Enfermedades y condiciones

Arritmias cardíacas

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Arritmias cardíacas

¿Qué son las arritmias cardíacas?

El corazón dispone de un sistema eléctrico propio que permite que sus cuatro cavidades se contraigan de forma ordenada.

En condiciones normales, cada latido comienza en el nodo sinusal, una pequeña zona situada en la aurícula derecha que actúa como marcapasos natural. Desde allí, el impulso eléctrico recorre primero las aurículas y después llega a los ventrículos, que bombean la sangre hacia los pulmones y el resto del organismo.

Una arritmia aparece cuando ese impulso se genera en un lugar inadecuado, surge a una velocidad anormal o encuentra alguna alteración en su recorrido. Como consecuencia, el corazón puede latir demasiado deprisa, demasiado despacio, de manera irregular o con latidos que se adelantan al ritmo esperado.

No todas las variaciones de la frecuencia cardíaca son una enfermedad. El corazón se acelera de manera normal durante el ejercicio, con la fiebre o ante una emoción intensa, y puede latir más lentamente durante el sueño o en personas entrenadas.

Para determinar si existe una arritmia es necesario valorar el ritmo, las circunstancias en las que aparece y su posible repercusión sobre la circulación.

¿Necesita orientación sobre sus síntomas?

Conocer cómo aparecen las palpitaciones, cuánto duran y si se acompañan de otras molestias puede ayudar a decidir qué tipo de valoración resulta más adecuada.

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Principales tipos de arritmias

Las arritmias pueden clasificarse según la velocidad del ritmo, la zona del corazón donde se originan y el mecanismo eléctrico que las produce. Esta distinción es importante porque alteraciones que pueden causar síntomas parecidos tienen riesgos y tratamientos muy diferentes.

Ritmos demasiado rápidos

Las arritmias con una frecuencia excesivamente rápida se denominan taquicardias.Pueden originarse en las aurículas o en otras estructuras situadas por encima de los ventrículos. En este grupo se encuentran, entre otras, la fibrilación auricular, el flutter auricular y las taquicardias supraventriculares.

También existen taquicardias que comienzan en los ventrículos. Algunas pueden comprometer la capacidad del corazón para bombear sangre y requieren una valoración urgente.

Ritmos demasiado lentos

Una frecuencia cardíaca lenta se denomina bradicardia. Puede ser una adaptación normal durante el sueño o en personas con una buena condición física. En otros casos, se debe a que el marcapasos natural genera los impulsos con demasiada lentitud o a que la señal eléctrica no se transmite correctamente entre las cavidades cardíacas.

La bradicardia adquiere relevancia cuando provoca cansancio, mareo, intolerancia al esfuerzo o pérdida de conocimiento.

Latidos prematuros o extrasístoles

Las extrasístoles son latidos que aparecen antes de lo esperado. Pueden percibirse como un salto, un golpe fuerte o una breve pausa en el pecho.

Son muy frecuentes y, en muchas personas sin enfermedad cardíaca, no tienen consecuencias importantes. Cuando son muy numerosas, aparecen durante el esfuerzo, producen síntomas relevantes o se asocian a una alteración del corazón, puede ser necesario estudiarlas con mayor detalle.

Arritmias ventriculares potencialmente graves

Algunas alteraciones que se originan en los ventrículos pueden impedir que el corazón mantenga una circulación adecuada. La fibrilación ventricular, por ejemplo, produce una actividad eléctrica desorganizada que impide bombear sangre de forma eficaz. Provoca pérdida de conocimiento y parada circulatoria, por lo que requiere reanimación y desfibrilación inmediatas.

No debe confundirse con la fibrilación auricular. Aunque sus nombres se parecen, su localización, sus consecuencias y su tratamiento son distintos.

Infografía médica científica que explica que son las arritmias cardíacas

Por qué aparecen

No existe una causa única para todas las arritmias. Algunas se deben a una alteración localizada del sistema eléctrico. Otras aparecen como consecuencia de una enfermedad del corazón, un cambio metabólico, una predisposición hereditaria o determinados medicamentos.

En ocasiones se forman pequeños circuitos eléctricos que hacen que el impulso recorra repetidamente una misma zona. En otras, determinadas células comienzan a generar señales fuera del marcapasos natural o la conducción se enlentece y bloquea en algún punto.

No existe una causa única para todas las arritmias.

Algunas se deben a una alteración localizada del sistema eléctrico. Otras aparecen como consecuencia de una enfermedad del corazón, un cambio metabólico, una predisposición hereditaria o determinados medicamentos.

En ocasiones se forman pequeños circuitos eléctricos que hacen que el impulso recorra repetidamente una misma zona. En otras, determinadas células comienzan a generar señales fuera del marcapasos natural o la conducción se enlentece y bloquea en algún punto.

Enfermedades del corazón

Las arritmias pueden aparecer tras un infarto o en personas con insuficiencia cardíaca, enfermedades de las válvulas, cardiopatías congénitas o alteraciones del músculo cardíaco.

Las cicatrices y los cambios estructurales que dejan estas enfermedades pueden modificar el recorrido del impulso eléctrico y facilitar ritmos anómalos.

El envejecimiento también puede producir cambios en el nodo sinusal y en las vías de conducción, por lo que algunas bradicardias y bloqueos son más frecuentes en edades avanzadas.

Causas externas o potencialmente reversibles

El ritmo puede alterarse por trastornos del tiroides, cambios importantes en los niveles de potasio o magnesio, anemia, fiebre, infecciones, deshidratación o apnea obstructiva del sueño.

También pueden influir algunos medicamentos, el consumo elevado de alcohol y las drogas estimulantes. Cuando existe una causa reversible, identificarla y tratarla puede reducir los episodios o hacer que desaparezcan.

El estrés, la falta de sueño y la cafeína pueden favorecer palpitaciones o actuar como desencadenantes en algunas personas, pero no deben considerarse causas universales. La relación debe valorarse de forma individual, sin establecer prohibiciones innecesarias.

Alteraciones congénitas o hereditarias del ritmo

Algunas personas nacen con una vía eléctrica accesoria que permite que el impulso cardíaco siga un recorrido diferente al habitual. En otros casos, existen alteraciones hereditarias que afectan al funcionamiento eléctrico de las células del corazón y pueden favorecer determinadas arritmias, aunque su estructura sea normal.

Por este motivo, es importante informar al médico si existen antecedentes familiares de muerte súbita a una edad temprana, desmayos sin causa conocida o enfermedades hereditarias del ritmo cardíaco.

Palpitaciones y arritmia no significan lo mismo

Las palpitaciones son la sensación de notar los latidos del corazón. Pueden deberse a una arritmia, pero también aparecer con el ejercicio, el estrés, la fiebre, la anemia o el consumo de sustancias estimulantes. Para confirmar una arritmia es necesario registrar la actividad eléctrica cardíaca.

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Síntomas más relevantes

Algunas arritmias no producen molestias y se descubren de manera casual durante una exploración, un electrocardiograma o una monitorización realizada por otro motivo. Cuando aparecen síntomas, el más conocido es la percepción anormal de los latidos. La persona puede sentir que el corazón se acelera, golpea con más fuerza, se detiene durante un instante o mantiene un ritmo irregular.

También pueden aparecer:

  • Cansancio o menor tolerancia al esfuerzo.

  • Mareo o sensación de inestabilidad.

  • Falta de aire.

  • Presión o molestias en el pecho.

  • Sensación de desmayo.

  • Pérdida transitoria de conocimiento.

Los síntomas dependen de la velocidad del ritmo, de cuánto dura el episodio y de la capacidad del corazón para mantener una circulación adecuada. La intensidad de las palpitaciones no siempre refleja la gravedad. Una extrasístole aislada puede percibirse con mucha claridad, mientras que algunas arritmias relevantes apenas producen síntomas.

Por eso, las sensaciones deben interpretarse junto con el registro del ritmo y el estado general del corazón.

Cómo se diagnostican

El diagnóstico no consiste únicamente en comprobar que el corazón late rápido o despacio.

El objetivo es identificar qué ritmo se produce, dónde se origina y qué efecto tiene sobre la circulación. Para ello, resulta esencial relacionar los síntomas con un registro de la actividad eléctrica cardíaca.

Historia clínica y exploración

La valoración comienza preguntando qué nota la persona, cuándo aparecen los episodios, cuánto duran y si comienzan o terminan de forma brusca.

También interesa conocer si se producen en reposo, durante el ejercicio, al levantarse, después de comer o mientras se duerme, y si se acompañan de mareo, dolor torácico, falta de aire o pérdida de conocimiento.

El médico revisará además las enfermedades previas, los medicamentos, el consumo de estimulantes y los antecedentes familiares de arritmias o muerte súbita.

Electrocardiograma

El electrocardiograma registra la actividad eléctrica del corazón mediante electrodos colocados sobre la piel.

Puede identificar una arritmia si está presente durante la prueba y detectar algunas alteraciones que predisponen a padecerla.

Sin embargo, el registro habitual dura pocos segundos. Cuando los episodios son intermitentes, es posible que el electrocardiograma realizado entre dos crisis sea completamente normal.

Monitorización ambulatoria

El tipo de monitorización se elige según la frecuencia de los síntomas. El Holter registra el ritmo de forma continua durante uno o varios días y suele utilizarse cuando los episodios son frecuentes.

Cuando aparecen con menor regularidad, pueden emplearse registradores de eventos o monitores de mayor duración. Si los episodios son muy infrecuentes pero clínicamente relevantes —por ejemplo, desmayos sin una causa clara— puede considerarse un registrador implantable bajo la piel.

En términos sencillos, cuanto menos frecuentes sean los síntomas, más prolongado puede necesitar ser el periodo de monitorización.

Otras pruebas

El ecocardiograma estudia la estructura y el funcionamiento mecánico del corazón. No registra directamente una arritmia intermitente, pero puede mostrar enfermedades que favorecen su aparición o modifican su importancia.

Los análisis de sangre permiten buscar anemia, alteraciones tiroideas, problemas renales o cambios en los niveles de minerales.

La prueba de esfuerzo puede resultar útil cuando los síntomas aparecen durante el ejercicio o cuando interesa conocer cómo responde el ritmo al esfuerzo.

En situaciones seleccionadas se realiza un estudio electrofisiológico. Mediante catéteres introducidos hasta el corazón, el especialista registra directamente la actividad eléctrica, localiza determinados circuitos anómalos y, en algunos casos, realiza una ablación durante el mismo procedimiento.

Relojes y dispositivos personales

Algunos relojes y dispositivos portátiles pueden registrar la frecuencia cardíaca o producir un trazado eléctrico sencillo durante los síntomas.

Estos registros pueden aportar información útil, pero no sustituyen la valoración médica. Pueden generar falsas alarmas, pasar por alto determinadas arritmias o no permitir identificar con precisión su mecanismo.

Señales de alarma

Las palpitaciones o una alteración del ritmo requieren atención sanitaria urgente cuando se acompañan de:

  • Desmayo o pérdida de conciencia.

  • Dolor u opresión en el pecho.

  • Falta de aire intensa o de aparición repentina.

  • Mareo intenso, confusión o debilidad marcada.

  • Deterioro brusco del estado general.

Estos síntomas no demuestran por sí solos que exista una arritmia grave, pero pueden indicar que el corazón no está manteniendo una circulación adecuada. Ante una persona inconsciente que no respira normalmente, es necesario activar los servicios de emergencias e iniciar las maniobras de reanimación indicadas.

Un electrocardiograma normal no siempre descarta una arritmia

Si el episodio ya ha terminado, el registro puede no mostrar ninguna alteración. Cuando los síntomas aparecen de manera intermitente, puede ser necesario vigilar el ritmo durante horas, días o durante un periodo más prolongado.

Cómo se tratan

No todas las arritmias requieren tratamiento. Algunas solo necesitan seguimiento, especialmente cuando no producen síntomas relevantes, no afectan al funcionamiento del corazón y no se asocian a un mayor riesgo de complicaciones. La elección depende del ritmo identificado, de su duración y frecuencia, de los síntomas, de la existencia de una enfermedad cardíaca y del riesgo individual.

Medicamentos

Los medicamentos pueden utilizarse para reducir una frecuencia excesiva, disminuir la aparición de episodios o intentar mantener un ritmo estable.

La elección depende del tipo de arritmia y del estado del corazón. Un fármaco apropiado para una persona puede resultar ineficaz o estar contraindicado en otra, por lo que estos tratamientos requieren una indicación y un seguimiento individualizados.

En algunas arritmias auriculares se valora la anticoagulación para reducir el riesgo de ictus. Esta indicación depende de las características y del riesgo individual, no únicamente de detectar un ritmo irregular.

Cardioversión

La cardioversión eléctrica consiste en aplicar una descarga controlada y sincronizada para restaurar el ritmo normal. Se realiza con monitorización y, habitualmente, bajo una sedación breve. Puede utilizarse en determinadas arritmias auriculares o cuando un ritmo rápido compromete la circulación.

No es adecuada para todos los trastornos del ritmo y, en algunos casos, debe planificarse junto con medidas destinadas a prevenir la formación o el desplazamiento de coágulos.

Ablación con catéter

La ablación con catéter permite localizar y modificar una pequeña zona de tejido o un circuito eléctrico responsable de la arritmia. Los catéteres se introducen habitualmente a través de una vena de la ingle y se guían hasta el corazón. Una vez identificado el origen, se aplica energía para interrumpir el circuito anómalo.

En algunas taquicardias puede ofrecer una solución muy eficaz. En otras arritmias puede reducir los episodios y mejorar los síntomas, aunque existe la posibilidad de que reaparezcan y de que sea necesario mantener otros tratamientos.

Dispositivos implantables

El marcapasos vigila el ritmo y emite pequeños impulsos eléctricos cuando detecta que el corazón late demasiado despacio. Se utiliza en determinadas alteraciones del nodo sinusal o de la conducción eléctrica. No se implanta únicamente por una cifra baja de pulsaciones, sino cuando existe una indicación basada en el tipo de trastorno y en sus síntomas.

El desfibrilador automático implantable controla continuamente el ritmo y puede tratar algunas arritmias ventriculares peligrosas mediante estimulación rápida o una descarga eléctrica. Su objetivo es prevenir la muerte súbita en personas con un riesgo elevado. No se utiliza para las palpitaciones habituales ni para la mayoría de las arritmias auriculares.

Si los episodios persisten, puede ser necesario revisar el diagnóstico, prolongar la monitorización o valorar una estrategia diferente. No siempre la solución consiste en aumentar la medicación.

Valoración en la Unidad de Electrofisiología y Arritmias

Cuando existen palpitaciones recurrentes, mareos, desmayos o alteraciones detectadas en un electrocardiograma, una valoración en nuestra Unidad de Electrofisiología y Arritmias permite relacionar los síntomas con el ritmo cardíaco, seleccionar la monitorización adecuada y determinar si es necesario realizar seguimiento o iniciar un tratamiento.

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Evolución y posibles complicaciones

No existe un pronóstico común para todas las arritmias. Algunas aparecen de forma aislada y no progresan. Otras causan episodios intermitentes separados por largos periodos de ritmo normal, mientras que algunas pueden hacerse persistentes o reaparecer después del tratamiento.

Las posibles complicaciones dependen del tipo de alteración y de las enfermedades asociadas.

Entre ellas se encuentran la pérdida de conocimiento, el deterioro del funcionamiento del corazón, la insuficiencia cardíaca, el ictus en determinadas arritmias auriculares y la parada cardíaca en algunas arritmias ventriculares. Estas consecuencias no son propias de todas las arritmias ni deben considerarse inevitables.

Identificar el ritmo concreto permite estimar el riesgo real y evitar tanto la infravaloración como una preocupación innecesaria.

En qué enfermedades o situaciones son especialmente importantes

Las arritmias requieren una atención particular cuando aparecen en personas con un infarto previo, insuficiencia cardíaca, enfermedades del músculo cardíaco, cardiopatías congénitas o alteraciones de las válvulas.

También deben valorarse cuidadosamente durante el embarazo, en personas que practican deporte de alta intensidad o cuando existen antecedentes familiares de muerte súbita o enfermedades eléctricas hereditarias. La asociación con hipertiroidismo, apnea del sueño y determinados medicamentos resulta especialmente relevante porque su identificación puede modificar el tratamiento.

En personas con fibrilación auricular, el control de la hipertensión, la obesidad, la diabetes, la apnea del sueño y el consumo elevado de alcohol forma parte del manejo, además del tratamiento específico del ritmo.

Qué especialista trata las arritmias

Atención Primaria puede realizar una primera valoración, revisar posibles desencadenantes, solicitar un electrocardiograma y determinar si es necesaria una evaluación cardiológica.

El cardiólogo identifica el tipo de arritmia, valora su repercusión sobre el corazón y establece si requiere seguimiento, tratamiento farmacológico o algún procedimiento específico.

El electrofisiólogo es el cardiólogo especializado en el sistema eléctrico del corazón y en los trastornos de su ritmo. Su participación resulta especialmente relevante cuando es necesaria una monitorización más avanzada, un estudio electrofisiológico, una ablación o la implantación de dispositivos como un marcapasos o un desfibrilador.

En nuestro hospital contamos con una Unidad de Electrofisiología y Arritmias, especializada en el diagnóstico y tratamiento de las alteraciones del ritmo cardíaco. Su equipo de cardiólogos expertos en electrofisiología estudia cada caso de forma individualizada para determinar qué pruebas, seguimiento o tratamiento resultan más adecuados.

Cuando existe una enfermedad cardíaca asociada, una posible causa hereditaria u otra condición que pueda influir en la arritmia, la atención puede coordinarse con otras especialidades para ofrecer un abordaje integral.

Vivir con una arritmia

Recibir un diagnóstico de arritmia no significa necesariamente que el corazón esté gravemente enfermo ni que sea preciso limitar toda actividad. Muchas personas pueden mantener una vida activa con seguimiento periódico o con un tratamiento sencillo. En otras, identificar y tratar la alteración mejora de forma importante los síntomas y reduce el riesgo de complicaciones.

Resulta útil conocer el nombre concreto de la arritmia y entender qué síntomas forman parte del cuadro. Cuando el especialista lo aconseja, puede anotarse la duración de los episodios, las circunstancias en las que aparecen y las molestias asociadas.

La medicación no debe suspenderse ni modificarse sin consultar, aunque los episodios hayan desaparecido. También conviene revisar antes de tomar descongestionantes, estimulantes o suplementos que puedan afectar al ritmo.

No todas las personas deben dejar de hacer ejercicio, eliminar el café o evitar determinadas actividades. Las recomendaciones deben adaptarse al diagnóstico, a los desencadenantes comprobados y al estado del corazón.

Muchas personas con arritmias pueden mantener una vida estable y satisfactoria. Lo importante no es vigilar cada latido, sino conocer qué alteración existe, qué seguimiento necesita y qué síntomas justifican una valoración más rápida.

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