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Ablación térmica de varices: procedimiento y recuperación

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Ablación térmica de varices: procedimiento y recuperación

¿Qué es la ablación térmica de varices?

La ablación térmica endovenosa es un procedimiento que utiliza calor para cerrar una vena superficial que funciona de forma inadecuada. Se emplea principalmente cuando el problema afecta a una de las venas safenas, que recorren la parte superficial de las piernas y se conectan con otras ramas venosas más pequeñas.

Las venas contienen pequeñas válvulas que ayudan a que la sangre avance hacia el corazón. Cuando estas válvulas dejan de cerrar bien, una parte de la sangre retrocede por efecto de la gravedad. Este fenómeno se denomina reflujo venoso.

El aumento mantenido de presión puede hacer que las venas se dilaten y se vuelvan tortuosas. También puede causar pesadez, dolor, picor, calambres, hinchazón o sensación de cansancio. Cuando la insuficiencia venosa evoluciona, pueden aparecer cambios en el color y la textura de la piel, inflamación persistente o úlceras.

Durante la ablación, el especialista introduce un catéter dentro de la vena insuficiente y aplica energía térmica. El calor provoca que la pared venosa se contraiga y la vena quede cerrada.

La sangre no queda retenida en la pierna. Se redistribuye hacia otras venas que conservan una función adecuada y hacia el sistema venoso profundo, que transporta la mayor parte de la sangre de las extremidades inferiores.

Las guías actuales consideran la ablación endovenosa una opción preferente para muchas personas con varices sintomáticas y reflujo de una vena superficial principal, siempre que la anatomía y las circunstancias clínicas permitan realizarla.

Infografía médica científica que explica el tratamiento de varices con ablación térmica o radiofrecuencia

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Láser y radiofrecuencia: dos modalidades del mismo tratamiento

La ablación térmica puede realizarse mediante láser endovenoso o mediante radiofrecuencia. Las dos técnicas utilizan calor para cerrar la vena, aunque lo generan de forma diferente.

En el tratamiento con láser, una fibra transmite energía luminosa que se transforma en calor. En la radiofrecuencia, un catéter calienta la pared venosa de forma gradual y controlada.

Para la persona que recibe el tratamiento, el proceso es muy parecido. En ambos casos se introduce el dispositivo mediante una pequeña punción, se comprueba su posición con ecografía y se coloca anestesia local alrededor de la vena antes de aplicar la energía.

No puede afirmarse que una modalidad sea siempre mejor que la otra. El trayecto de la vena, su cercanía a la piel o a algunos nervios, la tecnología disponible y la experiencia del equipo también influyen en la elección.

¿En qué casos puede recomendarse?

La ablación térmica puede considerarse cuando una vena superficial insuficiente causa síntomas o contribuye a una enfermedad venosa relevante. Es frecuente que la persona consulte por pesadez, dolor, picor, calambres o hinchazón que empeoran al pasar muchas horas de pie. También puede existir una sensación de presión o cansancio al final del día.

En otros casos, el motivo de la valoración son cambios persistentes en la piel, episodios repetidos de inflamación de una vena superficial, sangrado de una variz o una úlcera relacionada con la insuficiencia venosa.

La presencia de venas visibles no basta para recomendar la ablación. Algunas varices llamativas proceden de pequeñas ramas que pueden tratarse con otras técnicas. Por el contrario, puede existir un reflujo importante en una vena safena aunque las varices externas no parezcan especialmente grandes.

Las guías aconsejan una valoración vascular cuando las varices producen síntomas, alteraciones cutáneas, trombosis venosa superficial, úlceras o sangrado. En presencia de sangrado, la valoración debe realizarse con especial rapidez.

¿Cómo se sabe si es el tratamiento adecuado?

La prueba fundamental es la ecografía Doppler venosa, que permite observar las venas y estudiar en qué dirección circula la sangre.

En el lenguaje médico también puede denominarse ecografía dúplex o eco-Doppler. El término “dúplex” indica que la prueba combina la imagen de las venas con el análisis del flujo sanguíneo. En esta ficha se utiliza principalmente “ecografía Doppler venosa”, porque es la denominación más reconocible para una persona sin formación sanitaria en España. La literatura médica española emplea habitualmente la expresión “eco-Doppler”.

La ecografía permite comprobar si las válvulas funcionan, localizar el punto donde comienza el reflujo y conocer su recorrido por la pierna. También muestra el diámetro y la profundidad de la vena y su relación con la piel, los nervios y otras estructuras.

Si el trayecto es muy tortuoso, la vena se encuentra demasiado cerca de la superficie o existen otras particularidades anatómicas, puede ser preferible utilizar una técnica diferente.

El especialista también tiene en cuenta la intensidad de los síntomas, los antecedentes de trombosis, la movilidad, las enfermedades asociadas y los medicamentos que pueden modificar el riesgo de sangrado o coagulación.

Por tanto, ser candidato a una ablación no consiste en cumplir una lista cerrada. Significa que, tras estudiar el origen de las varices y las circunstancias personales, se considera que el beneficio esperado puede superar los riesgos y que la técnica responde al problema encontrado.

Las guías recomiendan utilizar la ecografía para confirmar el diagnóstico, identificar el reflujo y planificar el tratamiento.

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La vena principal y sus ramas pueden requerir tratamientos diferentes

La ablación térmica se dirige a la vena que origina o mantiene el reflujo venoso. Al cerrarla, disminuye la presión que recibe el resto de las venas conectadas con ella.
Algunas ramas varicosas pueden reducirse después del procedimiento. Otras permanecen visibles y pueden tratarse mediante escleroterapia o microflebectomía, en la misma sesión o en un momento posterior.

¿Hay que utilizar primero medias de compresión?

Las medias de compresión pueden aliviar la pesadez y la hinchazón, pero no reparan las válvulas ni eliminan el reflujo de una vena insuficiente.

Siguen siendo importantes cuando una intervención no está indicada, no se desea o debe posponerse. También forman parte del tratamiento de algunas personas con enfermedad venosa avanzada o úlceras.

Sin embargo, cuando existe reflujo confirmado, la persona desea tratarlo y la intervención está clínicamente indicada, no siempre es necesario prolongar durante meses una terapia compresiva antes de valorar una ablación. Las guías norteamericanas desaconsejan imponer rutinariamente un periodo previo de compresión a todos los candidatos.

Preparación antes del procedimiento

La preparación suele ser sencilla, pero debe adaptarse a cada persona.

Antes de la intervención se revisan la historia clínica, los antecedentes de trombosis o sangrado, las alergias y la medicación habitual. Los anticoagulantes, antiagregantes y otros medicamentos no deben suspenderse por iniciativa propia. En algunos casos pueden mantenerse; en otros será necesario modificar temporalmente la pauta bajo supervisión médica.

Cuando el procedimiento se realiza únicamente con anestesia local, puede no ser necesario acudir en ayunas. Las instrucciones cambian si se prevé sedación o si la ablación se combina con otras intervenciones.

El equipo indicará si conviene llevar una media de compresión, qué ropa resulta más cómoda y si es necesario acudir acompañado. También explicará cuándo puede conducirse y qué actividad es aconsejable durante las primeras horas.

¿Cómo se realiza la ablación térmica?

La ablación suele realizarse de forma ambulatoria, en una sala preparada para procedimientos vasculares y bajo control continuo de ecografía.

1. Localización y acceso a la vena

Antes de comenzar, el especialista estudia nuevamente el recorrido de la vena. Después desinfecta la piel y realiza una pequeña punción.

A través de esa entrada introduce una guía y, posteriormente, el catéter de láser o radiofrecuencia. La ecografía permite comprobar que el dispositivo avanza por el interior de la vena y que su extremo queda situado en el lugar previsto.

2. Anestesia alrededor de la vena

Una vez colocado el catéter, se administra alrededor de la vena una solución de anestesia local. Esta técnica recibe el nombre médico de anestesia tumescente.

Además de reducir las molestias, la solución comprime la vena alrededor del dispositivo y crea una capa protectora entre la fuente de calor y la piel o los nervios próximos.

3. Aplicación de la energía

Cuando la posición es correcta y la zona está anestesiada, se activa el láser o la radiofrecuencia. El catéter se retira poco a poco mientras el calor actúa sobre la pared venosa y provoca su cierre.

La persona puede notar presión, tirantez o alguna molestia breve, pero no debería sentir dolor intenso. Si aparece, debe comunicarlo para que el equipo revise la posición o añada más anestesia.

Al terminar se retira el catéter y se cubre el punto de entrada. Como el acceso se realiza mediante una punción pequeña, normalmente no son necesarios puntos de sutura.

La persona suele levantarse y caminar poco después.

¿Necesita ingreso o anestesia general?

La ablación térmica se realiza habitualmente con anestesia local y sin ingreso hospitalario. En algunos centros puede añadirse una sedación ligera, especialmente si se van a tratar varios segmentos o se combina la ablación con otros procedimientos. La anestesia general no suele ser necesaria cuando se realiza únicamente una ablación endovenosa.

La duración depende del número de venas tratadas, de la longitud del segmento insuficiente, de la anatomía y de si se realizan otros tratamientos en la misma sesión.

¿Es dolorosa?

La mayoría de las personas tolera bien el procedimiento. La parte más molesta suele ser la colocación de la anestesia alrededor de la vena, que requiere varias pequeñas punciones.

Durante la aplicación del láser o la radiofrecuencia puede sentirse presión o tirantez. Después es posible notar sensibilidad, una sensación de cordón bajo la piel o molestias parecidas a agujetas.

Estas sensaciones suelen disminuir de forma gradual. Un dolor intenso, un empeoramiento progresivo o una inflamación desproporcionada requieren valoración médica.

¿Qué ocurre con las varices que siguen visibles?

Cerrar la vena que origina el reflujo puede reducir la presión sobre las ramas varicosas conectadas con ella. Algunas disminuyen durante las semanas siguientes, pero otras permanecen visibles.

Estas ramas pueden tratarse mediante escleroterapia, que introduce una sustancia para cerrar el vaso, o mediante microflebectomía, que permite retirar determinados segmentos varicosos a través de incisiones muy pequeñas.

En algunas personas estos tratamientos se realizan durante la misma sesión. En otras se espera a observar cómo evoluciona la pierna después de cerrar la vena principal.

Las guías contemplan tanto el tratamiento simultáneo como el diferido de estas ramas, según su tamaño, distribución, síntomas y el plan acordado con el paciente.

¿Qué resultados pueden esperarse?

El primer objetivo es que la vena insuficiente quede correctamente cerrada. Cuando la persona está bien seleccionada y el procedimiento se realiza de forma adecuada, tanto el láser como la radiofrecuencia ofrecen resultados anatómicos generalmente favorables.

La mejoría de los síntomas depende de que estos estén relacionados con el reflujo tratado. La pesadez, el dolor, la presión o parte de la hinchazón pueden disminuir, pero no todas las molestias de las piernas tienen un origen venoso. También pueden coexistir problemas musculares, articulares, neurológicos o linfáticos. Por eso, una vena cerrada correctamente no garantiza que desaparezca cualquier síntoma.

La mejoría suele ser gradual. Algunas personas perciben cambios durante las primeras semanas. Las ramas varicosas, la inflamación o las alteraciones de la piel pueden necesitar más tiempo.

Cuando existen úlceras venosas, la ablación puede formar parte de un tratamiento más amplio que incluye compresión, curas y seguimiento especializado.

Riesgos y posibles complicaciones

La ablación térmica es menos invasiva que la cirugía abierta, pero no está exenta de riesgos.

Durante los primeros días pueden aparecer pequeños hematomas, tirantez, sensibilidad o una zona endurecida a lo largo de la vena. Estas molestias suelen ser temporales.

También puede inflamarse una vena superficial. La zona puede notarse dura, caliente, enrojecida o dolorosa. Aunque a menudo se trata de una reacción limitada, conviene valorarla si el dolor aumenta o el enrojecimiento se extiende.

Cuando la vena discurre cerca de un nervio sensitivo puede aparecer hormigueo o adormecimiento. Generalmente es temporal, pero en algunos casos puede persistir.

Las quemaduras de la piel son poco frecuentes. El control ecográfico y la anestesia colocada alrededor de la vena ayudan a proteger los tejidos frente al calor.

Otra posible complicación es que el coágulo se extienda desde la vena tratada hacia una vena profunda. También puede producirse una trombosis venosa profunda y, de manera mucho menos habitual, una embolia pulmonar.

El riesgo no es igual para todas las personas. Los antecedentes de trombosis, la movilidad, la extensión del tratamiento y otras enfermedades pueden modificarlo. Por eso se realiza una evaluación previa y se adapta el seguimiento a cada situación.

¿Cómo es la recuperación?

La mayoría de las personas puede caminar poco después del procedimiento. La movilización temprana favorece el retorno de la sangre y suele ser preferible a permanecer en reposo durante muchas horas.

1. Durante los primeros días

Es habitual notar tirantez, sensibilidad o pequeñas zonas endurecidas. Puede alternarse la actividad suave con periodos de descanso, evitando permanecer inmóvil durante demasiado tiempo.

No suele ser necesario guardar cama. Caminar con regularidad, dentro de los límites indicados por el equipo, forma parte de la recuperación habitual.

2. Vuelta al trabajo

La reincorporación depende del tipo de actividad profesional y de las molestias.

Una persona con un trabajo sedentario puede retomar antes su rutina que alguien que debe permanecer muchas horas de pie, levantar peso o realizar esfuerzo físico. Por eso no es adecuado prometer que todo el mundo podrá volver a trabajar en 24 o 48 horas.

3. Ejercicio y vida cotidiana

Caminar suele recomendarse desde el principio. El ejercicio intenso, las cargas elevadas, la sauna, los baños prolongados o algunas actividades deportivas pueden limitarse temporalmente.

La conducción puede reanudarse cuando sea posible mover la pierna con normalidad, realizar una frenada de emergencia sin dolor y no se estén utilizando medicamentos que reduzcan la capacidad de reacción.

Si se ha administrado sedación, no debe conducirse el mismo día.

4. Medias de compresión

Las medias pueden ayudar a reducir algunas molestias iniciales, pero no existe una duración universal válida para todos los pacientes.

El tiempo de uso depende de la extensión tratada, de si se han realizado otros procedimientos, del edema previo y del protocolo de la unidad. Deben seguirse las instrucciones recibidas.

Seguimiento y duración de los resultados

La revisión posterior permite comprobar el punto de punción, valorar las molestias y observar cómo evolucionan las varices y los síntomas.

En determinadas personas se realiza una ecografía Doppler para confirmar que la vena permanece cerrada y comprobar que no existen complicaciones trombóticas. La necesidad y el momento de esta prueba pueden variar según el riesgo individual y la evolución.

Durante el seguimiento también se decide si quedan ramas varicosas que puedan beneficiarse de una escleroterapia o una microflebectomía.

Aunque el cierre puede mantenerse durante años, la enfermedad venosa puede evolucionar. La aparición de nuevas varices no significa necesariamente que el tratamiento inicial se realizara de forma incorrecta; puede deberse al deterioro de otras venas o a la apertura de nuevas vías de circulación.

Diferencias entre ablación térmica y escleroterapia

La ablación térmica utiliza calor para cerrar la vena. La escleroterapia introduce una sustancia líquida o en espuma que produce una reacción controlada en la pared del vaso.

La escleroterapia resulta especialmente útil para tratar ramas varicosas, venas residuales, determinados casos de recurrencia y vasos de menor calibre. También puede utilizarse sobre una vena safena cuando la ablación térmica no resulta adecuada.

Para muchas personas con reflujo confirmado en una vena superficial principal, NICE recomienda ofrecer primero ablación térmica cuando sea posible. Si no resulta adecuada, se considera la escleroterapia con espuma guiada por ecografía y, posteriormente, la cirugía.

Esto no significa que una técnica sea mejor en cualquier circunstancia. Cada una responde a patrones venosos diferentes y, en ocasiones, se utilizan de forma complementaria.

Otras alternativas

Cuando la ablación térmica no está indicada pueden considerarse técnicas no térmicas, escleroterapia, microflebectomía o cirugía convencional.

Algunos procedimientos cierran la vena mediante un adhesivo médico o mediante una combinación de acción mecánica y química. Al no utilizar calor, pueden evitar la anestesia alrededor de la vena, aunque tienen sus propias indicaciones, limitaciones y riesgos.

La cirugía continúa siendo una alternativa cuando el trayecto de la vena no permite introducir el catéter o cuando no se dispone de una técnica endovenosa apropiada.

La elección no debe plantearse como una competición entre tecnologías. El objetivo es seleccionar el tratamiento que mejor responda al origen del reflujo, a la anatomía y a las necesidades clínicas de cada persona.

Situaciones que necesitan una valoración especial

Durante el embarazo, las intervenciones sobre las varices suelen posponerse salvo circunstancias excepcionales. Habitualmente se utilizan medidas conservadoras y se reevalúa la circulación venosa después del parto.

Las personas que toman anticoagulantes o antiagregantes necesitan una planificación individual. Estos medicamentos no deben suspenderse sin supervisión.

Un antecedente de trombosis tampoco excluye automáticamente la ablación. Sin embargo, obliga a estudiar cuidadosamente el sistema venoso profundo y el riesgo de nuevas complicaciones.

Cuando existen úlceras venosas, la ablación puede integrarse en un tratamiento que incluya compresión, cuidados especializados de la herida y seguimiento clínico.

Cuándo consultar después del tratamiento

Los pequeños hematomas, la tirantez y una sensibilidad moderada pueden formar parte de la recuperación. Deberían disminuir progresivamente.

Conviene contactar con el equipo médico si el dolor aumenta en lugar de mejorar, el enrojecimiento se extiende, aparece fiebre, la pierna se hincha más de lo esperado o el punto de punción presenta secreción.

Debe solicitarse atención sanitaria urgente ante:

  • Dificultad repentina para respirar.

  • Dolor en el pecho.

  • Tos con sangre.

  • Hinchazón brusca y marcada de una pierna.

  • Dolor intenso en la pantorrilla acompañado de aumento de volumen.

  • Desmayo o mareo intenso.

  • Sangrado que no se detiene al aplicar presión directa.

Qué especialistas intervienen

La valoración suele estar dirigida por un especialista en Angiología y Cirugía Vascular o por un profesional con formación específica en enfermedad venosa y procedimientos endovenosos.

La ecografía Doppler puede realizarla el propio especialista o una unidad de diagnóstico vascular. No debe entenderse como una prueba aislada, sino como una parte esencial de la valoración y de la planificación del tratamiento. El personal de enfermería vascular interviene en la preparación, los cuidados posteriores, la compresión y la educación sanitaria.

En personas con úlceras o enfermedad venosa avanzada también pueden participar unidades de heridas, dermatología u otros especialistas.

El seguimiento permite valorar el resultado completo

El cierre de la vena tratada es una parte del resultado. También se valora la evolución de los síntomas, la hinchazón, los cambios en la piel y las ramas varicosas que puedan permanecer visibles.
Cuando reaparecen molestias o se forman nuevas varices, la exploración y la ecografía Doppler permiten identificar qué venas están implicadas y decidir si es necesario otro tratamiento.

Preguntas frecuentes

¿La vena tratada es necesaria para que circule la sangre?

Cuando una vena presenta un reflujo importante, ya no está colaborando eficazmente con el retorno venoso. Al cerrarla, la sangre se redistribuye por otras venas que funcionan correctamente. Antes del tratamiento se comprueba que el sistema venoso profundo es permeable.

¿Puede tratarse más de una vena en la misma sesión?

En algunos casos sí. La decisión depende de la extensión de la enfermedad, de la duración prevista, de la anatomía y del riesgo individual.

¿Deja cicatrices?

La ablación se realiza mediante una pequeña punción. Si se añaden microflebectomías pueden practicarse pequeñas incisiones, que suelen dejar marcas discretas.

¿Es mejor el láser o la radiofrecuencia?

Ambas técnicas pueden conseguir un cierre eficaz. La elección depende de la anatomía, del dispositivo y de la experiencia del equipo, no solo del nombre de la tecnología.

¿Cuándo se puede volver a trabajar?

Depende del tipo de trabajo, de la extensión tratada y de las molestias. Muchas personas retoman pronto una actividad ligera, pero no existe un plazo idéntico para todos.

¿Las varices pueden volver?

La vena tratada puede permanecer cerrada, pero pueden aparecer nuevas varices en otros segmentos o producirse una reapertura parcial. La enfermedad venosa puede evolucionar con el tiempo.

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