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Prótesis de rodilla asistida por robot: ¿qué aporta frente a la cirugía convencional?

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Prótesis de rodilla asistida por robot: ¿qué aporta frente a la cirugía convencional?

El dolor causado por una artrosis avanzada de rodilla no siempre aparece de forma brusca. Con frecuencia se instala poco a poco: primero dificulta los paseos largos, después obliga a evitar escaleras y, con el tiempo, puede interferir en el descanso, la autonomía y actividades que hasta entonces formaban parte de la vida cotidiana.

Cuando los tratamientos conservadores dejan de proporcionar un alivio suficiente, la prótesis de rodilla puede convertirse en una opción para reducir el dolor y recuperar movilidad. Es entonces cuando muchos pacientes se plantean una nueva pregunta: ¿qué diferencia existe entre una prótesis implantada mediante cirugía convencional y una intervención asistida por robot?

La principal aportación de la asistencia robótica es que permite al cirujano obtener mediciones precisas durante la operación, analizar cómo se comporta la articulación y comprobar con mayor detalle la posición de la prótesis antes de finalizar la intervención.

El robot no opera de manera autónoma ni sustituye la experiencia del especialista. Es una herramienta que amplía la información disponible para planificar y ejecutar la cirugía de una manera más personalizada.

Como explica el Dr. Carlos Encinas Ullán, responsable de la Unidad de Rodilla del Hospital Memorial Publio Cordón:

“La principal aportación del robot no es que opere por nosotros, sino que nos permite conocer con mucha precisión la rodilla que estamos tratando. Durante la intervención podemos estudiar su alineación, valorar cómo responden los ligamentos y anticipar qué efecto tendría cada ajuste en la posición de la prótesis. La decisión continúa siendo del cirujano, pero disponemos de más información para tomarla”.

Antes de hablar del robot: ¿cuándo está indicada una prótesis?

La artrosis de rodilla produce un deterioro progresivo del cartílago que protege las superficies articulares. A medida que avanza, pueden aparecer dolor, rigidez, inflamación, pérdida de movilidad e incluso una deformidad progresiva de la extremidad.

Sin embargo, la presencia de artrosis en una radiografía no significa necesariamente que haya que operar.

Dos personas con imágenes aparentemente similares pueden experimentar grados de dolor y limitación muy diferentes. Por eso, la indicación debe considerar la repercusión real de la enfermedad: cuánto puede caminar el paciente, si el dolor aparece también en reposo o durante la noche, qué actividades ha dejado de realizar y hasta qué punto ha perdido autonomía.

“No indicamos una prótesis únicamente porque exista una imagen de artrosis avanzada”, señala el Dr. Encinas. “Necesitamos comprender cómo afecta esa rodilla a la vida del paciente: cuánto puede caminar, qué actividades ha dejado de hacer y si los tratamientos conservadores todavía le permiten mantener una calidad de vida aceptable. La cirugía tiene sentido cuando existe una relación clara entre el deterioro de la articulación y una limitación funcional importante”.

Antes de plantear una prótesis suelen valorarse medidas como el ejercicio terapéutico, la fisioterapia, el control del peso cuando está indicado, el tratamiento farmacológico o determinadas infiltraciones.

La cirugía se considera cuando la afectación articular es importante, estas alternativas dejan de ser suficientes y el deterioro condiciona significativamente la vida diaria.

La disponibilidad de una tecnología avanzada no debe acelerar una intervención que todavía no está indicada. Primero hay que determinar si la prótesis es la solución adecuada y si ha llegado el momento de realizarla. Solo después tiene sentido decidir qué forma de planificación puede aportar mayor valor a ese paciente.

Cada rodilla plantea decisiones diferentes

Aunque habitualmente se hable de “cambiar la rodilla”, una prótesis total no sustituye toda la articulación.

Durante la intervención se preparan las superficies deterioradas del fémur y de la tibia y se colocan sobre ellas los componentes protésicos. Entre ambos se incorpora una pieza de un material resistente que facilita el deslizamiento y permite recuperar un movimiento estable.

Pero el resultado no depende solo de la calidad del implante.

El cirujano debe decidir su tamaño, posición y orientación. También necesita valorar la tensión de los ligamentos que estabilizan la articulación cuando la rodilla se estira y se dobla.

Estas decisiones deben adaptarse porque no todas las rodillas tienen la misma anatomía ni han desarrollado la artrosis de la misma forma. La alineación de la pierna, la distribución del desgaste, la forma de los huesos, la estabilidad de los ligamentos y la movilidad previa varían de una persona a otra.

“La cirugía de prótesis no debería entenderse como la aplicación de una medida idéntica a todas las rodillas”, explica el Dr. Encinas. “Trabajamos dentro de parámetros de seguridad muy definidos, pero cada paciente presenta una anatomía, una deformidad y un equilibrio de los ligamentos diferentes. La asistencia robótica nos ayuda a comprender esas particularidades y a decidir qué corrección necesita realmente esa articulación”.

Personalizar la intervención no significa abandonar los principios consolidados de la cirugía protésica. Significa aplicarlos con más información sobre el paciente concreto y evitar, cuando sea posible, correcciones innecesarias de su anatomía.

¿Cómo interviene el sistema ROSA durante la cirugía?

El sistema ROSA —siglas de Robotic Orthopedic Surgical Assistant— es una plataforma diseñada para asistir al especialista durante la implantación de una prótesis de rodilla.

Al comienzo de la intervención, el equipo registra diferentes referencias anatómicas. A partir de ellas, el sistema genera una representación digital de la articulación y proporciona información sobre la posición del fémur, la tibia y el eje de la extremidad.

El cirujano también puede movilizar la rodilla para valorar cómo se comportan los ligamentos en distintos grados de flexión. Así obtiene información no solo sobre la forma de los huesos, sino también sobre la estabilidad de la articulación.

Con estos datos puede planificar:

•       La orientación de los componentes de la prótesis.

•       La cantidad de hueso que debe prepararse.

•       La corrección de la alineación de la pierna.

•       La tensión que conservarán los ligamentos.

•       El equilibrio de la rodilla al estirarla y doblarla.

Una de las principales aportaciones de este proceso es la posibilidad de simular modificaciones antes de efectuar los cortes óseos.

“Podemos introducir pequeños cambios virtuales en la posición prevista de la prótesis y comprobar cómo modificarían la estabilidad de la rodilla”, explica el Dr. Encinas. “Por ejemplo, podemos valorar si unos grados de diferencia en la orientación de un componente mejoran el equilibrio entre la parte interna y externa de la articulación. Esa capacidad de anticipación nos ayuda a elegir la opción más adecuada antes de actuar sobre el hueso”.

Una vez definido el plan, el sistema ayuda a orientar los instrumentos empleados para preparar el hueso. El especialista mantiene el control del procedimiento y puede modificar la planificación cuando lo considera necesario.

¿En qué se diferencia de la cirugía convencional?

La cirugía convencional de prótesis de rodilla es una técnica consolidada que puede ofrecer excelentes resultados cuando la indicación es correcta y la realiza un equipo experimentado.

En ella, el especialista utiliza referencias anatómicas, guías mecánicas e instrumentos específicos para establecer los cortes y posicionar los componentes.

La cirugía asistida por robot no sustituye estos fundamentos. Añade mediciones digitales y una mayor capacidad para comprobar durante la operación si la planificación se está reproduciendo con precisión.

Por tanto, no deben entenderse como dos procedimientos completamente enfrentados. La cirugía robótica se apoya en el conocimiento y la experiencia desarrollados durante décadas en la artroplastia convencional.

La diferencia tampoco reside necesariamente en el tamaño de la incisión ni en que una máquina coloque por sí sola la prótesis. Está en la forma de estudiar la articulación, anticipar el efecto de cada decisión y controlar la ejecución del plan quirúrgico.

¿Qué ventajas puede aportar la asistencia robótica?

Una planificación más personalizada

La tecnología permite estudiar la anatomía de la rodilla y su comportamiento durante el movimiento. Esto puede ser especialmente relevante cuando existe una deformidad pronunciada, un desgaste desigual entre diferentes zonas de la articulación o alteraciones importantes en la tensión de los ligamentos.

El objetivo no es colocar cada prótesis de una forma completamente diferente, sino comprender qué corrección necesita esa rodilla y encontrar una posición estable dentro de unos parámetros clínicos seguros.

Mayor precisión para ejecutar el plan

La asistencia robótica permite comprobar si los cortes y la posición de los componentes coinciden con lo planificado. Pequeñas variaciones en la orientación pueden modificar la distribución de las cargas, la estabilidad o el movimiento de la articulación.

Disponer de mediciones durante la intervención ayuda al especialista a detectar posibles desviaciones y corregirlas antes de implantar definitivamente la prótesis.

Más información sobre los ligamentos

La rodilla no funciona únicamente por la relación entre sus huesos. Los ligamentos guían y estabilizan el movimiento.

El sistema permite valorar la separación entre las superficies articulares y la tensión de los ligamentos al estirar y doblar la rodilla. Con esa información, el cirujano puede ajustar la planificación buscando que la articulación mantenga un equilibrio adecuado a lo largo del movimiento.

“La rodilla no es solo hueso”, precisa el Dr. Encinas. “Podemos colocar correctamente los componentes desde el punto de vista radiológico y, aun así, necesitar un ajuste más fino para que los ligamentos mantengan una tensión adecuada al estirar y doblar la articulación. El sistema nos ayuda a integrar estas dos dimensiones: la posición de la prótesis y el comportamiento de los tejidos que la estabilizan”.

Verificación antes de finalizar la intervención

Una vez preparada la articulación, el equipo puede comparar el resultado obtenido con el plan previsto. Esta comprobación final no elimina la complejidad de la cirugía, pero aporta una capa adicional de control y permite realizar ajustes antes de concluir la intervención.

¿Qué ha demostrado hasta ahora la investigación?

La ventaja que aparece de manera más consistente en la literatura científica es una mayor precisión de posicionamiento de componentes en todos los planos (coronal, sagital y rotacional) la cirugía robótica reduce las tasas de desviaciones respecto a la alineación y la posición previamente planificadas. Sin embargo, persiste la paradoja clínico-radiológica: la mejora en precisión no se traduce aún en superioridad demostrada en resultados funcionales ni en tasa de revisión a los plazos de seguimiento disponibles.

 Una revisión sistemática y metaanálisis de ensayos clínicos aleatorizados publicada en 2023 en Acta Orthopaedica analizó los resultados de la prótesis total de rodilla asistida por robot frente a la cirugía convencional. Los investigadores observaron mejoras en distintos parámetros radiológicos y algunas diferencias funcionales favorables. Sin embargo, advirtieron que varias de esas diferencias eran pequeñas y no siempre alcanzaban una relevancia clínica claramente perceptible por el paciente.

Otro metaanálisis de ensayos clínicos aleatorizados, publicado en 2024, encontró mejores resultados en la alineación anatómica y mecánica con la cirugía robótica, mientras que los resultados clínicos, la función y la tasa de complicaciones fueron similares a los de la cirugía convencional.

Estas investigaciones incluyen distintas plataformas robóticas y no exclusivamente el sistema ROSA. Sus resultados ayudan a comprender las tendencias generales de la cirugía robótica, pero no deben atribuirse íntegramente a una única tecnología.

La evidencia específica sobre ROSA también está creciendo. Una revisión sistemática publicada en 2024 concluyó que el sistema mostró una elevada precisión en la posición de los componentes y redujo determinadas desviaciones respecto a la planificación. Algunos de los estudios incluidos observaron mejores resultados funcionales durante el primer año, aunque no se encontraron diferencias en la tasa global de complicaciones frente a la cirugía convencional. Los autores señalaron, además, la necesidad de estudios más amplios y seguimientos prolongados.

“La evidencia permite afirmar con bastante seguridad que los sistemas robóticos mejoran la precisión con la que ejecutamos la planificación”, comenta el Dr. Encinas. “Lo que todavía no podemos decir es que todos los pacientes vayan a tener menos dolor, una recuperación más rápida o una prótesis más duradera por el mero hecho de utilizar un robot. Debemos distinguir con claridad entre lo que ya está demostrado y aquello que aún necesita seguimiento”.

Esta distinción es esencial. Una mayor precisión técnica constituye una ventaja relevante, pero no debe presentarse como garantía de un mejor resultado en todas las personas.

¿La recuperación es más rápida?

Algunos estudios han observado diferencias favorables durante las primeras fases de recuperación, pero los resultados no son uniformes. La evolución después de una prótesis depende de numerosos elementos: la movilidad y la fuerza muscular previas, el grado de deformidad, la edad biológica, el peso, las enfermedades asociadas, el control del dolor y la participación activa en la rehabilitación.

El paciente no se recupera únicamente de la colocación del implante. También debe recuperar la función que puede haber perdido durante meses o años de dolor e inactividad.

Por eso, la precisión quirúrgica debe integrarse en un proceso asistencial más amplio, que incluya la preparación preoperatoria, la valoración anestésica, el control del dolor, la movilización temprana, la fisioterapia y el seguimiento posterior.

En muchos pacientes se comienza a caminar con ayuda durante las primeras horas o al día siguiente. A partir de ahí se trabaja para recuperar progresivamente la extensión, la flexión, la fuerza y la seguridad al caminar.

La mejoría continúa durante varios meses y no siempre es lineal. La inflamación, la rigidez y el cansancio pueden variar de una semana a otra mientras la articulación se adapta.

¿Una prótesis colocada con robot dura más?

La posición de los componentes y el equilibrio de la rodilla son factores relevantes para el funcionamiento del implante. Por ello, es razonable estudiar si una colocación más precisa puede favorecer su comportamiento a largo plazo. Sin embargo, todavía no existen datos suficientes para afirmar que las prótesis implantadas con los sistemas robóticos actuales duren más en todos los pacientes.

La longevidad depende también del tipo de implante, la calidad del hueso, el peso, el nivel de actividad, la estabilidad conseguida y la evolución clínica de cada persona. En la actualidad, la principal ventaja demostrada es la precisión de la planificación y su ejecución. Su posible repercusión sobre la supervivencia de la prótesis deberá confirmarse mediante investigaciones con seguimientos más prolongados.

¿Todos los pacientes necesitan asistencia robótica?

No. La robótica es una herramienta quirúrgica, no una indicación médica.

Puede aportar especial valor en rodillas con deformidades (varos o valgos severos), anatomías complejas, desgaste asimétrico, cirugías previas de rodilla (osteotomías y osteosíntesis por fractura) o situaciones en las que resulta importante reproducir una planificación muy individualizada.

Pero tampoco todas las personas con artrosis avanzada necesitan una prótesis total. Dependiendo de la localización del desgaste, la edad, el estado de los ligamentos y las necesidades funcionales, pueden considerarse una prótesis parcial, procedimientos de preservación articular u otras opciones terapéuticas.

“La función de una unidad especializada no es aplicar la misma solución a todos los pacientes”, concluye el Dr. Encinas. “Debemos valorar qué estructuras pueden conservarse, si existe una alternativa a la prótesis total y qué tecnología aporta un beneficio concreto en cada caso. La personalización comienza mucho antes de entrar en el quirófano”.

La tecnología alcanza su valor dentro de un equipo especializado

El robot es probablemente el elemento más visible de la intervención, pero no es el único que determina su resultado. La indicación, la experiencia del cirujano, la planificación, el manejo de los ligamentos, la prevención de complicaciones y el programa de recuperación continúan siendo esenciales.

Las mediciones proporcionadas por ROSA deben interpretarse teniendo en cuenta la anatomía, el estado de los tejidos y las necesidades funcionales del paciente. Esa integración sigue siendo una responsabilidad médica.

Por eso, al valorar una prótesis asistida por robot, no basta con preguntar qué sistema se utilizará. También es importante conocer por qué se recomienda la cirugía, qué alternativas se han considerado, qué experiencia tiene el equipo y cómo se organizará la recuperación.

Una cirugía más medida, no una cirugía automática

La asistencia robótica representa una evolución en la forma de planificar y ejecutar la prótesis de rodilla. Su principal aportación es permitir que el especialista conozca mejor la articulación durante la intervención, anticipe el efecto de distintas decisiones y compruebe con precisión si el resultado coincide con la estrategia elegida.

No convierte la operación en un procedimiento automático ni garantiza por sí sola una recuperación superior. Su valor aparece cuando la precisión tecnológica se integra con una buena indicación, experiencia quirúrgica y un acompañamiento completo del paciente.

El objetivo final no es operar con más tecnología, sino utilizarla cuando puede ayudar a conseguir una rodilla estable y funcional, respetando la anatomía de cada persona y sus necesidades reales de movimiento.

 

La información contenida en este artículo tiene carácter divulgativo y no sustituye una valoración médica individualizada.

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Sobre el especialista

Dr. Carlos Alberto Encinas Ullán

Especialista en Rodilla

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