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Brain & Mind Center
La unidad
La Unidad de Trastornos Neurológicos del Sueño del Hospital Memorial Publio Cordón realiza evaluación especializada del insomnio, la somnolencia diurna y las alteraciones del ritmo sueño-vigilia para identificar su causa y establecer un tratamiento individualizado orientado a mejorar el descanso.

Trastornos del sueño en la edad adulta y pediátrica.
Apnea obstructiva y central del sueño.
Polisomnografía nocturna.
Información para pacientes
La Unidad de Trastornos Neurológicos del Sueño atiende a pacientes con dificultades persistentes para dormir, somnolencia excesiva diurna o alteraciones del ritmo sueño-vigilia que requieren una valoración neurológica especializada. Interviene cuando el descanso deja de ser reparador y comienza a afectar la concentración, el estado de ánimo, el rendimiento laboral o la salud general.
Dormir mal durante un periodo prolongado no significa únicamente descansar menos. El sueño fragmentado, insuficiente o poco reparador puede afectar a la concentración, la memoria, el estado de ánimo, el rendimiento profesional y la salud general.
La Unidad atiende a personas con dificultades persistentes para conciliar o mantener el sueño, despertares frecuentes, somnolencia durante el día, horarios de sueño desajustados o comportamientos anómalos mientras duermen.
El estudio especializado resulta especialmente recomendable cuando los síntomas persisten, interfieren en la vida cotidiana, no mejoran con medidas básicas o podrían estar relacionados con una enfermedad neurológica, respiratoria, médica o psicológica.
La Unidad realiza la evaluación y el diagnóstico diferencial de los principales trastornos del sueño relacionados con el funcionamiento del cerebro, la regulación del ciclo sueño-vigilia y los mecanismos que mantienen la alerta durante el día.
Entre los problemas atendidos se encuentran:
Insomnio crónico.
Somnolencia diurna excesiva.
Hipersomnias y narcolepsia.
Trastornos del ritmo circadiano.
Síndrome de piernas inquietas.
Movimientos periódicos de las extremidades durante el sueño.
Sonambulismo y otras parasomnias.
Trastorno de conducta del sueño REM.
Sueño fragmentado o no reparador.
Alteraciones del sueño asociadas a enfermedades neurológicas.
La evaluación permite distinguir un trastorno primario del sueño de una alteración secundaria a otra enfermedad, al efecto de determinados medicamentos, a cambios en los horarios o a factores emocionales y conductuales.

El proceso diagnóstico comienza con una consulta clínica detallada. Se analizan los síntomas, los horarios de descanso, los despertares, las siestas, el nivel de alerta durante el día, los hábitos cotidianos, los tratamientos utilizados y la posible presencia de otras enfermedades.
También puede solicitarse un diario de sueño o información de la persona que comparte el descanso con el paciente, especialmente cuando existen movimientos, vocalizaciones o conductas nocturnas que este no recuerda.
Según los síntomas y la sospecha clínica, el estudio puede completarse con diferentes pruebas.
La polisomnografía registra durante el sueño la actividad cerebral, los movimientos oculares, el tono muscular, la respiración, el ritmo cardiaco y otros parámetros fisiológicos.
Permite analizar la arquitectura del sueño, conocer cuánto tiempo se permanece en cada fase e identificar despertares, movimientos anómalos, alteraciones respiratorias o conductas que pueden pasar inadvertidas durante la noche.
El test de latencias múltiples mide la facilidad con la que una persona se duerme durante varias oportunidades de sueño programadas a lo largo del día.
Se utiliza principalmente en el estudio de la somnolencia diurna excesiva y cuando existe sospecha de narcolepsia u otros trastornos centrales de hipersomnolencia.
La actigrafía registra durante varios días o semanas los periodos de actividad y reposo mediante un dispositivo similar a un reloj.
Resulta especialmente útil para estudiar los horarios reales de sueño, los trastornos del ritmo circadiano y las diferencias entre la percepción del paciente y su patrón objetivo de descanso.
En función de cada caso, pueden indicarse analíticas, estudios neurofisiológicos, escalas clínicas, pruebas de mantenimiento de la vigilia u otras exploraciones dirigidas a identificar la causa de los síntomas.
Cada resultado se interpreta dentro del contexto clínico individual. Una prueba aislada no siempre permite explicar por sí sola un problema del sueño, que con frecuencia tiene un origen multifactorial.
El tratamiento se establece después de identificar el tipo de trastorno, su causa y los factores que pueden estar manteniéndolo.
Dependiendo del diagnóstico, el plan terapéutico puede incluir educación sobre el sueño, reorganización de horarios, medidas específicas para regular el ritmo circadiano, terapia cognitivo-conductual para el insomnio o tratamiento farmacológico cuando está clínicamente indicado.
En los trastornos que requieren medicación, se valora de manera individual el beneficio esperado, la duración del tratamiento, las posibles interacciones y el seguimiento necesario.
El objetivo no consiste únicamente en reducir un síntoma puntual, sino en favorecer un patrón de sueño más estable, mejorar el funcionamiento durante el día y abordar los factores que impiden alcanzar un descanso reparador.
Algunos problemas del sueño requieren un abordaje coordinado. Cuando existen ronquidos, pausas respiratorias, obstrucción de la vía aérea u otros signos compatibles con un trastorno respiratorio, la valoración puede realizarse conjuntamente con Neumología, Otorrinolaringología o Cirugía Oral y Maxilofacial.
También puede ser necesaria la colaboración con Psiquiatría, Psicología, Cardiología, Endocrinología u otras especialidades cuando el sueño está condicionado por enfermedades concomitantes.
Este modelo permite integrar la valoración neurológica del sueño dentro de un diagnóstico más amplio, sin atribuir todos los síntomas a una única causa.
Muchos trastornos del sueño requieren ajustes graduales. Por ello, tras iniciar el tratamiento se establece un seguimiento adaptado a las necesidades de cada paciente.
Las revisiones permiten valorar la evolución del insomnio o la somnolencia, revisar los horarios, analizar la tolerancia al tratamiento y modificar las medidas terapéuticas cuando es necesario.
Desde la primera consulta se dedica el tiempo necesario a comprender el patrón de sueño, explicar los hallazgos y resolver las dudas relacionadas con el diagnóstico y las alternativas disponibles.
La información se presenta de manera clara para facilitar una toma de decisiones informada y favorecer la continuidad del tratamiento.
Puede estar indicada una valoración especializada ante situaciones como:
Dificultad para dormir durante varias semanas o meses.
Despertares frecuentes o demasiado tempranos.
Sensación de sueño no reparador.
Somnolencia que dificulta trabajar, estudiar o conducir.
Necesidad irresistible de dormir durante el día.
Horarios de sueño persistentemente desajustados.
Movimientos incómodos en las piernas al acostarse.
Sonambulismo, vocalizaciones o conductas complejas durante el sueño.
Movimientos bruscos asociados a sueños intensos.
Alteraciones del sueño en personas con una enfermedad neurológica.
La presencia de somnolencia al volante, episodios repentinos de pérdida de tono muscular o conductas nocturnas con riesgo de lesiones requiere una valoración médica prioritaria.
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