Divulgación

TEVAR: tratamiento endovascular del aneurisma de aorta torácica

15 min de lectura
Imagen de un procedimiento endovascular guiado por imagen para el tratamiento de un aneurisma de aorta torácica.

La aorta es la arteria principal del cuerpo humano. Nace directamente del corazón y recibe, en cada latido, la sangre oxigenada que el ventrículo izquierdo impulsa hacia el resto del organismo.

A lo largo del día, esta arteria soporta de manera continua el paso de un gran volumen de sangre y la presión generada por la acción de bombeo del corazón. Su pared está preparada para resistir esa carga mecánica intensa y constante. Sin embargo, cuando una zona pierde resistencia y se dilata de forma anómala, puede formarse un aneurisma.

En el caso del aneurisma de aorta torácica, esta dilatación se localiza en el segmento de la aorta que recorre el tórax. Puede evolucionar de manera silenciosa durante años y detectarse de forma incidental en una prueba de imagen realizada por otro motivo.

Como explica el Dr. Isaac Martínez, especialista en Angiología y Cirugía Vascular y responsable de la especialidad, “la aorta está sometida a una presión constante en cada latido. Cuando una zona de su pared pierde resistencia y se dilata, no hablamos solo de un aumento de tamaño, sino de una alteración estructural que debe valorarse con precisión”.

El tratamiento endovascular del aneurisma de aorta torácica, conocido también como TEVAR por sus siglas en inglés, permite tratar determinados aneurismas desde el interior de la arteria mediante la colocación de una endoprótesis. Es una alternativa menos invasiva que la cirugía abierta en pacientes seleccionados, especialmente cuando el aneurisma se localiza en la aorta torácica descendente y la anatomía vascular permite una reparación segura.

En pocas palabras

El tratamiento endovascular del aneurisma de aorta torácica, o TEVAR, es una técnica que permite colocar una endoprótesis dentro de la aorta para que la sangre circule por su interior y se reduzca la presión directa sobre la zona dilatada. No elimina físicamente el aneurisma, sino que ayuda a protegerlo del flujo sanguíneo directo. Su indicación depende de la localización del aneurisma, la anatomía de la aorta, las zonas de anclaje disponibles y el estado clínico del paciente.

Qué es un aneurisma de aorta torácica

Un aneurisma es una dilatación anómala, localizada y persistente de una arteria. En la aorta torácica, afecta al tramo de la aorta situado dentro del tórax.

La aorta no es un tubo rígido ni pasivo. Su pared tiene elasticidad, resistencia y capacidad de adaptación al pulso que llega desde el corazón. En cada latido se expande ligeramente para recibir la sangre impulsada y después recupera su forma, contribuyendo a mantener un flujo continuo hacia el organismo.

Cuando una zona de esa pared se debilita, puede comenzar a dilatarse. Esa dilatación puede crecer lentamente y no producir molestias durante mucho tiempo. Por eso, algunos aneurismas se descubren al realizar una radiografía, una tomografía computarizada, una resonancia magnética o una angio-TC por otro motivo.

“No todos los aneurismas tienen el mismo comportamiento ni el mismo riesgo”, señala el Dr. Martínez. “El tamaño es importante, pero también lo son la localización, la velocidad de crecimiento, la forma del aneurisma y las características clínicas de cada paciente”.

La valoración médica no se basa en una única cifra. El especialista analiza el diámetro del aneurisma, su evolución en el tiempo, la zona de la aorta afectada, los antecedentes familiares, la presencia de enfermedades del tejido conectivo, el control de la presión arterial y el estado general del paciente.

Síntomas del aneurisma de aorta torácica: por qué puede ser silencioso

Uno de los principales retos del aneurisma de aorta torácica es que puede avanzar sin síntomas. La aorta puede dilatarse de forma progresiva sin que la persona perciba dolor, dificultad respiratoria ni otra señal evidente.

En algunos casos, cuando el aneurisma crece, comprime estructuras cercanas o se complica, pueden aparecer síntomas como dolor torácico o dorsal, sensación de presión, tos persistente, dificultad para tragar o cambios en la voz. Sin embargo, la ausencia de síntomas no siempre significa ausencia de riesgo.

Como advierte el especialista, “el hecho de que un aneurisma no produzca síntomas no debe llevarnos a infravalorarlo. En muchas ocasiones, la clave está precisamente en detectarlo, medirlo bien y seguir su evolución antes de que aparezca una complicación”.

Por eso, cuando se identifica un aneurisma, el seguimiento médico es fundamental. El objetivo es saber si permanece estable o si presenta características que puedan hacer recomendable una intervención.

Cuándo se indica el tratamiento del aneurisma de aorta torácica

En aneurismas pequeños y estables puede ser suficiente realizar controles periódicos mediante pruebas de imagen y optimizar el tratamiento médico, especialmente el control de la presión arterial.

Sin embargo, cuando el aneurisma alcanza un determinado tamaño, crece con rapidez, produce síntomas o presenta características anatómicas de mayor riesgo, puede recomendarse su reparación. El objetivo de la intervención es proteger el segmento debilitado y evitar que la presión generada por el flujo sanguíneo siga actuando directamente sobre la pared aneurismática.

“La principal indicación del tratamiento endovascular de la aorta torácica es el diámetro del aneurisma. Tratamos el aneurisma cuando el riesgo de dejarlo evolucionar supera el riesgo de intervenir”, explica el Dr. Martínez. “La decisión debe ser muy individualizada: no se basa solo en una cifra, sino en el comportamiento del aneurisma y en las condiciones clínicas del paciente”.

La evidencia clínica ha reforzado el papel del tratamiento endovascular en aneurismas seleccionados de la aorta torácica descendente. Un estudio publicado en Journal of the American College of Cardiology analizó pacientes de Medicare con aneurismas intactos de aorta torácica descendente tratados mediante reparación endovascular o cirugía abierta.

Tras comparar grupos de pacientes con características similares, el estudio incluyó 1.235 pacientes tratados con cirugía abierta y 2.470 tratados mediante TEVAR. Los autores encontraron que la cirugía abierta se asociaba con mayor mortalidad perioperatoria, especialmente en centros con menor volumen de procedimientos.

En cambio, el tratamiento endovascular mostró mejores resultados de supervivencia global durante el periodo analizado, aunque la cirugía abierta presentó menor riesgo de reintervención durante el seguimiento. La lectura clínica es equilibrada: el TEVAR puede ofrecer una ventaja inicial importante, pero debe indicarse valorando la anatomía, el riesgo quirúrgico, la experiencia del equipo y la necesidad de seguimiento a largo plazo.

En algunos pacientes, la opción más adecuada sigue siendo la cirugía abierta. En otros, especialmente cuando el aneurisma se encuentra en la aorta torácica descendente y existen zonas seguras para fijar la endoprótesis, puede considerarse el tratamiento endovascular.

En qué consiste el tratamiento endovascular del aneurisma de aorta torácica o TEVAR

TEVAR significa reparación endovascular de la aorta torácica. Es un procedimiento en el que se coloca una endoprótesis dentro de la aorta para tratar determinados aneurismas sin necesidad de abrir el tórax.

El tratamiento endovascular permite reparar la zona afectada desde el interior del vaso sanguíneo. A diferencia de la cirugía abierta, no requiere abrir el tórax para sustituir directamente el segmento enfermo de la aorta.

El procedimiento se realiza accediendo al sistema arterial, habitualmente a través de la arteria femoral en la región inguinal. Desde ese punto, el equipo médico introduce catéteres y guías que avanzan por el interior de los vasos hasta alcanzar la aorta torácica.

Una vez en la posición adecuada, se despliega una endoprótesis vascular o stent-graft. Este dispositivo está formado por una estructura metálica recubierta por un material protésico. Al expandirse dentro de la aorta, crea un nuevo canal interno por el que circula la sangre.

“El tratamiento endovascular nos permite reparar determinados aneurismas desde dentro de la arteria”, resume el Dr. Martínez. “A través de un acceso vascular, generalmente en la ingle, introducimos una endoprótesis que se coloca en la zona afectada para que la sangre circule por su interior y se reduzca la presión directa sobre el aneurisma”.

La endoprótesis no elimina físicamente el aneurisma. Su función es crear una vía interna estable para la sangre dentro de la aorta. De este modo, el flujo sanguíneo circula principalmente por el interior de la endoprótesis y deja de impactar de forma directa sobre la pared dilatada del aneurisma.

En medicina vascular se dice que el aneurisma queda “excluido”, pero para el paciente puede entenderse mejor de esta manera: la aorta continúa transportando sangre, pero la zona dilatada queda protegida del flujo directo y de parte de la presión que antes recibía en cada latido.

Para que esto sea posible, la endoprótesis debe apoyarse en segmentos de aorta sanos o suficientemente resistentes, situados por encima y por debajo del aneurisma. Estas áreas se conocen como zonas de anclaje. Cuando el dispositivo queda correctamente colocado, actúa como un conducto interno que ayuda a proteger la pared debilitada.

Planificación del TEVAR: angio-TC, anatomía y zonas de anclaje

La seguridad del tratamiento endovascular empieza antes de la intervención. Para decidir si un paciente es candidato a TEVAR, es necesario estudiar con detalle la anatomía de la aorta y de los vasos de acceso.

La angio-TC suele ser una prueba clave. Permite valorar el diámetro del aneurisma, su longitud, la forma de la aorta, la presencia de trombo o calcificación, la relación con ramas arteriales importantes y el calibre de las arterias por las que deberá introducirse el dispositivo.

Esta planificación permite responder preguntas decisivas: si el paciente puede tratarse por vía endovascular, qué tipo y tamaño de endoprótesis necesita, dónde debe fijarse, qué riesgos anatómicos existen y si puede ser necesario realizar procedimientos adicionales.

“La planificación es una parte crítica del tratamiento”, subraya el especialista. “Antes de colocar una endoprótesis necesitamos conocer con exactitud la anatomía de la aorta, las zonas de anclaje y los accesos vasculares. La seguridad del procedimiento empieza mucho antes de entrar en quirófano”.

Las guías clínicas actuales también refuerzan esta necesidad de individualizar la indicación. La guía ACC/AHA 2022 para el diagnóstico y manejo de la enfermedad aórtica recoge recomendaciones sobre tratamiento médico, reparación quirúrgica, reparación endovascular y vigilancia a largo plazo en diferentes escenarios de enfermedad aórtica.

En el caso de los aneurismas de aorta descendente, las recomendaciones subrayan que la decisión debe integrar el diámetro, la presencia de síntomas, la velocidad de crecimiento, la anatomía y el riesgo del paciente. Esta visión coincide con la práctica clínica actual: no se trata solo de disponer de una técnica avanzada, sino de saber en qué paciente y en qué momento puede aportar mayor seguridad.

No todos los aneurismas de aorta torácica pueden tratarse con TEVAR. Cuando afectan a la aorta ascendente, al arco aórtico o a zonas próximas a ramas arteriales críticas, pueden requerir cirugía abierta, técnicas híbridas o estrategias más complejas. Por eso, la indicación debe realizarse en un contexto especializado.

Ventajas y límites del tratamiento endovascular frente a la cirugía abierta

En pacientes seleccionados, el tratamiento endovascular puede ofrecer ventajas importantes frente a la cirugía abierta. Al realizarse desde el interior de los vasos, evita una incisión torácica amplia y reduce la agresión quirúrgica inicial.

Esto puede traducirse en menor dolor postoperatorio, menor tiempo de recuperación inicial y una estancia hospitalaria más corta en determinados pacientes. También puede ser una alternativa especialmente relevante para personas con mayor riesgo quirúrgico por edad, enfermedad pulmonar, enfermedad cardiaca u otras condiciones asociadas.

Una revisión sistemática y metaanálisis publicada en Journal of the American College of Cardiology reunió 43 estudios con 5.888 pacientes para comparar el tratamiento endovascular con la cirugía abierta en enfermedades de la aorta torácica descendente. En los estudios comparativos, los pacientes tratados con TEVAR presentaron menor mortalidad durante los primeros 30 días y menor riesgo de complicaciones neurológicas graves, como paraplejia o paraparesia.

También se observaron menos complicaciones renales, menos reintervenciones por sangrado, menos transfusiones, menos neumonía y una estancia hospitalaria más corta, con una reducción media aproximada de siete días.

Estos datos ayudan a explicar por qué el abordaje endovascular ha ganado protagonismo en pacientes seleccionados: puede reducir la agresión inicial del tratamiento y favorecer una recuperación más rápida. Sin embargo, los propios autores señalaron que la evidencia procedía de estudios no aleatorizados y que no se demostró un beneficio sostenido en supervivencia a largo plazo.

Por tanto, el valor del TEVAR no debe presentarse como una sustitución universal de la cirugía abierta, sino como una opción muy relevante cuando la indicación es adecuada. Menos invasivo no significa menor complejidad.

“El hecho de que sea menos invasivo no lo convierte en un procedimiento menor”, matiza el Dr. Martínez. “Estamos trabajando sobre la aorta torácica, una estructura esencial. Por eso es fundamental seleccionar bien al paciente, planificar la técnica y disponer de un equipo con experiencia”.

Riesgos, seguridad y seguimiento después del TEVAR

Como cualquier procedimiento sobre la aorta, el tratamiento endovascular puede asociarse a riesgos. Entre ellos se encuentran el sangrado, la lesión de los vasos de acceso, complicaciones relacionadas con el contraste, alteraciones renales, ictus, isquemia medular, desplazamiento de la endoprótesis, endofugas o necesidad de nuevas intervenciones.

Una complicación específica de las reparaciones endovasculares es la endofuga. Se produce cuando persiste entrada de sangre en el saco aneurismático después de colocar la endoprótesis. Dicho de forma sencilla, una endofuga significa que la zona dilatada no ha quedado completamente protegida del flujo sanguíneo directo o que vuelve a recibir entrada de sangre por alguna vía. No todas las endofugas tienen la misma gravedad, pero algunas requieren vigilancia estrecha o tratamiento adicional.

El carácter menos invasivo del TEVAR no elimina la necesidad de una planificación rigurosa ni de vigilancia posterior. Un análisis nacional publicado en Journal of Vascular Surgery evaluó 11.473 procedimientos de reparación endovascular torácica y encontró una tasa global de isquemia medular del 3,7%, equivalente a 422 casos.

Aunque es una complicación infrecuente, puede tener consecuencias neurológicas relevantes. Este dato permite explicar con precisión que el procedimiento se realiza sobre una estructura crítica y requiere equipos experimentados, protocolos de protección y controles posteriores mediante imagen.

Después de una reparación endovascular, el seguimiento no suele realizarse en la sala donde se colocó la endoprótesis, sino mediante controles clínicos y pruebas de imagen programadas. Estos controles permiten comprobar que la endoprótesis permanece correctamente posicionada, que el flujo circula por su interior, que no existen endofugas relevantes y que el aneurisma no continúa creciendo.

El seguimiento suele realizarse con angio-TC u otras técnicas de imagen, según la situación clínica, la función renal, la edad del paciente y el criterio del equipo médico. La Society for Vascular Surgery recomienda vigilancia mediante tomografía computarizada con contraste tras el TEVAR, con controles iniciales y posteriormente periódicos si la evolución es estable.

La guía ACC/AHA 2022 también recoge la necesidad de vigilancia con imagen después de la reparación endovascular torácica. En la práctica, la pauta concreta debe individualizarse según el tipo de aneurisma, el dispositivo utilizado, los hallazgos de imagen y las características del paciente.

Además del control de imagen, se mantiene el seguimiento de los factores de riesgo cardiovascular. El tratamiento de la hipertensión arterial es especialmente importante. También lo son el abandono del tabaco, el control del colesterol, la actividad física adaptada a la situación del paciente y la vigilancia médica continuada.

Tratamiento personalizado del aneurisma de aorta torácica

El tratamiento endovascular del aneurisma de aorta torácica representa uno de los avances más relevantes en el manejo moderno de la enfermedad aórtica. Permite reparar determinados aneurismas desde dentro de la arteria, reduciendo la agresión quirúrgica inicial en pacientes seleccionados.

Pero su indicación exige precisión. No todos los pacientes son candidatos. No todos los aneurismas tienen la misma anatomía. Y no todos los casos se benefician de la misma estrategia.

“En patología aórtica no hay decisiones automáticas”, concluye el Dr. Martínez. “Cada caso debe analizarse con detalle para elegir la opción más segura: seguimiento, tratamiento médico, cirugía abierta o reparación endovascular”.

En una enfermedad que puede avanzar en silencio, el diagnóstico oportuno, la planificación rigurosa y el seguimiento estrecho son tan importantes como la técnica empleada.

Qué debe recordar el paciente

El aneurisma de aorta torácica puede no producir síntomas. El TEVAR es una opción menos invasiva en determinados aneurismas, especialmente de la aorta torácica descendente, pero no es adecuado para todos los casos. La planificación con angio-TC y el seguimiento posterior son esenciales para comprobar que la endoprótesis mantiene su posición, que el flujo circula por su interior y que no existen endofugas relevantes.

La información contenida en este artículo tiene fines divulgativos y no sustituye una valoración médica personalizada ni la indicación individual de estudios diagnósticos.

Preguntas frecuentes sobre el tratamiento endovascular del aneurisma de aorta torácica

¿Qué significa TEVAR?

TEVAR son las siglas en inglés de thoracic endovascular aortic repair, es decir, reparación endovascular de la aorta torácica. Es una técnica que permite colocar una endoprótesis dentro de la aorta para tratar determinados aneurismas desde el interior del vaso sanguíneo.

¿El tratamiento endovascular elimina el aneurisma?

No lo elimina físicamente. La endoprótesis crea un nuevo canal interno por el que circula la sangre. Así, el flujo deja de impactar directamente sobre la pared dilatada del aneurisma y se reduce la presión directa sobre esa zona debilitada.

¿Qué significa que el aneurisma queda “excluido”?

En medicina vascular, “excluir” el aneurisma significa separarlo del flujo sanguíneo directo. La sangre sigue circulando por la aorta, pero lo hace principalmente por el interior de la endoprótesis. Por eso, para el paciente puede entenderse como que el aneurisma queda protegido del flujo directo.

¿Todos los aneurismas de aorta torácica pueden tratarse con endoprótesis?

No. El tratamiento endovascular depende de la localización del aneurisma, su tamaño, su forma, las zonas de anclaje disponibles y el estado de los vasos de acceso. En algunos casos puede ser más adecuada la cirugía abierta, una técnica híbrida o el seguimiento médico.

¿Qué pruebas se utilizan para planificar el tratamiento?

La angio-TC es una de las pruebas más importantes para planificar el procedimiento. Permite estudiar la anatomía de la aorta, medir el aneurisma, valorar las zonas de fijación de la endoprótesis y analizar los accesos vasculares.

¿Por qué hay que hacer controles después del TEVAR?

Porque la endoprótesis debe vigilarse en el tiempo. Los controles permiten comprobar que mantiene una posición adecuada, que el flujo sanguíneo circula por su interior, que no hay endofugas relevantes y que el aneurisma no sigue creciendo.

¿El seguimiento se hace en la sala donde se realizó el procedimiento?

Habitualmente no. El procedimiento se realiza con control por imagen en un entorno quirúrgico o endovascular especializado. El seguimiento posterior suele realizarse mediante consultas y pruebas de imagen programadas, como angio-TC u otras exploraciones según el caso.

¿El tratamiento endovascular sustituye siempre a la cirugía abierta?

No. El TEVAR es una opción muy importante en pacientes seleccionados, especialmente en aneurismas de aorta torácica descendente, pero no sustituye a la cirugía abierta en todos los casos. La mejor estrategia debe decidirse de forma individualizada.

 

Compartir este artículo
Artículo anterior Artículo siguiente
Llamar Pedir cita