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Varices en las piernas

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Varices en las piernas

Las varices en las piernas son venas superficiales dilatadas que pueden causar pesadez, dolor, hinchazón o alteraciones de la piel. Su valoración puede incluir una exploración clínica y un eco-Doppler para identificar el origen del reflujo venoso y seleccionar el tratamiento más adecuado.

¿Qué son las varices en las piernas?

Las varices se forman cuando una vena superficial se ensancha, se alarga y pierde su recorrido habitual. Pueden observarse como cordones azulados, violáceos o abultados bajo la piel, aunque su aspecto depende del calibre de la vena, de su profundidad y del tono cutáneo.

Las venas de las piernas deben devolver la sangre hacia el corazón en contra de la gravedad. Para facilitar este recorrido disponen de pequeñas válvulas internas que permiten que la sangre ascienda y evitan que retroceda. La contracción de los músculos de la pantorrilla también ayuda a impulsar el flujo venoso, especialmente al caminar.

Cuando la pared de una vena se dilata o sus válvulas dejan de cerrar correctamente, parte de la sangre vuelve hacia abajo. Este flujo en dirección contraria se denomina reflujo venoso. La presión mantenida en el interior del vaso favorece que la vena se ensanche progresivamente y termine haciéndose visible como una variz.

Diferencia entre varices, arañas vasculares y enfermedad venosa crónica

Las varices forman parte de la enfermedad venosa crónica, pero no son sinónimo de insuficiencia venosa crónica.

Las arañas vasculares son vasos muy pequeños y superficiales que se observan como líneas rojizas, azuladas o violáceas. No suelen sobresalir de la piel y, aunque ocasionalmente pueden causar molestias, su repercusión es principalmente estética.

Las varices afectan a venas de mayor calibre. Pueden palparse bajo la piel y tienen más posibilidades de asociarse con pesadez, dolor, hinchazón o reflujo venoso.

La enfermedad venosa crónica es el concepto más amplio. Comprende desde pequeñas alteraciones vasculares hasta varices, edema, cambios cutáneos y úlceras. El término insuficiencia venosa crónica suele reservarse para formas con una repercusión funcional más importante, especialmente cuando aparecen hinchazón persistente, pigmentación, eccema, endurecimiento de la piel o úlceras.

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Las varices aparecen cuando las válvulas venosas no cierran correctamente, la sangre retrocede y aumenta la presión dentro de las venas superficiales.
Las varices aparecen cuando las válvulas venosas no cierran correctamente, la sangre retrocede y aumenta la presión dentro de las venas superficiales.

¿Por qué aparecen las varices?

Las varices se desarrollan por una combinación de cambios en la pared venosa, dilatación progresiva y mal funcionamiento de las válvulas. No suelen deberse a una única causa, sino a la suma de una predisposición personal y diferentes circunstancias que aumentan la presión o dificultan el retorno de la sangre.

En la mayoría de las personas son varices primarias. Esto significa que se originan por alteraciones propias de las venas superficiales, sin que exista necesariamente otra enfermedad vascular previa.

Con menor frecuencia, son secundarias a un problema que altera la circulación venosa. Puede suceder después de una trombosis venosa profunda, ante una obstrucción de las venas profundas o por determinadas anomalías congénitas y compresiones venosas.

Distinguir estas situaciones es importante. En las varices primarias, el tratamiento suele dirigirse al reflujo superficial. Cuando existe una causa secundaria, puede ser necesario estudiar también las venas profundas o la circulación pélvica.

Factores que favorecen su aparición

La predisposición familiar es uno de los factores más relevantes. Tener familiares cercanos con varices no significa que necesariamente vayan a desarrollarse, pero puede indicar una mayor vulnerabilidad de las paredes o las válvulas venosas.

El riesgo aumenta con la edad porque los tejidos venosos pueden perder elasticidad y las válvulas hacerse menos eficaces. No obstante, las varices también aparecen en adultos jóvenes, especialmente cuando existe una predisposición genética marcada.

Son más frecuentes en mujeres, aunque también afectan a numerosos hombres. El embarazo influye por el aumento del volumen sanguíneo, los cambios hormonales y la presión ejercida por el útero sobre las venas de la pelvis. Algunas varices aparecen por primera vez durante la gestación y otras se hacen más visibles después de varios embarazos.

El exceso de peso puede aumentar la presión sobre el sistema venoso. Permanecer muchas horas de pie o sentado reduce, además, la acción de la musculatura de la pantorrilla. Estas circunstancias no suelen ser la única causa, pero pueden favorecer la aparición de varices o intensificar los síntomas en personas predispuestas.

Cada caso se valora en conjunto

El tamaño o la apariencia de una variz no reflejan por sí solos su importancia clínica. Algunas venas muy visibles apenas producen molestias, mientras que alteraciones menos llamativas pueden acompañarse de hinchazón o cambios en la piel.
Por eso, la valoración tiene en cuenta los síntomas, la exploración y, cuando resulta necesario, la información que aporta el eco-Doppler.

Síntomas de las varices

Muchas varices no causan dolor. En estos casos, la única manifestación puede ser la presencia de venas dilatadas o tortuosas bajo la piel.

Cuando existen síntomas, es habitual notar pesadez, cansancio, tensión o dolor sordo en las piernas. También pueden aparecer hinchazón alrededor de los tobillos, sensación de calor, picor, escozor, calambres nocturnos o molestias pulsátiles cerca de una vena.

Estas sensaciones suelen hacerse más evidentes al final del día, durante los meses de calor o después de permanecer mucho tiempo sin moverse. Caminar, movilizar los tobillos, descansar o elevar las piernas puede proporcionar alivio temporal.

La intensidad de las molestias no siempre guarda relación con el tamaño de las varices. Además, la pesadez, los calambres y la hinchazón también pueden tener un origen muscular, articular, neurológico, linfático o cardiovascular. Por ello, no todos los síntomas de una persona con varices deben atribuirse automáticamente a sus venas.

Las varices pueden causar pesadez, dolor, hinchazón y venas visibles, especialmente al final del día o tras permanecer mucho tiempo de pie o sentado.
Las varices pueden causar pesadez, dolor, hinchazón y venas visibles, especialmente al final del día o tras permanecer mucho tiempo de pie o sentado.

Cómo pueden evolucionar

La evolución es diferente en cada persona. Algunas varices permanecen estables durante años y apenas ocasionan molestias. Otras aumentan de tamaño o se acompañan progresivamente de edema y alteraciones de la piel.

Cuando la presión venosa permanece elevada, parte del líquido puede pasar desde los vasos hacia los tejidos. Esto explica la hinchazón que aparece alrededor de los tobillos y que, en las primeras fases, suele resultar más evidente al final del día.

Con el tiempo pueden aparecer picor, sequedad, eccema o una coloración marronácea de la piel. En estadios más avanzados, el tejido situado bajo la piel puede endurecerse y perder elasticidad. Estas alteraciones suelen concentrarse en la parte inferior de la pierna, especialmente alrededor del tobillo.

La presencia de estos cambios indica que el problema va más allá de una cuestión estética y justifica una valoración especializada. No obstante, no todas las personas con varices evolucionan hacia formas avanzadas.

Posibles complicaciones

La mayoría de las personas con varices no desarrolla complicaciones graves. Sin embargo, la presión venosa mantenida puede favorecer inflamación, lesiones cutáneas, sangrado o formación de coágulos en las venas superficiales.

Una variz que se vuelve repentinamente dura, dolorosa, caliente y enrojecida puede corresponder a una trombosis venosa superficial, denominada anteriormente flebitis superficial. Aunque afecta a una vena cercana a la piel, en algunos casos puede extenderse o encontrarse próxima al sistema venoso profundo, por lo que puede ser necesario realizar un eco-Doppler.

Las varices muy superficiales también pueden sangrar después de un golpe pequeño, al rascarse o incluso de manera espontánea. El sangrado suele controlarse elevando la pierna y manteniendo presión directa sobre el punto afectado, pero posteriormente debe valorarse la vena responsable. NICE recomienda la derivación inmediata a un servicio vascular cuando una variz ha sangrado.

La complicación cutánea más avanzada es la úlcera venosa, una herida que suele aparecer en la parte inferior de la pierna y que presenta dificultades para cicatrizar mientras persiste la presión venosa. Su tratamiento requiere atender tanto la lesión de la piel como el problema circulatorio subyacente.

Un cambio brusco no debe atribuirse automáticamente a las varices

Las molestias venosas habituales suelen evolucionar de forma gradual. Una hinchazón repentina de una sola pierna, especialmente si se acompaña de dolor, calor o un cambio de color, requiere valoración médica para descartar una trombosis venosa profunda.

Si además aparecen dificultad para respirar, dolor torácico, desmayo o tos con sangre, se necesita atención médica urgente.

¿Cómo se diagnostican las varices?

El diagnóstico comienza con una entrevista clínica y una exploración de las piernas. El especialista pregunta cuándo aparecieron las venas, qué síntomas producen, cómo evolucionan durante el día y si existen antecedentes familiares, embarazos, trombosis o tratamientos venosos anteriores.

La exploración suele realizarse con la persona de pie, porque en esta posición las venas se llenan y pueden observarse mejor. Además de estudiar su distribución, se comprueba la presencia de edema, pigmentación, eccema, endurecimiento de la piel, heridas o cicatrices de intervenciones previas.

También puede ser necesario examinar los pulsos arteriales. Algunos síntomas atribuidos inicialmente a las varices pueden deberse a una enfermedad arterial y determinados grados de compresión no son adecuados cuando la circulación arterial está comprometida.

La exploración permite reconocer las venas dilatadas, pero no siempre identifica el origen del reflujo ni muestra cómo funciona el conjunto del sistema venoso. Para obtener esa información se utiliza el eco-Doppler.

Eco-Doppler venoso

El eco-Doppler, también denominado ecografía dúplex venosa, es la principal prueba para estudiar las varices sintomáticas y planificar su tratamiento.

Es una exploración no invasiva que utiliza ultrasonidos para observar las venas y analizar la dirección del flujo sanguíneo. Permite comprobar si las válvulas cierran correctamente, localizar el reflujo, estudiar las venas safenas y sus ramas y valorar el estado del sistema venoso profundo.

También ayuda a descartar trombosis u obstrucciones y permite elaborar un mapa venoso antes de una intervención. Esta información evita tratar únicamente las venas visibles sin conocer el punto en el que se origina el problema.

Las guías recomiendan utilizar el eco-Doppler para confirmar la presencia y extensión del reflujo y planificar el tratamiento de las varices primarias o recurrentes. Otras pruebas más invasivas se reservan para situaciones complejas que no pueden explicarse suficientemente mediante la ecografía.

Prueba diagnóstica Eco-Doppler venoso de las piernas Ver la ficha de la prueba →

Infografía médica sobre el diagnóstico de las varices mediante historia clínica, exploración de las piernas y eco-Doppler venoso.
El diagnóstico de las varices combina la valoración clínica, la exploración de las piernas y, cuando está indicado, el eco-Doppler venoso.
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¿Cuándo necesitan tratamiento?

No todas las varices requieren una intervención. Si no producen molestias, no existen cambios en la piel y no afectan a la calidad de vida, puede ser suficiente mantener unos hábitos saludables y observar su evolución.

El tratamiento debe valorarse cuando causan dolor, pesadez, hinchazón, picor o limitaciones en la actividad cotidiana. También cobra especial importancia si existen cambios cutáneos, trombosis superficial, sangrado, una úlcera venosa o recurrencia después de un procedimiento anterior.

La decisión no debe basarse únicamente en el tamaño o el aspecto de las venas. El resultado del eco-Doppler, la repercusión de los síntomas, el estado general y las preferencias personales forman parte de una decisión compartida.

Cuando existe un reflujo susceptible de tratamiento, las técnicas actuales permiten cerrar la vena enferma. La sangre se redirige entonces acia otros vasos que funcionan adecuadamente.

Tratamiento de las varices

El tratamiento puede combinar medidas para aliviar los síntomas con procedimientos dirigidos a cerrar o retirar las venas afectadas.

No existe una técnica adecuada para todos los casos. La elección se realiza a partir del mapa venoso obtenido mediante eco-Doppler y depende del trayecto, el diámetro y la profundidad de la vena, de tratamientos anteriores y de la experiencia del equipo.

Medidas para aliviar los síntomas

Caminar y realizar actividad física de forma regular activa la musculatura de la pantorrilla y favorece el retorno de la sangre. Nadar, montar en bicicleta y movilizar los tobillos también pueden resultar beneficiosos.

En trabajos sedentarios o que obligan a permanecer muchas horas de pie, conviene cambiar de postura y caminar brevemente de manera periódica. Elevar las piernas durante los descansos puede reducir temporalmente la pesadez y la hinchazón.

Mantener un peso saludable también puede disminuir la presión sobre las piernas. Estas medidas alivian los síntomas, pero no hacen desaparecer una variz ya formada ni reparan sus válvulas.

Medias de compresión

Las medias de compresión graduada ejercen más presión alrededor del tobillo y la reducen progresivamente hacia la parte superior de la pierna. De este modo disminuyen la acumulación de líquido y facilitan el retorno venoso.

Pueden ser útiles cuando existe pesadez, edema o enfermedad venosa avanzada, durante el embarazo o cuando una intervención no resulta adecuada. También desempeñan un papel importante en el tratamiento de las úlceras venosas.

La compresión controla los síntomas, pero no elimina el reflujo. En personas con varices sintomáticas y un reflujo tratable, las guías actuales favorecen la intervención frente al uso indefinido de medias como única medida, siempre que la persona sea una candidata adecuada.

La talla y el grado de presión deben individualizarse. Antes de utilizar una compresión elevada puede ser necesario comprobar que la circulación arterial es suficiente.

Procedimientos para cerrar o retirar las venas afectadas

La mayoría de los tratamientos actuales se realiza de forma ambulatoria. En una misma pierna puede ser necesario cerrar una vena principal y tratar también algunas ramas visibles mediante otra técnica.

Láser endovenoso y radiofrecuencia

La ablación térmica endovenosa cierra la vena aplicando calor desde su interior. El especialista introduce un catéter fino bajo control ecográfico y administra anestesia local alrededor del trayecto venoso.

La energía puede proceder de un láser o de radiofrecuencia. En ambos casos, la pared de la vena se sella y el organismo la transforma progresivamente en un cordón fibroso que termina reduciéndose.

Estas técnicas cuentan con una amplia experiencia clínica y se encuentran entre las opciones preferentes cuando existe reflujo en una vena safena y la anatomía permite realizar el procedimiento. Habitualmente permiten caminar poco después de la intervención.

Ver la ficha completa de la ablación térmica →

HIFU: ultrasonidos focalizados de alta intensidad

HIFU permite cerrar determinadas venas mediante energía aplicada desde el exterior de la piel. Los ultrasonidos se concentran sobre un punto preciso de la pared venosa y generan calor de forma controlada, sin introducir un catéter dentro del vaso.

Es, por tanto, una técnica térmica extracorpórea y no invasiva. El procedimiento se guía mediante ecografía para localizar la vena y controlar la aplicación de la energía.

Puede considerarse en pacientes seleccionados cuando la profundidad, el recorrido y la relación de la vena con la piel y otros tejidos permiten tratarla con seguridad. Su indicación debe basarse en un estudio eco-Doppler detallado y en la experiencia específica del equipo.

Los estudios publicados en los últimos años muestran resultados prometedores en el cierre de puntos de reflujo, segmentos safenos y algunas venas perforantes. Sin embargo, la experiencia acumulada y la evidencia comparativa a largo plazo siguen siendo menores que las disponibles para el láser y la radiofrecuencia. Por ello, HIFU debe presentarse como una alternativa emergente y seleccionada, no como la opción preferente para cualquier tipo de variz.

Ver la ficha completa del tratamiento HIFU →

Técnicas endovenosas no térmicas

Existen procedimientos que cierran la vena desde su interior sin utilizar calor. Entre ellos se encuentran el adhesivo médico de cianoacrilato y la ablación mecanicoquímica.

Estas técnicas pueden evitar la infiltración de anestesia a lo largo de toda la vena y resultar útiles en determinados trayectos, por ejemplo cuando el vaso discurre cerca de un nervio.

No son necesariamente superiores al láser o la radiofrecuencia. La elección depende de la anatomía, de los posibles efectos adversos específicos, de la evidencia disponible y de las preferencias de la persona tratada. Las guías actuales contemplan tanto las técnicas térmicas como las no térmicas en pacientes seleccionados.

Escleroterapia

La escleroterapia consiste en inyectar una sustancia que provoca el cierre controlado de la vena. Puede administrarse como líquido en vasos pequeños o como espuma para aumentar el contacto con la pared de venas de mayor calibre.

Se utiliza con frecuencia para tratar arañas vasculares, ramas varicosas, venas residuales y algunas recurrencias. Cuando la vena no puede observarse directamente, el procedimiento se realiza bajo control ecográfico.

Puede requerir varias sesiones. Si existe un reflujo importante en una vena principal, la elección entre escleroterapia y otras técnicas debe basarse en el mapa venoso y no únicamente en la sencillez del procedimiento.

Ver la ficha completa de la escleroterapia →

Flebectomía ambulatoria

La flebectomía permite retirar ramas varicosas situadas cerca de la piel mediante pequeñas punciones. Se realiza con anestesia local y puede utilizarse de forma aislada o combinarse con la ablación de una vena safena.

Antes de realizarla debe comprobarse si las venas visibles dependen de un punto de reflujo más profundo que también necesita tratamiento.

Cirugía convencional

La cirugía consiste en ligar y retirar determinados segmentos venosos mediante pequeñas incisiones. Durante décadas fue el tratamiento habitual de las varices asociadas al reflujo de las venas safenas.

Actualmente se reserva principalmente para situaciones en las que las técnicas endovenosas no son posibles, no están disponibles o no resultan adecuadas por las características anatómicas.

Continúa siendo una opción eficaz, aunque suele asociarse con más incisiones, hematomas y tiempo de recuperación que los procedimientos realizados mediante catéter. Las guías europeas priorizan las técnicas endovenosas cuando pueden llevarse a cabo de forma segura.

Medicamentos para las varices

No existe un medicamento que haga desaparecer una variz ni que repare permanentemente sus válvulas.

Algunos fármacos venoactivos pueden aliviar temporalmente la pesadez, el dolor, los calambres o la sensación de hinchazón. Su función es principalmente sintomática.

Pueden considerarse cuando no se va a realizar una intervención, mientras se espera el procedimiento o si persisten determinadas molestias después del tratamiento. No sustituyen el eco-Doppler ni el tratamiento del reflujo cuando existen síntomas importantes, cambios en la piel o complicaciones.

Varices durante el embarazo

Las varices pueden aparecer por primera vez o hacerse más visibles durante el embarazo. El aumento del volumen sanguíneo, los cambios hormonales y la presión del útero sobre las venas pélvicas dificultan el retorno desde las piernas.

En muchas mujeres disminuyen durante los meses posteriores al parto. Por esta razón, los tratamientos intervencionistas suelen posponerse hasta que los cambios propios de la gestación se hayan estabilizado, salvo situaciones excepcionales.

Durante el embarazo pueden utilizarse actividad física, movimientos frecuentes de los tobillos, elevación de las piernas y medias de compresión adecuadamente adaptadas para aliviar las molestias.

Una pierna que se hincha de manera súbita y dolorosa durante la gestación no debe atribuirse automáticamente a las varices; en esa situación es necesario descartar una trombosis venosa profunda.

¿Se pueden prevenir las varices?

No existe una medida capaz de prevenir por completo las varices cuando hay predisposición familiar, envejecimiento de las venas o antecedentes de varios embarazos.

Mantenerse activo, evitar periodos prolongados de inmovilidad, cuidar el peso y movilizar las piernas durante viajes largos puede favorecer el retorno venoso y reducir algunas molestias. Estas medidas son beneficiosas para la salud circulatoria, pero no garantizan que las varices no aparezcan.

El calor puede dilatar temporalmente las venas y hacer más perceptibles la pesadez o la hinchazón, pero no se considera por sí solo la causa principal de la enfermedad. Cruzar las piernas tampoco ha demostrado ser una causa directa.

La prevención debe entenderse principalmente como una forma de favorecer la función venosa y evitar que la inmovilidad agrave una predisposición existente.

¿Pueden reaparecer después del tratamiento?

El tratamiento puede cerrar correctamente las venas seleccionadas, pero no elimina la predisposición a desarrollar enfermedad venosa.

Con el tiempo pueden dilatarse otras ramas, aparecer nuevas conexiones o reabrirse parcialmente un vaso tratado. Por ello, algunas personas necesitan más de una sesión o un nuevo procedimiento años después.

La aparición de nuevas varices no significa necesariamente que el tratamiento anterior se realizara de forma incorrecta. También puede formar parte de la evolución natural de la enfermedad.

Cuando reaparecen los síntomas, un nuevo eco-Doppler permite localizar el origen del reflujo y decidir si es suficiente mantener medidas conservadoras o conviene realizar otro tratamiento. Las guías recomiendan informar desde el principio de que pueden surgir nuevas varices y de que algunos casos requieren más de una sesión.

Vivir con varices en las piernas

La mayoría de las personas con varices puede mantener una vida activa. Caminar y practicar ejercicio no suele perjudicar las venas; al contrario, el movimiento activa la musculatura de la pantorrilla y facilita el retorno sanguíneo.

Cuando existe hinchazón o enfermedad venosa más avanzada, es importante cuidar la piel. Mantenerla hidratada ayuda a reducir la sequedad y el picor, mientras que cualquier herida alrededor del tobillo debe vigilarse porque puede cicatrizar con dificultad si persiste la presión venosa.

La decisión de tratar las varices no debe basarse exclusivamente en su apariencia. Los síntomas, su repercusión en la vida diaria, el estado de la piel, el resultado del eco-Doppler y las preferencias personales tienen un peso relevante.

Los tratamientos actuales permiten controlar la mayoría de las molestias y abordar las complicaciones mediante procedimientos ambulatorios. Aun así, la enfermedad venosa puede evolucionar, por lo que conviene prestar atención a los cambios que aparezcan con el tiempo.

Cuándo conviene consultar

Es aconsejable solicitar una valoración cuando las varices producen dolor, pesadez o hinchazón persistente, interfieren con la actividad diaria o se acompañan de picor, eccema, pigmentación o endurecimiento de la piel.

También conviene consultar si una vena se vuelve repentinamente dura, caliente, roja o dolorosa; si aparece una herida que no cicatriza; si una variz sangra; o si las venas reaparecen después de un tratamiento.

El sangrado de una variz requiere valoración vascular sin demora. La hinchazón súbita y dolorosa de una sola pierna necesita una evaluación rápida para descartar una trombosis venosa profunda.

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Tratamientos y pruebas de esta enfermedad

Fichas divulgativas con información detallada sobre cada procedimiento: en qué consiste, cómo prepararse y qué resultados pueden esperarse.

especialista en varices realiza tratamiento de varices con escleroterapia Tratamiento Escleroterapia para el tratamiento de las varices: en qué consiste, indicaciones y resultados Tratamiento mínimamente invasivo que cierra las varices inyectando una sustancia en su interior, sin cirugía ni ingreso hospitalario. Ver ficha Ablación térmica de varices: procedimiento y recuperación Tratamiento Ablación térmica de varices: procedimiento y recuperación Cierre de la vena safena mediante calor, con láser o radiofrecuencia, a través de una punción y sin necesidad de retirar la vena. Ver ficha especialista realiza tratamiento de varices con ultrasonido HIFU Tratamiento HIFU (ultrasonidos focalizados de alta intensidad) para el tratamiento de las varices Ultrasonidos focalizados de alta intensidad que cierran la vena insuficiente desde fuera de la piel, sin punciones ni incisiones. Ver ficha especialista en angiología realiza ecografía doppler en pierna de paciente con síntomas de varices Prueba diagnóstica Eco Doppler venoso para el estudio de las varices Ecografía que permite ver las venas de las piernas y estudiar cómo circula la sangre por su interior. Es la prueba clave para valorar las varices. Ver ficha
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