Escleroterapia para el tratamiento de las varices: en qué consiste, indicaciones y resultados

Tabla de contenidos
¿Qué es la escleroterapia?
La escleroterapia es un tratamiento utilizado para cerrar venas dilatadas, visibles bajo la piel o que no funcionan correctamente.
El procedimiento consiste en inyectar directamente en la vena una sustancia llamada esclerosante, que puede administrarse en forma líquida o de espuma. Esta sustancia provoca una reacción controlada en la pared interna del vaso, haciendo que sus paredes se aproximen y se adhieran.
El objetivo es que la vena deje de transportar sangre. Cuando el tratamiento consigue cerrarla, el flujo sanguíneo se redirige de forma natural hacia otros vasos que mantienen una función adecuada. Por tanto, la sangre no queda atrapada en la pierna.
Con el paso del tiempo, el organismo va transformando y reduciendo progresivamente la vena tratada, que puede hacerse menos visible o llegar a desaparecer. Sin embargo, el cierre no siempre es completo ni definitivo. Algunas venas necesitan más de una sesión y, en ciertos casos, pueden volver a abrirse con el tiempo.
La escleroterapia puede tener una finalidad médica, estética o ambas. Se utiliza para tratar pequeñas arañas vasculares, venas reticulares y determinadas ramas varicosas que pueden provocar dolor, pesadez, hinchazón u otras molestias relacionadas con la insuficiencia venosa. Las guías clínicas contemplan el empleo de escleroterapia líquida o con espuma en pacientes seleccionados, según el tipo de vena y sus características.
Desde el punto de vista médico, se considera una técnica de ablación química, porque intenta cerrar la vena mediante una sustancia, en lugar de utilizar calor. No obstante, el término habitual y más comprensible es escleroterapia.
¿Necesita saber qué tratamiento puede ser adecuado para sus varices?
El tamaño, la profundidad y el origen de las venas permiten decidir si puede utilizarse escleroterapia líquida, espuma guiada por ecografía, ablación térmica u otra técnica.

Escleroterapia líquida y escleroterapia con espuma
El medicamento puede administrarse en forma líquida o convertido en espuma. La elección depende, sobre todo, del tamaño, la profundidad y el recorrido de la vena.
Escleroterapia líquida
La forma líquida se utiliza principalmente en arañas vasculares, venas reticulares y otros vasos pequeños situados cerca de la piel. El especialista introduce una aguja muy fina e inyecta una pequeña cantidad del producto. En una misma sesión pueden tratarse varias venas, aunque la extensión depende de la dosis máxima que pueda utilizarse con seguridad.
Escleroterapia con espuma
La espuma se prepara mezclando el medicamento con un gas mediante una técnica controlada. Al entrar en la vena, desplaza temporalmente parte de la sangre y permite que el producto permanezca más tiempo en contacto con la pared del vaso.
Suele utilizarse en venas de mayor calibre, ramas varicosas, varices que reaparecen después de otros tratamientos y determinados segmentos venosos que no resultan fáciles de abordar con un catéter. La espuma no es simplemente una versión “más fuerte” del líquido. Es una presentación diferente, con indicaciones, dosis y precauciones específicas.
¿Cuándo se utiliza la ecografía Doppler?
La ecografía Doppler venosa se utiliza cuando la vena no puede verse o palparse con claridad, cuando se encuentra a mayor profundidad o cuando es necesario conocer su conexión con otras venas.
En el lenguaje médico también pueden emplearse las expresiones ecografía dúplex, eco-Doppler o escleroterapia ecoguiada. En esta ficha se utiliza principalmente “ecografía Doppler” porque es la denominación más reconocible para una persona sin formación sanitaria en España.
La imagen permite localizar la vena, comprobar la posición de la aguja y observar la distribución inicial de la espuma. También ayuda a conocer si existe un retroceso anómalo de la sangre, denominado reflujo venoso, en una vena principal.
Las recomendaciones actuales aconsejan utilizar guía ecográfica al tratar ramas varicosas profundas, venas perforantes, varices recurrentes y troncos venosos como las venas safenas.
¿En qué casos puede recomendarse?
La escleroterapia puede ser adecuada cuando las venas que se desean tratar tienen un tamaño, una profundidad y un recorrido compatibles con la técnica.
En las arañas vasculares y las venas muy pequeñas, el objetivo suele ser mejorar el aspecto de la piel, aunque algunas personas también presentan picor, escozor o molestias locales.
En las ramas varicosas de mayor tamaño puede buscarse una mejoría tanto estética como funcional. La técnica puede reducir el dolor, la inflamación o la sensación de pesadez cuando estos síntomas están relacionados con las venas tratadas.
También se utiliza con frecuencia para tratar varices que siguen visibles después de una ablación térmica o una cirugía, así como determinados casos de recurrencia.
La espuma guiada por ecografía puede emplearse sobre venas más profundas y, en situaciones seleccionadas, sobre una vena safena. Sin embargo, cuando existe un reflujo importante a lo largo de una vena principal, las guías suelen valorar primero la ablación térmica si la anatomía permite realizarla.
La elección no depende únicamente de lo grande o llamativa que parezca la variz. Dos venas de aspecto similar pueden tener un origen diferente y necesitar tratamientos distintos.
¿Cómo se sabe si es el tratamiento adecuado?
La valoración comienza con la exploración de las piernas y una conversación sobre los síntomas, los tratamientos previos y los antecedentes personales.
En pequeñas venas superficiales puede ser suficiente una exploración detallada. Cuando existen varices de mayor tamaño, hinchazón, cambios en la piel, dolor persistente o antecedentes de intervenciones previas, suele ser necesario completar el estudio con una ecografía Doppler.
Esta prueba permite comprobar si las válvulas venosas funcionan correctamente, identificar el origen de las varices y estudiar el sistema venoso profundo.
También se revisan los antecedentes de trombosis, la movilidad, las alergias y los medicamentos que puedan modificar el riesgo de sangrado o coagulación.
La escleroterapia puede ser una buena opción para una vena y no resultar adecuada para otra situada muy cerca. Por eso la indicación debe ajustarse al patrón venoso de cada persona, no únicamente a la apariencia externa de la pierna.
La escleroterapia puede utilizarse en arañas vasculares, venas reticulares, ramas varicosas y algunas varices residuales.
Antes de tratar una vena, conviene comprobar mediante valoración clínica y, cuando procede, ecografía Doppler, si se trata de una vena aislada o si forma parte de un problema venoso más amplio. Esta información ayuda a elegir la técnica más adecuada y a planificar el tratamiento con mayor precisión.
¿Cuándo puede no estar indicada?
La escleroterapia no se realiza de manera rutinaria durante el embarazo y suele posponerse hasta después del parto. Tampoco debe aplicarse cuando existe una infección activa en la zona, una alergia conocida al producto o una trombosis venosa aguda.
Las personas con antecedentes de trombosis, movilidad muy reducida, riesgo elevado de formación de coágulos o determinadas enfermedades cardiopulmonares necesitan una valoración especialmente cuidadosa. Algunas de estas circunstancias impiden el tratamiento; otras obligan a modificar la técnica, reducir la dosis o establecer medidas adicionales de prevención y seguimiento.
Preparación antes de la sesión
La preparación suele ser sencilla y el tratamiento se realiza de forma ambulatoria. Antes de comenzar se revisan las alergias, los medicamentos y los antecedentes de trombosis o sangrado. Los anticoagulantes y antiagregantes no deben suspenderse sin indicación médica.
Normalmente no se necesita anestesia general ni es preciso acudir en ayunas. La aguja es muy fina, aunque la inyección puede producir un escozor o una sensación de presión breve. El día del tratamiento suele recomendarse acudir con ropa cómoda y sin aplicar cremas o aceites sobre la pierna. El equipo indicará si es necesario llevar una media de compresión.
¿Cómo se realiza?
La persona permanece tumbada mientras el especialista identifica las venas que se van a tratar y limpia la piel con una solución antiséptica.
– Inyección directa
Cuando las venas son pequeñas y visibles, la punción puede realizarse directamente. El medicamento se introduce lentamente mediante una aguja muy fina.
– Inyección guiada por ecografía
Cuando la vena está a mayor profundidad, el especialista utiliza la ecografía para colocar la aguja con precisión. Si se emplea espuma, puede observar cómo ocupa el segmento seleccionado.
Durante la inyección puede notarse picor, presión o una sensación de quemazón breve. Cualquier dolor intenso, dificultad respiratoria, alteración visual o síntoma inesperado debe comunicarse de inmediato.
– Después de la inyección
Al finalizar puede colocarse una pequeña compresión sobre los puntos tratados y, según el caso, una media o un vendaje. La persona suele levantarse y caminar poco después. En algunas venas puede ser necesario repetir la inyección en otra sesión.
NICE (National Institute for Health and Care Excellence, Reino Unido) que la evidencia disponible permite el uso habitual de la escleroterapia con espuma guiada por ecografía, siempre que se realicen una adecuada selección, consentimiento y vigilancia de los posibles efectos adversos.
¿Es dolorosa?
La mayoría de las personas tolera bien la escleroterapia. El pinchazo suele ser leve. Durante la entrada del producto puede sentirse escozor, calor o presión durante unos segundos.
Después, la vena puede notarse sensible o endurecida. En vasos de mayor tamaño, esta sensación puede mantenerse durante varias semanas mientras se completa el proceso de cierre. Un dolor intenso, una hinchazón marcada o un empeoramiento progresivo no deben considerarse una reacción normal y requieren valoración médica.
¿Cuántas sesiones son necesarias?
No siempre es posible completar el tratamiento en una sola visita. El número de sesiones depende de la cantidad y el tamaño de las venas, de la respuesta al medicamento y de la dosis máxima que puede administrarse con seguridad.
Las arañas vasculares extensas pueden requerir varias sesiones aunque cada vaso sea pequeño. Las venas de mayor calibre también pueden necesitar nuevas inyecciones si no se cierran completamente.
Entre las sesiones se deja un tiempo para que disminuyan la inflamación, los hematomas y los cambios de coloración. Por eso el resultado global de una pierna no siempre puede valorarse inmediatamente después del primer tratamiento.
¿Qué resultados pueden esperarse?
La escleroterapia busca que la vena se cierre y deje de transportar sangre. Las venas pequeñas suelen aclararse de manera progresiva durante las semanas posteriores. Algunas desaparecen casi por completo; otras disminuyen, pero continúan siendo visibles.
Las venas de mayor tamaño pueden endurecerse y notarse como un cordón antes de ir reduciéndose. Este proceso puede tardar semanas o meses. La mejoría del dolor, la pesadez o la inflamación depende de que estos síntomas estén realmente relacionados con las venas tratadas. Si existen otras venas insuficientes o causas no venosas, la respuesta puede ser parcial.
La espuma puede ofrecer buenos resultados en ramas varicosas y venas recurrentes. Sin embargo, cuando se utiliza sobre una vena safena, puede existir una mayor probabilidad de reapertura o de necesitar nuevas sesiones que con algunas técnicas térmicas. Esta diferencia no convierte una opción en universalmente mejor: obliga a elegir el tratamiento según la anatomía y el objetivo clínico.
La inyección inicia un proceso de cierre y reducción de la vena que continúa durante las semanas posteriores al tratamiento.
Mientras se produce esta evolución, la zona tratada puede permanecer visible, endurecida, sensible o más oscura. El resultado se valora cuando la reacción inicial ha disminuido y la vena ha tenido tiempo de responder al tratamiento.
Riesgos y efectos secundarios
La mayoría de los efectos posteriores son leves y temporales. Es frecuente que aparezcan pequeños hematomas, picor, sensibilidad o enrojecimiento alrededor de los puntos de inyección.
También puede quedar una coloración marrón sobre el recorrido de la vena. Esta hiperpigmentación suele aclararse, aunque puede persistir durante meses y, en algunos casos, permanecer. A veces aparecen pequeños vasos rojizos alrededor de la zona tratada. Este fenómeno se conoce como matting o neoformación de pequeñas venas superficiales.
En las venas de mayor tamaño puede quedar sangre atrapada dentro del vaso cerrado. Se percibe como una zona dura, oscura o dolorosa y, en determinados casos, puede evacuarse mediante una pequeña punción. La vena también puede inflamarse, produciendo una flebitis superficial. Aunque normalmente afecta a un segmento limitado, debe vigilarse si el dolor o el enrojecimiento se extienden.
La trombosis venosa profunda y la embolia pulmonar son complicaciones poco frecuentes, pero importantes. El riesgo depende de los antecedentes personales, de la extensión tratada y de otros factores clínicos.
Riesgos específicos de la espuma
La espuma puede producir algunos efectos transitorios que no son habituales con el producto líquido. Entre ellos se encuentran la visión borrosa, la aparición de destellos, el dolor de cabeza, la tos o una sensación breve de opresión en el pecho.
NICE señala que durante el consentimiento deben explicarse estos síntomas y otras complicaciones poco frecuentes, pero relevantes, como episodios neurológicos o cardiacos. La mayoría de los síntomas transitorios se resuelve, pero cualquier alteración visual persistente, dificultad para hablar, pérdida de fuerza, dolor torácico o falta de aire requiere valoración inmediata.
¿Cómo es la recuperación?
La escleroterapia permite caminar y mantener una actividad moderada desde el mismo día en la mayoría de los casos. No suele ser necesario guardar reposo en cama. Caminar favorece el movimiento de la sangre por las venas profundas y evita periodos prolongados de inmovilidad.
Durante los primeros días pueden aparecer sensibilidad, tirantez o pequeñas zonas endurecidas.
– Medias de compresión
El equipo puede recomendar una media o un vendaje después de la sesión. La duración depende del tamaño de las venas, del tipo de producto utilizado y del protocolo clínico.
– Trabajo y ejercicio
Muchas personas pueden continuar con actividades ligeras. La vuelta al trabajo depende de las molestias y de las exigencias físicas de la profesión. Caminar suele ser aconsejable. El ejercicio intenso, los deportes de impacto, la sauna y los baños muy calientes pueden limitarse temporalmente. También conviene proteger del sol las zonas con hematomas o pigmentación, porque la exposición puede oscurecer las manchas.
– Seguimiento
La revisión permite comprobar si la vena se ha cerrado y si la reacción local evoluciona como se esperaba. En las venas pequeñas, el resultado se valora cuando han disminuido los hematomas y la inflamación. En vasos más profundos puede realizarse una ecografía Doppler.
Si queda sangre atrapada dentro de una vena cerrada, el especialista puede evacuarla para aliviar las molestias y reducir el riesgo de pigmentación. También puede programar una nueva sesión si quedan segmentos abiertos o existen otras venas que todavía necesitan tratamiento. La aparición posterior de nuevas varices no significa necesariamente que la técnica se realizara mal. La enfermedad venosa puede evolucionar y afectar a otras venas con el tiempo.
Diferencias con la ablación térmica
La escleroterapia cierra la vena mediante una sustancia. La ablación térmica utiliza un catéter que aplica calor mediante láser o radiofrecuencia. La escleroterapia resulta especialmente útil en arañas vasculares, ramas tortuosas, venas residuales y determinadas recurrencias.
La ablación térmica se utiliza con frecuencia cuando existe reflujo a lo largo de una vena safena y su recorrido permite introducir un catéter. NICE establece una secuencia en la que, para determinadas varices con reflujo troncular, se ofrece primero la ablación térmica cuando resulta adecuada; si no puede realizarse, se considera la escleroterapia con espuma guiada por ecografía y, posteriormente, la cirugía.
Las dos técnicas pueden complementarse. Por ejemplo, una ablación térmica puede cerrar la vena principal y la escleroterapia tratar después las ramas que continúan visibles o sintomáticas.
Situaciones que requieren una valoración especial
La escleroterapia suele posponerse durante el embarazo. Muchas varices cambian después del parto y pueden reevaluarse cuando la circulación se ha estabilizado. Los antecedentes de trombosis no excluyen automáticamente el tratamiento, pero obligan a estudiar el sistema venoso y el riesgo individual.
Las personas que toman anticoagulantes o antiagregantes no deben modificar la medicación sin supervisión médica. También requieren una valoración cuidadosa quienes presentan movilidad muy reducida, alergias conocidas, enfermedad arterial significativa o determinadas enfermedades cardiopulmonares.
Cuándo consultar después del tratamiento
Los pequeños hematomas, el picor leve, la sensibilidad y el endurecimiento localizado pueden formar parte de la evolución habitual. Deben mejorar progresivamente.
Conviene contactar con el equipo si el dolor aumenta, el enrojecimiento se extiende, aparece fiebre o la pierna se hincha más de lo esperado.
Debe solicitarse atención urgente ante:
Dificultad repentina para respirar.
Dolor en el pecho.
Tos con sangre.
Hinchazón brusca y marcada de una pierna.
Pérdida de fuerza o sensibilidad.
Dificultad para hablar.
Alteración visual persistente.
Hinchazón de la cara, los labios o la garganta.
Desmayo.
El listado se mantiene porque permite identificar rápidamente situaciones que pueden requerir atención inmediata.
Qué especialistas intervienen
La valoración suele estar dirigida por un especialista en Angiología y Cirugía Vascular, que estudia el origen y la extensión de la enfermedad venosa y determina qué tratamiento puede resultar más adecuado en cada caso.
En nuestro hospital contamos con una Unidad de Patología Varicosa, integrada en Angiología y Cirugía Vascular y especializada en el diagnóstico y tratamiento de las varices y otras enfermedades venosas. La valoración se apoya fundamentalmente en la exploración clínica y la ecografía Doppler vascular, que permiten conocer la anatomía y el funcionamiento del sistema venoso antes de decidir el tratamiento.
Cuando está indicado, la Unidad dispone de diferentes alternativas terapéuticas, entre ellas técnicas mínimamente invasivas como la ablación térmica, la microespuma y, en determinados casos, el tratamiento mediante ultrasonidos focalizados de alta intensidad. La elección se realiza de forma individualizada según las características de las venas afectadas y la situación clínica de cada persona.
El personal de enfermería participa también en la preparación, los cuidados posteriores y las indicaciones necesarias durante el proceso asistencial.
Preguntas frecuentes
¿La escleroterapia sirve para cualquier variz?
No. Es especialmente útil en arañas vasculares, ramas varicosas, venas residuales y algunas recurrencias. Determinadas venas safenas pueden necesitar una ablación térmica u otra técnica.
¿Es lo mismo que la ablación química?
Sí. La escleroterapia es una forma de ablación química, aunque “escleroterapia” es la denominación clínica y divulgativa más utilizada.
¿La vena desaparece al terminar la sesión?
No. El medicamento inicia un proceso gradual. La vena puede tardar semanas o meses en reducirse.
¿Puede dejar manchas?
Sí. Puede aparecer una pigmentación marrón que suele aclararse, aunque en algunas personas persiste.
¿Cuántas sesiones pueden ser necesarias?
Depende de la cantidad y el tamaño de las venas. Algunas personas necesitan una sesión y otras requieren varias.
¿Las varices pueden volver?
La vena tratada puede cerrarse, pero pueden aparecer nuevas varices en otros vasos o reabrirse algún segmento.
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