Enfermedades y condiciones

Enfermedad por reflujo gastroesofágico

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Enfermedad por reflujo gastroesofágico

La enfermedad por reflujo gastroesofágico aparece cuando el contenido del estómago asciende repetidamente hacia el esófago y provoca síntomas molestos o lesiones. Puede causar ardor, regurgitación y molestias nocturnas, aunque no todas las personas presentan las mismas manifestaciones.

Qué es la enfermedad por reflujo gastroesofágico

El reflujo gastroesofágico consiste en el paso del contenido del estómago hacia el esófago. Este fenómeno puede producirse ocasionalmente en personas sanas, especialmente después de una comida abundante, sin que exista necesariamente una enfermedad.

Se habla de enfermedad por reflujo gastroesofágico, conocida por las siglas ERGE, cuando los episodios son suficientemente frecuentes o intensos como para producir síntomas relevantes, afectar a la calidad de vida o causar lesiones en el esófago.

El contenido que asciende puede ser ácido, poco ácido o contener otros componentes del estómago. Por ello, la intensidad de los síntomas no depende únicamente de la cantidad de ácido, sino también de la frecuencia del reflujo, la sensibilidad del esófago y su capacidad para eliminar el contenido que ha ascendido.

La ERGE tampoco se presenta de la misma forma en todas las personas. Algunas muestran inflamación visible en la gastroscopia, mientras que otras tienen síntomas y una exposición anormal al reflujo sin lesiones aparentes. Existen también cuadros con molestias similares en los que las pruebas no demuestran un reflujo patológico.

La frecuencia y el impacto de los síntomas ayudan a distinguir la ERGE

Los episodios ocasionales de reflujo son frecuentes. Su consideración como enfermedad depende de su frecuencia, de las molestias que producen, de su repercusión en la vida cotidiana y de la posible existencia de lesiones en el esófago.

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Una valoración especializada puede ayudar a conocer el origen de los síntomas y establecer si es necesario realizar pruebas o iniciar un tratamiento.

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Causas y factores asociados

Entre el esófago y el estómago existe una zona muscular que forma parte de la barrera antirreflujo. Cuando se relaja de forma inadecuada o pierde eficacia, el contenido gástrico puede ascender con mayor facilidad.

En este mecanismo también intervienen el movimiento del esófago, la producción de saliva, el vaciamiento del estómago y la anatomía de la unión entre el esófago y el estómago. Por ello, la ERGE suele ser consecuencia de la combinación de varios factores y no de una única alteración.

La hernia de hiato puede favorecer el reflujo. Aparece cuando una parte del estómago asciende a través del diafragma hacia el tórax y modifica el funcionamiento de la barrera antirreflujo. Su presencia, sin embargo, no determina por sí sola que exista ERGE.

El exceso de peso, especialmente en la zona abdominal, aumenta la presión sobre el estómago y se asocia con una mayor probabilidad de reflujo. El embarazo también puede favorecerlo temporalmente. El tabaco y determinados medicamentos pueden empeorar los síntomas en algunas personas, mientras que los alimentos suelen actuar como desencadenantes individuales más que como una causa universal de la enfermedad.

Infografía médica científica sobre que es y cuales son las causas de la enfermedad por reflujo gastroesofágico

Síntomas

El síntoma más característico es la pirosis, una sensación de ardor que suele comenzar en la parte alta del abdomen o detrás del esternón y que puede ascender hacia el cuello.

También es frecuente la regurgitación, percibida como el retorno de líquido o alimento hacia el pecho, la garganta o la boca. Puede dejar un sabor ácido o amargo y empeorar después de las comidas, al agacharse o al tumbarse.

Los síntomas pueden aparecer de forma intermitente o persistente. En algunas personas predominan durante la noche y afectan al sueño; en otras se relacionan principalmente con determinadas comidas o posiciones corporales.

Algunas personas presentan dolor torácico. Cuando es intenso, aparece con el esfuerzo o se acompaña de dificultad para respirar, sudoración o malestar general, es importante valorar otras posibles causas, especialmente de origen cardiovascular.

Síntomas fuera del esófago

La tos crónica, la ronquera, el carraspeo, la sensación persistente de tener algo en la garganta o determinados síntomas respiratorios pueden coexistir con el reflujo.

Estas manifestaciones tienen, sin embargo, numerosas causas posibles y su relación con la ERGE suele ser menos directa que la de la pirosis o la regurgitación. Cuando predominan, puede ser necesario estudiar también causas respiratorias, alérgicas, otorrinolaringológicas o funcionales antes de establecer su origen.

La respuesta a un medicamento que reduce la producción de ácido puede aportar información clínica, pero por sí sola tampoco permite confirmar que estos síntomas estén causados por el reflujo.

Síntomas que requieren valoración médica

La dificultad para tragar, la sensación de que los alimentos se detienen, el dolor al tragar, la pérdida de peso involuntaria, la anemia o el sangrado digestivo requieren una valoración médica.

También deben estudiarse los vómitos persistentes, la pérdida de apetito inexplicada y los síntomas que aparecen de forma reciente y progresiva. Estas manifestaciones pueden relacionarse con inflamación importante, un estrechamiento del esófago, una alteración de su movimiento u otras enfermedades que requieren estudio.

El dolor torácico intenso o de aparición brusca debe valorarse con prioridad, debido a que determinados problemas cardiovasculares pueden producir síntomas parecidos.

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Diagnóstico

En personas con ardor y regurgitación típicos y sin síntomas de alarma, el diagnóstico inicial puede basarse en las características de las molestias y, en determinados casos, en la respuesta a un tratamiento de prueba correctamente indicado.

Cuando existen dudas sobre el origen de los síntomas, aparecen signos de alarma, las molestias persisten o la respuesta al tratamiento es insuficiente, puede ser necesario realizar pruebas que permitan comprobar si existe una lesión en el esófago o una exposición anormal al reflujo.

Gastroscopia

La gastroscopia, también denominada endoscopia digestiva alta o esofagogastroduodenoscopia, permite examinar directamente el esófago, el estómago y el duodeno.

Durante la exploración pueden identificarse esofagitis, estrechamientos, úlceras, esófago de Barrett u otras alteraciones que pueden explicar los síntomas. También pueden obtenerse pequeñas muestras de tejido, llamadas biopsias, cuando es necesario estudiar otras enfermedades, como la esofagitis eosinofílica.

Las biopsias no se utilizan de forma rutinaria para confirmar una ERGE sin complicaciones.

Medición ambulatoria del reflujo

Muchas personas con ERGE no presentan lesiones visibles en la gastroscopia. Cuando es necesario conocer con mayor precisión si el contenido del estómago asciende al esófago en una cantidad anormal, puede realizarse una monitorización ambulatoria del reflujo.

Esta exploración puede efectuarse mediante una cápsula que registra durante uno o varios días la exposición del esófago al ácido o mediante un catéter fino que combina la medición del pH con la impedancia. Esta última permite detectar también episodios de reflujo poco ácidos o no ácidos.

La prueba resulta especialmente útil cuando la gastroscopia es normal y el diagnóstico continúa siendo dudoso, cuando los síntomas persisten a pesar del tratamiento o antes de determinadas intervenciones antirreflujo. Según la cuestión que se quiera resolver, puede realizarse tras suspender temporalmente la medicación o manteniendo el tratamiento.

Manometría esofágica

La manometría esofágica estudia la fuerza y la coordinación de las contracciones del esófago. Su objetivo principal no es confirmar la ERGE, sino valorar cómo funciona el movimiento esofágico y detectar trastornos que pueden causar síntomas similares.

También permite localizar con precisión la unión entre el esófago y el estómago antes de determinadas pruebas de monitorización del reflujo y suele formar parte del estudio previo cuando se está considerando una intervención antirreflujo.

Las pruebas se seleccionan según la pregunta que sea necesario resolver

La gastroscopia permite estudiar si existen lesiones en el esófago. La monitorización del pH y la impedancia aporta información diferente: permite medir el reflujo y relacionar sus episodios con los síntomas. El especialista decide qué estudio resulta más útil en cada situación.

Tratamiento

El tratamiento de la ERGE busca controlar los síntomas, cicatrizar las lesiones cuando existen y reducir la probabilidad de recaídas o complicaciones. La estrategia depende de la frecuencia de las molestias, la presencia de esofagitis, el predominio de regurgitación, la respuesta previa a los tratamientos y las características de cada persona.

No todos los pacientes necesitan medicación de forma continua ni todos requieren la misma estrategia. Cuando los síntomas persisten, es importante revisar su causa y la forma en la que se está realizando el tratamiento antes de intensificarlo.

Alimentación y hábitos

Las recomendaciones deben adaptarse a los síntomas de cada persona. No existe una lista universal de alimentos prohibidos para la ERGE, por lo que las restricciones generalizadas suelen aportar poco si no existe una relación clara entre un alimento concreto y las molestias.

Puede ser útil evitar comidas muy copiosas y dejar pasar dos o tres horas entre la cena y el momento de acostarse, especialmente cuando existe reflujo nocturno. En personas con sobrepeso u obesidad, la reducción de peso puede contribuir de forma importante a mejorar los síntomas.

Cuando las molestias predominan durante la noche, elevar el cabecero de la cama puede disminuir los episodios al permanecer tumbado. El café, el chocolate, los alimentos grasos, el alcohol, los cítricos, el tomate, la menta o los alimentos picantes pueden actuar como desencadenantes en algunas personas, pero no es necesario eliminarlos si no existe una relación repetida con los síntomas.

Dejar de fumar aporta beneficios generales para la salud y también puede contribuir a mejorar el reflujo en determinados pacientes.

Medicamentos

Los inhibidores de la bomba de protones (IBP) son los medicamentos más eficaces para tratar la esofagitis por reflujo y los síntomas típicos frecuentes. Entre ellos se encuentran el omeprazol, pantoprazol y esomeprazol, además de otros fármacos de la misma familia.

Suelen funcionar mejor cuando se toman antes de una comida. En muchas personas se inicia una pauta diaria durante varias semanas y posteriormente se revisa la respuesta para decidir cómo continuar.

Cuando el tratamiento es eficaz, se busca la pauta que mantenga un control adecuado con la menor intensidad necesaria. Algunas personas pueden utilizar estos medicamentos de forma intermitente o a demanda, mientras que otras —especialmente si han presentado una esofagitis importante u otras complicaciones— pueden necesitar un tratamiento prolongado.

Los IBP presentan un perfil de seguridad favorable cuando existe una indicación adecuada. La conveniencia de mantenerlos debe valorarse según sus beneficios y las circunstancias clínicas de cada persona.

Los alginatos y antiácidos pueden proporcionar alivio rápido en episodios ocasionales. Los antagonistas de los receptores H2 reducen también la producción de ácido y pueden resultar útiles en determinadas formas leves o molestias nocturnas, aunque su efecto suele ser menos potente que el de los IBP.

Cuando una medicación se ha utilizado durante un periodo prolongado, resulta conveniente revisar con el médico la indicación antes de modificarla o suspenderla.

Persistencia de síntomas durante el tratamiento

Cuando las molestias continúan a pesar del tratamiento, el primer paso es comprobar si el medicamento se está utilizando correctamente, si la pauta es adecuada y, especialmente, si los síntomas están realmente relacionados con el reflujo.

La persistencia puede deberse a un reflujo insuficientemente controlado, pero también a hipersensibilidad del esófago, ardor funcional, trastornos de la motilidad, esofagitis eosinofílica u otras causas digestivas o no digestivas.

El término ERGE refractaria se reserva fundamentalmente para situaciones en las que el reflujo ha sido demostrado y los síntomas continúan a pesar de un tratamiento optimizado. En estos casos puede ser necesario realizar nuevas pruebas antes de aumentar la medicación o plantear una intervención.

Cirugía y tratamientos intervencionistas

La cirugía antirreflujo puede ser una alternativa en personas seleccionadas con reflujo demostrado, especialmente cuando existen síntomas persistentes, regurgitación importante, determinadas alteraciones anatómicas o una preferencia razonada por una opción intervencionista.

La técnica quirúrgica más conocida es la funduplicatura, que utiliza la parte superior del estómago para reforzar la unión entre el esófago y el estómago. Puede realizarse de forma completa o parcial según las características anatómicas y funcionales de cada paciente.

Existen también otras opciones, como el aumento magnético del esfínter esofágico y determinadas técnicas endoscópicas. Su indicación depende de factores como la anatomía de la unión gastroesofágica, la existencia y tamaño de una hernia de hiato, el funcionamiento del esófago y la experiencia del equipo que realiza el procedimiento.

Antes de plantear una intervención es especialmente importante demostrar que los síntomas están relacionados con el reflujo y estudiar adecuadamente la función del esófago.

Evolución y posibles complicaciones

La ERGE suele presentar una evolución crónica o intermitente. Algunas personas necesitan tratamiento únicamente durante determinados periodos, mientras que otras experimentan recaídas cuando lo suspenden y requieren un control más continuado.

Cuando existe inflamación mantenida pueden aparecer complicaciones como esofagitis, úlceras o estrechamientos del esófago que dificultan el paso de los alimentos.

En una proporción de pacientes puede desarrollarse esófago de Barrett, un cambio del tejido que recubre la parte inferior del esófago y que requiere una valoración y un seguimiento específicos debido a su asociación con un mayor riesgo de adenocarcinoma esofágico.

El control de los síntomas no permite conocer por sí solo si existen lesiones en el esófago. A su vez, la presencia de ERGE tampoco implica que todas las personas necesiten gastroscopias periódicas. La necesidad de seguimiento se establece según los síntomas, los factores de riesgo y los hallazgos obtenidos en las exploraciones.

Especialistas que intervienen

El recorrido asistencial de una persona con enfermedad por reflujo gastroesofágico puede ser diferente según los síntomas, su evolución y las pruebas que sea necesario realizar. Los casos con manifestaciones típicas y sin datos de alarma pueden abordarse inicialmente de forma clínica, mientras que las situaciones persistentes, atípicas o de mayor complejidad requieren una valoración más especializada.

En el Hospital Memorial Publio Cordón, Aparato Digestivo constituye el área de referencia para estudiar la ERGE cuando existen dudas diagnósticas, síntomas persistentes, dificultad para tragar, necesidad de ajustar el tratamiento o indicación de pruebas específicas. La especialidad integra distintas unidades orientadas al diagnóstico y tratamiento de enfermedades digestivas.

Cuando es necesario examinar directamente el esófago y el estómago mediante una gastroscopia, obtener biopsias o valorar lesiones relacionadas con el reflujo, puede intervenir la Unidad de Endoscopia Digestiva. La unidad desarrolla actividad endoscópica diagnóstica y terapéutica y aborda tanto patología digestiva general como situaciones de mayor complejidad.

En determinados pacientes también pueden ser necesarias pruebas funcionales del esófago, como la monitorización del pH y la impedancia o la manometría esofágica. Estas exploraciones ayudan a aclarar el diagnóstico cuando la gastroscopia no explica los síntomas, a estudiar molestias persistentes y a preparar adecuadamente a las personas en las que se está considerando una intervención antirreflujo.

Si después de completar el estudio se considera que una intervención quirúrgica puede aportar beneficio, la valoración puede continuar en Cirugía General y del Aparato Digestivo. La decisión de operar se toma tras integrar los síntomas, la anatomía, las pruebas que demuestran el reflujo y el funcionamiento del esófago; por tanto, la cirugía forma parte del recorrido de pacientes seleccionados y no de todos los casos de ERGE.

Cuando predominan manifestaciones fuera del aparato digestivo, el recorrido puede ampliarse. Una ronquera o alteración persistente de la voz puede requerir valoración por Otorrinolaringología o, cuando está indicado, por el área de Rinología, Laringología y Voz, para estudiar directamente la laringe y descartar otras causas de los síntomas.

De forma similar, una tos persistente no debe atribuirse automáticamente al reflujo. Cuando este es el síntoma predominante, puede ser necesaria la participación de Neumología y, según las características del caso, de la Unidad de Tos Crónica e Infecciones Respiratorias, cuyo objetivo es identificar las posibles causas de una tos mantenida y orientar su tratamiento.

Así, el equipo que interviene no tiene por qué ser el mismo durante todo el proceso. Una persona puede necesitar únicamente valoración y tratamiento por Aparato Digestivo; otra puede requerir gastroscopia y pruebas funcionales; y, en situaciones concretas, puede ser necesario incorporar cirugía, Otorrinolaringología, Neumología u otros especialistas. El objetivo es que cada profesional participe cuando sus conocimientos ayudan a aclarar el diagnóstico o a seleccionar el tratamiento más adecuado.

Vivir con enfermedad por reflujo gastroesofágico

Conocer qué situaciones desencadenan las molestias permite adaptar los hábitos sin introducir restricciones innecesarias. Algunas personas necesitan modificar la hora de la cena, el tamaño de las comidas o la posición al dormir; otras controlan adecuadamente los síntomas con medicación y apenas necesitan cambios cotidianos.

No es necesario eliminar de forma permanente todos los alimentos tradicionalmente relacionados con el reflujo. Las restricciones tienen más sentido cuando existe una relación clara y repetida con los síntomas, y conviene revisarlas si reducen innecesariamente la variedad de la alimentación.

Cuando el reflujo nocturno, el dolor o la regurgitación afectan al sueño, al trabajo o a la alimentación, es conveniente revisar el diagnóstico y el tratamiento en lugar de incorporar esas molestias como algo habitual.

El manejo de la ERGE puede cambiar con el tiempo. Una estrategia adecuada combina el conocimiento de los desencadenantes personales, el uso correcto de la medicación cuando está indicada y una reevaluación clínica si aparecen nuevos síntomas o se modifica el patrón habitual de la enfermedad.

Información médica de carácter divulgativo

Este contenido tiene como finalidad facilitar la comprensión de la enfermedad por reflujo gastroesofágico, sus mecanismos, los síntomas que puede producir y las diferentes formas de estudiarla y tratarla. También pretende ayudar a comprender por qué algunas personas pueden manejarla con medidas sencillas, mientras que otras necesitan gastroscopia, pruebas funcionales o una valoración especializada.

En el Hospital Memorial Publio Cordón consideramos importante que la información médica sea rigurosa, comprensible y útil para orientar a cada persona durante su recorrido asistencial. Nuestros especialistas dedican parte de su trabajo a explicar las enfermedades, las pruebas y las opciones de tratamiento de forma divulgativa, ayudando a que pacientes y familias puedan comprender mejor cada etapa y participar con mayor seguridad en las decisiones sobre su salud. Esta vocación de conocimiento y divulgación forma parte también de nuestro compromiso con la investigación y el avance de la medicina.

La información ofrecida en esta ficha es general y no permite establecer un diagnóstico ni seleccionar un tratamiento individual. La valoración médica debe integrar los síntomas, los antecedentes, la exploración, la respuesta a tratamientos previos y, cuando son necesarias, las pruebas diagnósticas de cada persona.

Ante síntomas intensos, de aparición repentina o compatibles con una posible urgencia, es necesaria una valoración sanitaria adecuada.

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