: «Primero debemos responder si ese paciente necesita operarse y cuál es el momento adecuado. Cuando la respuesta es sí, entonces podemos decidir qué abordaje ofrece el mejor equilibrio entre eficacia, seguridad y recuperación para su caso concreto».
Es el principio sobre el que se organiza la Unidad de Pared Abdominal del Hospital Memorial Publio Cordón: establecer primero una indicación precisa y seleccionar después el abordaje más adecuado. La propia Unidad incorpora técnicas mínimamente invasivas y laparoscópicas como TEP y TAPP dentro de sus posibilidades de tratamiento.
Para quien acaba de recibir el diagnóstico, quizá esa sea la idea más útil: una hernia inguinal no debe operarse únicamente porque exista, pero tampoco conviene decidir esperar solo porque hoy apenas moleste. Y, cuando llega el momento de intervenir, la forma de hacerlo también debe individualizarse.
Información médica divulgativa
Este contenido tiene carácter divulgativo y ha sido elaborado con fines exclusivamente informativos. No sustituye una valoración médica individual ni debe utilizarse para establecer un diagnóstico o decidir un tratamiento.
La indicación de cirugía de una hernia inguinal y la elección entre un abordaje abierto o mínimamente invasivo dependen de los síntomas, las características de la hernia, su evolución y la situación clínica de cada paciente. Ante síntomas nuevos, empeoramiento o dudas sobre su evolución debe consultarse con un profesional sanitario cualificado. Los síntomas compatibles con una complicación aguda requieren valoración médica urgente.
La información contenida en este artículo tiene carácter divulgativo y no sustituye una valoración médica individualizada.


