El Hospital Memorial Publio Cordón incorpora un programa para las nuevas terapias modificadoras de la enfermedad de Alzheimer

El Hospital Memorial Publio Cordón ha desarrollado, dentro de su Unidad de Trastornos de la Memoria, un programa específico para la valoración y el tratamiento de pacientes que pueden ser candidatos a las nuevas terapias modificadoras de la enfermedad de Alzheimer.
La incorporación de los primeros anticuerpos dirigidos frente al beta-amiloide abre una nueva posibilidad terapéutica para determinados pacientes con Alzheimer en fases tempranas. A diferencia de los tratamientos utilizados tradicionalmente para aliviar algunos síntomas, estos medicamentos actúan sobre uno de los procesos biológicos implicados en la enfermedad y han demostrado capacidad para ralentizar su progresión en pacientes cuidadosamente seleccionados.
Para la Dra. Rocío García-Ramos, directora de la Unidad de Trastornos de la Memoria del Hospital Memorial Publio Cordón, su llegada supone una oportunidad que hace pocos años no estaba disponible. La especialista señala que, por primera vez, es posible plantear en determinados pacientes un tratamiento dirigido a modificar parcialmente el curso de la enfermedad, aunque insiste en que esta posibilidad debe explicarse con precisión y sin generar expectativas que los medicamentos no pueden cumplir.
“Ralentizar” la enfermedad no significa detenerla ni recuperar las capacidades cognitivas que ya se han perdido. Pero para algunos pacientes diagnosticados en fases iniciales puede significar disponer de una alternativa terapéutica que permita retrasar parte de su progresión.
Precisamente por ello, explica la Dra. García-Ramos, adquiere especial importancia identificar al paciente adecuado y hacerlo en el momento adecuado de la enfermedad.
Lecanemab y donanemab: qué aportan los nuevos tratamientos
Actualmente, lecanemab y donanemab están autorizados en la Unión Europea para pacientes adultos con deterioro cognitivo leve o demencia leve debidos a enfermedad de Alzheimer, siempre que exista patología amiloide confirmada y se cumplan determinadas condiciones clínicas y genéticas.
Ambos son anticuerpos monoclonales dirigidos frente al beta-amiloide, una proteína que se acumula de manera anómala en el cerebro en la enfermedad de Alzheimer.
La evidencia que permitió avanzar hacia su utilización clínica procede de grandes ensayos en pacientes con enfermedad temprana.
En el caso de lecanemab, el ensayo fase 3 Clarity AD, publicado en The New England Journal of Medicine, incluyó a 1.795 personas con deterioro cognitivo leve o demencia leve por enfermedad de Alzheimer y evidencia de amiloide cerebral. Tras 18 meses, el grupo tratado presentó un menor deterioro cognitivo y funcional que el grupo que recibió placebo.
Donanemab fue evaluado en el ensayo fase 3 TRAILBLAZER-ALZ 2, publicado en JAMA, que incluyó a 1.736 pacientes con enfermedad de Alzheimer sintomática temprana. El tratamiento también mostró una ralentización estadísticamente significativa de la progresión clínica frente a placebo durante las 76 semanas de seguimiento.
Para la Dra. García-Ramos, estos resultados representan un cambio relevante porque introducen un objetivo terapéutico diferente al de los medicamentos sintomáticos disponibles hasta ahora.
Al mismo tiempo, recuerda que los resultados de los ensayos describen diferencias medias entre grupos de pacientes y no permiten anticipar con exactitud cuánto beneficio obtendrá una persona concreta. Algunos pacientes pueden experimentar una evolución más lenta y otros obtener un beneficio menor.
Por este motivo, considera esencial que la conversación con el paciente y la familia incluya tanto la oportunidad que supone disponer de estas alternativas como sus límites.
¿Necesita más información sobre el programa?
Las personas con diagnóstico de enfermedad de Alzheimer en fases iniciales pueden conocer el Programa de Tratamiento Antiamiloide del Alzheimer de la Unidad de Trastornos de la Memoria, diseñado para valorar la indicación, coordinar el tratamiento y realizar el seguimiento especializado.
La oportunidad de llegar antes
La aparición de terapias destinadas específicamente a las fases iniciales de la enfermedad modifica también la importancia del diagnóstico precoz.
Durante años, detectar antes la enfermedad de Alzheimer permitía principalmente establecer el diagnóstico, iniciar tratamiento sintomático, organizar el seguimiento y anticipar determinadas necesidades del paciente y de su entorno.
Ahora existe una razón adicional: el momento en el que se identifica la enfermedad puede condicionar la posibilidad de acceder a un tratamiento modificador de su evolución.
Según explica la Dra. García-Ramos, uno de los cambios más importantes que introducen estas terapias es precisamente ese concepto de oportunidad terapéutica. Cuando la enfermedad está ya en fases moderadas o avanzadas, estos medicamentos no están indicados. Por ello, reconocer y estudiar adecuadamente un deterioro cognitivo temprano adquiere una relevancia diferente.
Esto no significa, matiza la especialista, que cualquier problema de memoria sea un Alzheimer ni que toda persona que perciba olvidos necesite someterse a estudios complejos. El primer paso continúa siendo una valoración neurológica especializada capaz de determinar cuándo existe realmente un deterioro cognitivo que debe estudiarse.
Para las personas que han empezado a notar pequeños cambios en la memoria o desean realizar una primera valoración, la Unidad dispone de un Programa de Screening Precoz de Alzheimer, orientado a identificar si existen señales que aconsejen ampliar el estudio.
Un programa que comienza antes de decidir el tratamiento
El programa desarrollado por Memorial Publio Cordón parte de una evaluación individualizada en la Unidad de Trastornos de la Memoria.
El proceso puede incluir valoración neurológica y neuropsicológica, resonancia magnética cerebral y estudios destinados a confirmar la presencia de patología amiloide mediante los biomarcadores indicados en cada paciente.
Esta confirmación es imprescindible. La autorización europea de ambos medicamentos exige que exista evidencia de patología amiloide, además de un diagnóstico clínico compatible con deterioro cognitivo leve o demencia leve debidos a enfermedad de Alzheimer.
También debe determinarse el genotipo ApoE ε4. En la Unión Europea, lecanemab y donanemab están indicados en personas que no poseen este alelo o que presentan una sola copia, pero no en quienes tienen dos copias, debido fundamentalmente al mayor riesgo de determinadas complicaciones relacionadas con el tratamiento.
Cuando existen síntomas cognitivos, estudios previos alterados o es necesario confirmar y caracterizar la enfermedad antes de valorar una terapia, el Programa de Diagnóstico de Alzheimer permite integrar estas pruebas, establecer el diagnóstico y conocer la fase de la enfermedad.
La Dra. García-Ramos explica que esta fase de selección no debe interpretarse como un obstáculo para acceder al tratamiento, sino como una parte esencial de su utilización segura. La oportunidad que ofrecen estos medicamentos depende precisamente de poder identificar a las personas en las que existe una expectativa razonable de beneficio y evitar su administración cuando los riesgos pueden superar ese posible beneficio.
Dos tratamientos con características diferentes
Aunque lecanemab y donanemab comparten el objetivo de reducir la carga de beta-amiloide cerebral, presentan diferencias en su forma de administración y en algunos aspectos de su utilización.
Lecanemab, comercializado como Leqembi, se administra mediante perfusión intravenosa cada dos semanas. La Comisión Europea concedió su autorización de comercialización en abril de 2025 para la población seleccionada contemplada actualmente en su indicación.
Donanemab, comercializado como Kisunla, se administra mediante perfusión intravenosa cada cuatro semanas y fue autorizado en la Unión Europea en septiembre de 2025. Su estrategia terapéutica contempla además la posibilidad de suspender el tratamiento una vez alcanzados determinados criterios de eliminación de la placa amiloide.
Para la Dra. García-Ramos, la existencia de distintas alternativas hace todavía más importante evitar una visión simplificada de estos tratamientos. No se trata únicamente de elegir un medicamento, sino de valorar qué estrategia resulta más adecuada para una persona determinada teniendo en cuenta su situación clínica, sus pruebas diagnósticas, el perfil de seguridad y las exigencias de seguimiento.
Un tratamiento que exige vigilancia especializada
Uno de los principales riesgos asociados a los tratamientos antiamiloide son las denominadas ARIA, anomalías de imagen relacionadas con el amiloide.
Pueden presentarse fundamentalmente como edema o acumulación de líquido cerebral —ARIA-E— o como pequeñas hemorragias y depósitos de productos sanguíneos —ARIA-H—.
En el estudio Clarity AD de lecanemab se observaron ARIA-E en el 12,6 % de los pacientes tratados, mientras que en TRAILBLAZER-ALZ 2 se registraron en el 24 % de los participantes que recibieron donanemab. Las características de los ensayos y de sus poblaciones son diferentes, por lo que estas cifras no deben utilizarse para realizar una comparación directa entre ambos medicamentos.
Muchas de estas alteraciones se detectan durante los controles de resonancia magnética sin producir síntomas, aunque algunas pueden ser clínicamente relevantes y existen casos graves.
Por este motivo, la resonancia cerebral forma parte tanto de la evaluación previa como del seguimiento durante el tratamiento.
La Dra. García-Ramos considera que este aspecto debe abordarse con especial transparencia con las familias. El paciente necesita conocer tanto el posible beneficio del tratamiento como el compromiso que supone: infusiones periódicas, controles de resonancia, vigilancia de posibles síntomas y, en determinadas circunstancias, modificación o suspensión temporal del tratamiento.
Explicar qué puede significar realmente ralentizar la enfermedad
Una de las cuestiones más delicadas es trasladar correctamente los resultados de los estudios clínicos.
En Clarity AD, a los 18 meses, la puntuación CDR-SB —una escala que evalúa aspectos cognitivos y funcionales— empeoró una media de 1,21 puntos en el grupo tratado con lecanemab y 1,66 puntos en el grupo placebo. La diferencia entre ambos grupos fue de 0,45 puntos. Los resultados completos pueden consultarse en la publicación original de Clarity AD.
En TRAILBLAZER-ALZ 2, donanemab mostró igualmente un menor deterioro en las escalas clínicas utilizadas durante las 76 semanas del estudio. El ensayo completo está publicado en JAMA.
La Dra. García-Ramos insiste en que estos datos no deben traducirse en la idea de que una persona “mejorará un determinado porcentaje”. El paciente continúa teniendo una enfermedad neurodegenerativa y puede seguir experimentando deterioro.
La oportunidad es diferente: intentar que esa progresión sea más lenta de lo que habría sido sin tratamiento.
Para algunas personas y sus familias, esa diferencia puede tener relevancia. La valoración debe hacerse siempre de manera individual y teniendo en cuenta no solo los resultados de los estudios, sino también la situación funcional del paciente, sus prioridades, sus expectativas y el perfil de riesgo.
Una decisión en la que también participa la familia
La decisión de iniciar una terapia modificadora de la enfermedad no debería producirse únicamente a partir de un resultado diagnóstico. La Unidad de Trastornos de la Memoria plantea la información al paciente y a su entorno como una parte fundamental del proceso.
La Dra. García-Ramos considera importante que la familia pueda comprender qué persigue el tratamiento, qué beneficio puede esperarse de forma razonable, cuáles son sus riesgos, qué controles serán necesarios y qué aspectos continúan sin conocerse con certeza a largo plazo.
También es necesario conocer las preferencias del propio paciente.
En una enfermedad que evoluciona durante años, la posibilidad de ralentizar la progresión puede tener un significado diferente para cada persona. Por ello, la especialista defiende una decisión compartida en la que la evidencia científica se combine con la situación clínica y las prioridades del paciente y de su familia.
Una nueva etapa en el abordaje del Alzheimer
La autorización de lecanemab y donanemab no supone que el Alzheimer disponga ya de una cura, pero sí marca una nueva etapa en su tratamiento.
La posibilidad de intervenir sobre uno de los mecanismos biológicos de la enfermedad refuerza la importancia de diagnosticar con precisión, utilizar biomarcadores y detectar a los pacientes en fases en las que todavía pueda plantearse una terapia modificadora.
Para la Dra. García-Ramos, este es probablemente uno de los principales mensajes que deben conocer actualmente pacientes y familias: existen nuevas alternativas y, en determinados casos, pueden ofrecer una oportunidad terapéutica que antes no existía, pero esa oportunidad depende de realizar un diagnóstico correcto, llegar en una fase adecuada y valorar cuidadosamente beneficio y riesgo.
El programa desarrollado por el Hospital Memorial Publio Cordón dentro de su Unidad de Trastornos de la Memoria se estructura alrededor de este nuevo escenario: evaluación neurológica especializada, precisión diagnóstica, confirmación mediante biomarcadores, selección rigurosa de candidatos y seguimiento clínico y radiológico durante el tratamiento.
La llegada de estas terapias amplía las posibilidades de actuación frente a la enfermedad de Alzheimer. También hace más importante que nunca saber qué paciente puede beneficiarse de ellas, en qué momento y bajo qué condiciones de seguridad.


