Pie diabético

Tabla de contenidos
El pie diabético engloba las alteraciones que pueden aparecer en los pies de algunas personas con diabetes, especialmente cuando existe pérdida de sensibilidad, mala circulación o deformidad. Una herida pequeña puede pasar inadvertida y empeorar si continúa soportando presión, por lo que detectarla pronto resulta esencial.
¿Qué es el pie diabético?
La expresión pie diabético no describe una única lesión ni significa que todas las personas con diabetes tengan los pies enfermos.
Se utiliza para agrupar distintos problemas relacionados con la diabetes que pueden favorecer la aparición de heridas, infecciones, alteraciones articulares o pérdida de tejido.
Una persona puede presentar un pie de alto riesgo aunque todavía no exista una herida. Esto sucede cuando hay pérdida de sensibilidad, enfermedad arterial, deformidades, callosidades importantes o antecedentes de úlcera o amputación.
Se habla de enfermedad activa del pie cuando ya existe una úlcera, una infección, gangrena o una neuroartropatía de Charcot. Distinguir estas situaciones permite adaptar las revisiones y actuar antes de que aparezcan complicaciones.
Tres procesos pueden coincidir en el pie diabético
La pérdida de sensibilidad facilita que una lesión pase inadvertida. La presión repetida impide que descanse y cicatrice. Si además llega poca sangre al tejido, aumenta el riesgo de que la herida se complique.
La pérdida de sensibilidad, la mala circulación, las deformidades o los antecedentes de úlcera ayudan a identificar un pie de alto riesgo incluso cuando la piel está intacta. Reconocer estos factores permite adaptar las revisiones, el calzado y las medidas preventivas antes de que aparezca una lesión.
¿Necesita más información sobre el pie diabético?
Causas del pie diabético
El pie diabético suele desarrollarse por la combinación de varios factores. La diabetes mantenida durante años puede dañar los nervios y las arterias. Sin embargo, una úlcera concreta no aparece únicamente por tener la glucosa elevada.
También influyen la forma del pie, la manera de apoyar, el calzado, las callosidades, los pequeños traumatismos y la capacidad para advertir una lesión a tiempo.
Pérdida de sensibilidad
La neuropatía diabética puede reducir la capacidad para percibir dolor, presión, frío o calor. Una rozadura, una quemadura o un objeto dentro del zapato pueden no notarse. Si la persona continúa caminando y apoyando sobre esa zona, el daño puede aumentar.
La neuropatía también puede producir hormigueo, ardor o dolor. Es posible sentir dolor neuropático y, al mismo tiempo, haber perdido la sensibilidad protectora frente a una herida. Además, puede favorecer la sequedad, las grietas, la debilidad muscular y algunos cambios en la forma del pie.
Presión repetida
Muchas úlceras aparecen en zonas que soportan una presión elevada, como la planta, el talón o determinadas prominencias óseas. Cuando existe pérdida de sensibilidad, la persona puede seguir apoyando sobre una zona dañada sin recibir la señal de dolor que normalmente obligaría a descansar.
Las deformidades, los callos y un calzado que comprime o roza pueden concentrar todavía más la presión.
Enfermedad arterial periférica
La diabetes también aumenta el riesgo de enfermedad arterial periférica. En este trastorno, las arterias que llevan sangre hacia las piernas y los pies se estrechan u obstruyen. Como consecuencia, los tejidos reciben menos oxígeno y nutrientes.
Una circulación insuficiente dificulta la cicatrización, aumenta el riesgo de pérdida de tejido y puede favorecer que una infección evolucione con mayor rapidez. La neuropatía y la enfermedad arterial pueden aparecer por separado o coincidir en la misma persona.

Qué síntomas y signos puede producir
Un pie de alto riesgo puede no causar molestias evidentes. Por eso, la exploración periódica y la observación directa resultan especialmente importantes cuando existe pérdida de sensibilidad.
Entre los cambios que pueden aparecer se encuentran:
Hormigueo, ardor o menor sensibilidad.
Piel seca, grietas o callosidades.
Cambios en la forma del pie o de los dedos.
Zonas de roce o enrojecimiento.
Ampollas o heridas.
Cambios de color o temperatura.
Hinchazón.
Uñas que lesionan la piel.
Una úlcera es una herida en la que se ha perdido parte de la superficie de la piel. Puede ser pequeña y superficial o extenderse hacia tejidos más profundos. La ausencia de dolor no indica que la lesión sea leve. Puede deberse a que la neuropatía ha reducido la capacidad para percibirla.
Señales de alarma
Cualquier úlcera nueva, ampolla abierta o herida que no empieza a mejorar necesita una valoración rápida. La atención debe ser inmediata ante signos compatibles con una infección importante, como fiebre, deterioro general, secreción purulenta o una inflamación que se extiende con rapidez.
Un pie frío, muy pálido, azulado o con zonas negras puede indicar una falta grave de riego y también requiere atención urgente. La exposición de tendón o hueso, el dolor intenso de aparición reciente o la destrucción rápida de los tejidos pueden señalar una lesión profunda o una complicación avanzada.
La ausencia de fiebre no descarta una infección relevante, especialmente cuando existe neuropatía o mala circulación.
Pie de Charcot
El pie de Charcot es una complicación asociada a la neuropatía en la que los huesos y las articulaciones se inflaman, debilitan y pueden deformarse. Suele comenzar con un pie rojo, caliente e hinchado. El dolor puede ser escaso o no guardar relación con la intensidad de la inflamación.
En ocasiones no existe ninguna herida visible. Puede confundirse con una infección, una lesión traumática o una inflamación articular.
Un pie que se vuelve repentinamente caliente e hinchado en una persona con neuropatía necesita una valoración rápida. Hasta aclarar la causa, puede ser necesario reducir el apoyo e inmovilizar la extremidad para evitar más daño.
Cómo se diagnostica el pie diabético
No existe una única prueba que diagnostique todos los problemas incluidos bajo el término pie diabético. La valoración debe determinar si existe pérdida de sensibilidad, mala circulación, una herida, infección, deformidad, presión mantenida o afectación de tejidos profundos.
Identificación de un pie de alto riesgo
La exploración preventiva permite conocer quién necesita un seguimiento más estrecho. El profesional valora:
La sensibilidad.
La circulación.
La piel y las uñas.
Las deformidades.
Las callosidades.
El calzado.
La forma de apoyar.
Los antecedentes de úlcera o amputación.
También se tienen en cuenta las enfermedades asociadas y las posibles dificultades para inspeccionar o cuidar los pies.
Exploración de la sensibilidad
El monofilamento es un pequeño instrumento flexible que aplica una presión estandarizada sobre determinados puntos del pie. Su finalidad es comprobar si se conserva la sensibilidad protectora, es decir, si la persona percibe una presión suficiente para advertir una posible lesión.
La exploración suele completarse con otra prueba de sensibilidad, como la vibración.
Valoración de la circulación
El profesional palpa los pulsos de los pies y observa el color, la temperatura y el estado de la piel. También puede utilizar un Doppler arterial y comparar la presión del tobillo con la del brazo.
En algunas personas con diabetes, las arterias están endurecidas y estas mediciones pueden resultar poco fiables. Si existen dudas o una herida evoluciona mal, pueden realizarse pruebas adicionales para estimar mejor el riego del tejido. Ninguna medición aislada permite descartar en todos los casos una enfermedad arterial.
Estudio de una úlcera
La valoración de una herida debe determinar:
Dónde está situada.
Cuánto mide.
Qué profundidad tiene.
Qué tejidos afecta.
Si existe presión mantenida.
Si está infectada.
Si llega suficiente sangre.
Si puede estar afectado el hueso.
También se revisan su origen, el tiempo de evolución y los tratamientos utilizados.
Evaluación de la infección
Una úlcera puede contener bacterias sin estar infectada. La infección se diagnostica principalmente por signos clínicos, como enrojecimiento, calor, hinchazón, dolor, secreción purulenta o afectación de tejidos profundos.
En las personas con neuropatía o mala circulación, estos signos pueden ser menos evidentes. Las infecciones profundas, rápidamente progresivas o acompañadas de deterioro general pueden requerir ingreso hospitalario.
Cultivo
No todas las úlceras necesitan un cultivo. Cuando existen signos de infección, puede obtenerse una muestra para identificar los microorganismos y orientar la elección del antibiótico.
La muestra debe recogerse después de limpiar la herida y, siempre que sea posible, a partir de tejido profundo. Un hisopo superficial puede detectar bacterias presentes en la piel que no sean la verdadera causa de la infección.
Posible afectación del hueso
La infección del hueso se denomina osteomielitis. Se sospecha especialmente cuando la úlcera es profunda, lleva mucho tiempo abierta, está situada sobre una prominencia ósea o permite ver o tocar el hueso.
La valoración puede incluir exploración, análisis, radiografía y, cuando persisten dudas, resonancia magnética.
En una úlcera de pie diabético, proteger la herida es solo una parte del tratamiento. Reducir la presión, asegurar una circulación adecuada, controlar una posible infección y cuidar el estado general permite crear mejores condiciones para que el tejido cicatrice.
Cuál es el tratamiento
El tratamiento depende de la profundidad de la lesión, la presencia de infección, la circulación, la presión que soporta la zona y el estado general de la persona. Para que una úlcera cicatrice, suele ser necesario actuar de forma coordinada sobre varios factores.
Curar una úlcera exige reducir la presión
Un apósito protege la herida, pero puede no ser suficiente si la persona continúa apoyando sobre ella. Los dispositivos de descarga redistribuyen el peso y permiten que el tejido tenga mejores condiciones para cicatrizar.
Reducir la presión
La descarga consiste en disminuir o redistribuir la presión que recibe la úlcera. Puede realizarse mediante botas, dispositivos específicos, plantillas o calzado terapéutico, según la localización y las características de la herida.
La elección también depende de la circulación, la presencia de infección, el equilibrio y la capacidad para utilizar el dispositivo correctamente. En muchas úlceras plantares relacionadas con neuropatía, la descarga es uno de los componentes más importantes del tratamiento.
Tratar la herida
El cuidado local puede incluir limpieza, retirada del tejido desvitalizado, control del exudado y protección de la piel que rodea la úlcera. El desbridamiento consiste en retirar tejido muerto o callosidad que dificulta la cicatrización. Debe adaptarse a la circulación y al estado de la herida.
No existe un apósito apropiado para todas las lesiones. Su elección depende de la profundidad, la humedad, el tejido presente y la evolución.
Tratar la infección
Los antibióticos se utilizan cuando existe una infección clínica. No se recomiendan para una úlcera sin signos de infección con el objetivo de prevenirla o acelerar su cierre.
Las infecciones moderadas o graves pueden requerir antibióticos intravenosos, drenaje o cirugía para retirar tejido infectado. El antibiótico trata la infección, pero no corrige por sí solo la presión ni la falta de circulación.
Asegurar la circulación
Toda úlcera necesita una valoración del riego sanguíneo del pie. Si existen signos de falta de circulación o la herida no evoluciona como se esperaba, pueden ser necesarios estudios vasculares adicionales.
Cuando la circulación insuficiente limita la cicatrización, Cirugía Vascular puede valorar una técnica endovascular o una cirugía de bypass para mejorar el flujo de sangre.
Tratar el estado general y las complicaciones
El control de la glucosa forma parte del tratamiento, pero no cura por sí solo una úlcera. También se revisan la nutrición, la función renal, la presión arterial, el colesterol, el consumo de tabaco y otras enfermedades que puedan influir en la recuperación.
Algunas heridas necesitan cirugía para drenar una infección, retirar tejido sin viabilidad, corregir una deformidad o tratar un hueso afectado. Se intenta conservar la mayor cantidad posible de tejido y función. En determinadas situaciones, una amputación bien planificada puede ser la opción más segura para controlar la enfermedad y favorecer la rehabilitación.
Evolución y posibles complicaciones del pie diabético
La cicatrización depende de la profundidad, la infección, la circulación, la presión y el estado general. Algunas úlceras cicatrizan en semanas. Otras necesitan varios meses, curas prolongadas o procedimientos adicionales.
Entre las posibles complicaciones se encuentran:
Extensión de la infección.
Osteomielitis.
Destrucción de tejidos.
Deformidad.
Gangrena.
Necesidad de amputación.
Una vez cerrada la herida, la piel se ha reparado, pero los factores que favorecieron la lesión pueden seguir presentes. Por esta razón, una úlcera cicatrizada se considera una lesión en remisión. El riesgo de que aparezca una nueva herida continúa siendo elevado y requiere prevención y seguimiento.
La atención temprana y coordinada reduce el riesgo de infección, pérdida de tejido y amputación, aunque no todas las complicaciones pueden evitarse.
En qué situaciones es especialmente importante el seguimiento
La vigilancia del pie resulta especialmente relevante cuando existe:
Pérdida de sensibilidad.
Enfermedad arterial periférica.
Deformidad o callosidades importantes.
Enfermedad renal avanzada.
Dificultad para ver o alcanzar los pies.
Antecedentes de úlcera.
Una amputación previa.
También conviene extremar la atención durante periodos de inmovilidad, después de estrenar calzado, ante cambios en la forma de apoyar o cuando una enfermedad aguda dificulta los cuidados habituales.
Quienes han presentado una úlcera necesitan seguimiento continuado incluso después de la cicatrización.
Cómo prevenir nuevas lesiones
Las medidas preventivas dependen del nivel de riesgo. Una persona con sensibilidad conservada no necesita el mismo plan que quien presenta enfermedad arterial, deformidad o antecedentes de úlcera.
Revisar
Cuando existe pérdida de sensibilidad, conviene observar con regularidad la planta, los talones, los espacios entre los dedos y el interior del calzado. Puede utilizarse un espejo o solicitar ayuda si la movilidad o la visión dificultan la revisión.
Una ampolla, una grieta profunda, una herida, un cambio de color o una zona de roce que no mejora deben consultarse.
Proteger
Los pies deben lavarse con agua templada y secarse bien, especialmente entre los dedos. Cuando existe pérdida de sensibilidad, conviene comprobar la temperatura del agua con una zona del cuerpo que conserve sensibilidad o con un termómetro.
La piel seca puede hidratarse, evitando aplicar crema entre los dedos cuando existe exceso de humedad. No conviene caminar descalzo, manipular callosidades ni utilizar productos químicos para eliminarlas por cuenta propia cuando existe un pie de alto riesgo.
Las uñas deben cuidarse sin profundizar en los bordes. Si existe dificultad, deformidad o riesgo elevado, es preferible solicitar ayuda profesional.
Adaptar el calzado
El calzado debe disponer de espacio suficiente, proteger el pie y no producir presión ni roce. Conviene revisar su interior antes de utilizarlo y estrenarlo de forma progresiva.
Cuando existe deformidad, pérdida de sensibilidad o una úlcera previa, pueden ser necesarios zapatos terapéuticos o plantillas destinadas a redistribuir la presión.
Qué especialistas tratan el pie diabético
El pie diabético puede requerir la participación de distintos especialistas, según exista pérdida de sensibilidad, alteración de la circulación, una úlcera, infección o deformidad.
Los especialistas en Endocrinología, junto con Atención Primaria y Enfermería, participan en la prevención, la valoración del riesgo y el control de los factores relacionados con la diabetes.
Los especialistas en Angiología y Cirugía Vascular valoran especialmente la circulación de la extremidad y determinan si es necesario realizar estudios vasculares o procedimientos destinados a mejorar el flujo sanguíneo.
Según las características de la lesión, también pueden intervenir profesionales de Podología, Enfermedades Infecciosas, Traumatología, Radiología Intervencionista y equipos de enfermería con experiencia en heridas complejas.
En nuestro hospital contamos con una Unidad de Pie Diabético e Isquemia de Miembros Inferiores, especializada en la valoración, el tratamiento y el seguimiento de estos pacientes mediante un abordaje multidisciplinar e individualizado.
Vivir con un pie de alto riesgo o una úlcera
Una úlcera puede exigir curas frecuentes, dispositivos de descarga y limitaciones temporales para caminar, trabajar o conducir. Estas medidas pueden afectar a la autonomía, el descanso, el estado emocional y la vida familiar.
Adaptarse a la descarga
Es importante recibir instrucciones claras sobre cuándo utilizar el dispositivo, cómo desplazarse y cómo reducir el riesgo de caídas. Cuando una bota o una descarga resultan difíciles de utilizar, conviene comunicarlo para buscar una alternativa segura, en lugar de abandonarlas sin orientación.
Mantener la actividad posible
Limitar el apoyo no significa necesariamente permanecer inactivo. El equipo puede adaptar la movilidad, recomendar ayudas técnicas y orientar sobre ejercicio, rehabilitación y reincorporación laboral.
El objetivo es proteger la herida sin perder innecesariamente fuerza, equilibrio o autonomía.
Afrontar la duración del tratamiento
La cicatrización puede ser lenta y exigir cambios prolongados en la rutina. Las dificultades para mantener las curas o la descarga no deben interpretarse como falta de interés. La vivienda, el trabajo, el apoyo familiar y la situación emocional pueden influir en el tratamiento.
Compartir estas dificultades con el equipo permite adaptar el plan y hacerlo más realista. Tras la cicatrización, el seguimiento, el calzado adecuado y la vigilancia periódica ayudan a detectar cambios antes de que se conviertan en una nueva úlcera.