PIPAC: quimioterapia intraperitoneal presurizada en aerosol

Tabla de contenidos
La PIPAC —quimioterapia intraperitoneal presurizada en aerosol— administra quimioterapia directamente en la cavidad abdominal mediante laparoscopia. Puede formar parte del tratamiento de determinadas enfermedades tumorales del peritoneo y, en muchos contextos, se utiliza dentro de programas especializados o protocolos de investigación.
En qué consiste la PIPAC
El peritoneo es una membrana fina que recubre el interior del abdomen y buena parte de sus órganos. Algunos tumores pueden extenderse por esta superficie y formar implantes en diferentes regiones abdominales.
Durante una PIPAC, el medicamento antitumoral se transforma en pequeñas gotas y se introduce en la cavidad abdominal mediante un sistema de nebulización. El abdomen permanece insuflado con dióxido de carbono, como en otras intervenciones laparoscópicas, y la quimioterapia se distribuye en forma de aerosol bajo condiciones controladas de presión.
La combinación de administración directa, aerosolización y presión busca favorecer el contacto del fármaco con las superficies peritoneales y su penetración superficial en los tejidos. La distribución, sin embargo, depende de la anatomía abdominal, de la presencia de adherencias, de la extensión de la enfermedad y de las características técnicas del procedimiento.
Parte del medicamento puede absorberse hacia la circulación general. Por ello, aunque la administración se realiza dentro del abdomen, la PIPAC no debe entenderse como un tratamiento exclusivamente local ni exento de posibles efectos sistémicos.
La laparoscopia permite observar directamente la cavidad abdominal, obtener biopsias de los implantes y administrar la quimioterapia aerosolizada. Cuando se realizan varias sesiones, estas muestras pueden ayudar a comparar cómo cambia el tejido tumoral a lo largo del tratamiento.
Más información sobre la PIPAC
El equipo de Cirugía Oncológica puede ofrecer información adicional sobre la técnica, cómo se administra y las situaciones en las que puede valorarse dentro del tratamiento de la enfermedad peritoneal.
Qué aporta la administración en aerosol y bajo presión
La PIPAC combina tres elementos: la administración intraperitoneal del medicamento, su transformación en aerosol y la presión existente dentro del abdomen durante la laparoscopia.
La vía intraperitoneal sitúa el fármaco directamente en contacto con las superficies donde se encuentra la enfermedad. La nebulización lo dispersa en pequeñas gotas y la presión puede favorecer el contacto y la penetración superficial.
Esto no significa que el medicamento se distribuya de manera perfectamente homogénea por toda la cavidad abdominal ni que alcance capas profundas del tumor. Las adherencias, la anatomía y la distribución de los implantes pueden modificar de forma importante cómo llega el aerosol a cada región.
El medicamento, la dosis y las condiciones de administración tampoco son idénticos para todos los tumores. Existen consensos técnicos, pero continúan existiendo aspectos que requieren mayor estandarización y evidencia a largo plazo.
En qué enfermedades puede utilizarse la PIPAC
La PIPAC se ha estudiado principalmente en personas con metástasis peritoneales de origen gástrico, colorrectal, ovárico y de otros tumores digestivos o ginecológicos. Su papel no está establecido de la misma forma en todas estas enfermedades.
En el cáncer gástrico con afectación peritoneal, algunos estudios han observado cambios favorables en las biopsias y control de determinados síntomas, como la ascitis, en pacientes seleccionados. Estos resultados deben interpretarse dentro del contexto de cada estudio y no permiten atribuir de forma automática un beneficio en supervivencia frente al tratamiento sistémico habitual.
En las metástasis peritoneales de cáncer colorrectal, la técnica ha mostrado que puede administrarse de forma repetida en determinados pacientes y producir actividad local. Su posición respecto a otras estrategias oncológicas continúa dependiendo del contexto clínico y de la evidencia disponible.
En el cáncer de ovario recurrente o resistente, también se han estudiado respuestas histológicas y control sintomático. La PIPAC puede formar parte de estrategias seleccionadas, pero no sustituye de forma general a los tratamientos sistémicos establecidos.
En otras enfermedades peritoneales, su utilización puede concentrarse en programas especializados o ensayos clínicos. La indicación debe plantearse siempre dentro de la estrategia oncológica global y no únicamente por la presencia de enfermedad en el peritoneo.
Cómo se decide si la PIPAC puede formar parte del tratamiento
La valoración comienza por establecer qué tumor está originando la enfermedad peritoneal, cómo ha evolucionado y qué objetivo se persigue con el tratamiento.
El equipo analiza la extensión y distribución de los implantes, los tratamientos recibidos previamente y la posible presencia de enfermedad fuera del peritoneo. También se valoran el estado funcional, la situación nutricional y las funciones renal, hepática, cardiaca, respiratoria y hematológica.
Otro aspecto esencial es comprobar si puede accederse al abdomen mediante laparoscopia. Las intervenciones abdominales previas pueden haber producido adherencias que dificulten la entrada segura o impidan crear un espacio adecuado para distribuir el aerosol.
La existencia de una obstrucción intestinal, determinadas infecciones, un deterioro clínico importante o una función orgánica insuficiente puede modificar la indicación. La decisión debe integrar estos factores con las alternativas terapéuticas disponibles para cada tumor.
Estudio y planificación antes de una sesión
La valoración suele incluir pruebas de imagen recientes, análisis de sangre y revisión del diagnóstico anatomopatológico. La tomografía computarizada permite estudiar la extensión de la enfermedad y valorar si existen alteraciones fuera del peritoneo que puedan modificar la estrategia.
Los análisis permiten comprobar la función renal y hepática, las células sanguíneas, la coagulación y otros parámetros relevantes antes de administrar el medicamento y realizar la laparoscopia.
También se revisan cuidadosamente las operaciones abdominales previas y la posibilidad de que existan adherencias. Esta información ayuda a anticipar posibles dificultades para acceder a la cavidad abdominal.
La indicación se beneficia de una discusión multidisciplinar en la que se define qué papel ocupa la PIPAC respecto a la quimioterapia sistémica, otras terapias oncológicas y las alternativas disponibles.
Cómo se realiza una sesión de PIPAC
La PIPAC se lleva a cabo en quirófano y con anestesia general. El cirujano accede al abdomen mediante pequeñas incisiones laparoscópicas e introduce una cámara y el instrumental necesario.
Antes de administrar el medicamento se explora el peritoneo y se valora la distribución visible de los implantes. Pueden obtenerse biopsias de áreas previamente seleccionadas para disponer de muestras comparables entre sesiones.
Cuando existe ascitis, es decir, acumulación de líquido dentro del abdomen, puede retirarse parte de este líquido durante el procedimiento para aliviar síntomas o estudiarlo.
A continuación, el medicamento se introduce mediante un nebulizador conectado a un sistema de administración a presión. La quimioterapia permanece aerosolizada dentro de la cavidad abdominal durante el tiempo establecido por el protocolo.
Al finalizar, el aerosol se evacua mediante un circuito cerrado y filtrado antes de retirar los instrumentos. Debido a que se utilizan medicamentos citotóxicos en forma aerosolizada, el procedimiento requiere medidas específicas de seguridad destinadas a controlar la exposición del personal sanitario.
La PIPAC puede plantearse como un tratamiento repetido, pero la continuidad no se establece de antemano de forma rígida. Antes de cada nueva sesión se revisan la tolerancia, los síntomas, las biopsias, las pruebas de imagen y la evolución general para decidir si mantener la estrategia sigue siendo adecuado.
Por qué la PIPAC puede administrarse en varias sesiones
Una característica de la PIPAC es que puede repetirse. Las sesiones sucesivas permiten volver a administrar el medicamento y, al mismo tiempo, obtener nuevas biopsias para estudiar la evolución de los implantes.
El número de procedimientos y el intervalo entre ellos dependen del tumor, del fármaco utilizado, del protocolo, de la tolerancia y de la evolución de la enfermedad. No existe un número universal de sesiones aplicable a todas las personas.
Antes de repetir el tratamiento se revisan los síntomas, los análisis, las pruebas de imagen y, cuando están disponibles, los resultados anatomopatológicos de las biopsias obtenidas previamente.
La estrategia puede interrumpirse cuando la enfermedad progresa, empeora el estado general, aparece una toxicidad clínicamente relevante o deja de ser posible acceder al abdomen mediante laparoscopia con suficiente seguridad.
Diferencias entre PIPAC, HIPEC y quimioterapia sistémica
PIPAC, HIPEC y quimioterapia sistémica utilizan medicamentos antitumorales, pero la forma de administrarlos, el momento del tratamiento y su papel clínico son diferentes.
La PIPAC administra la quimioterapia en aerosol mediante laparoscopia. Puede realizarse en varias sesiones y habitualmente no implica una cirugía extensa destinada a retirar todos los implantes visibles.
La HIPEC —quimioterapia intraperitoneal hipertérmica— utiliza una solución líquida calentada que circula por el abdomen y suele administrarse después de una cirugía citorreductora destinada a retirar la enfermedad visible.
La quimioterapia sistémica circula por el organismo y puede actuar sobre enfermedad localizada tanto dentro como fuera de la cavidad abdominal.
En algunos programas se estudian estrategias que alternan o combinan PIPAC y tratamiento sistémico. Esta posibilidad se integra según el tumor y el protocolo y no constituye una pauta universal.
Qué resultados pueden valorarse durante el tratamiento
La PIPAC permite estudiar diferentes aspectos de la respuesta. Las biopsias obtenidas durante las sesiones pueden mostrar cambios en el tejido tumoral y, en determinados pacientes, también pueden observarse modificaciones de la ascitis o de algunos síntomas.
Estos resultados necesitan interpretarse de forma conjunta. Una respuesta histológica —observada al microscopio— no equivale necesariamente a una mejoría clínica, un control global de la enfermedad o una prolongación de la supervivencia.
Por este motivo, la valoración no se basa únicamente en las biopsias. También incorpora los síntomas, las pruebas de imagen, la tolerancia al tratamiento, el estado funcional y la evolución oncológica global.
En algunos programas se ha descrito que determinados pacientes pudieron ser valorados posteriormente para una cirugía citorreductora. Esta posibilidad depende de circunstancias muy concretas y no constituye una expectativa general asociada a la PIPAC.
Riesgos y posibles complicaciones según el tratamiento y la situación clínica
La PIPAC combina una laparoscopia, anestesia general y administración intraperitoneal de un medicamento citotóxico. El tipo y la probabilidad de complicaciones dependen del tumor, del estado general, de las operaciones abdominales previas, del medicamento utilizado y del número y características de las sesiones.
Después del procedimiento pueden aparecer dolor abdominal, molestias en las incisiones, náuseas, cansancio o fiebre transitoria. La absorción de parte de la quimioterapia puede producir alteraciones renales, hematológicas, hepáticas o metabólicas según el medicamento empleado.
El acceso laparoscópico puede asociarse a sangrado, infección o lesión del intestino u otros órganos, especialmente cuando existen adherencias importantes. También pueden presentarse complicaciones trombóticas, respiratorias o relacionadas con la anestesia.
En determinadas ocasiones no es posible acceder al abdomen o crear un espacio adecuado para administrar el aerosol. En esta situación, la sesión puede interrumpirse antes de administrar la quimioterapia.
No resulta apropiado resumir el riesgo mediante una cifra única aplicable a todos los pacientes. La situación clínica, el tumor, la medicación y la complejidad técnica pueden ser diferentes entre unas sesiones y otras.
Recuperación después de una sesión de PIPAC
La recuperación suele estar condicionada por la laparoscopia, la anestesia y el medicamento administrado. Al no incluir habitualmente las resecciones extensas propias de una cirugía citorreductora, el proceso asistencial es diferente del de una cirugía con HIPEC.
Durante las horas posteriores se controlan el dolor, la tolerancia digestiva, la función renal y otros parámetros clínicos. Pueden persistir molestias abdominales, cansancio, náuseas, febrícula o determinadas alteraciones analíticas durante un tiempo.
El tiempo de observación o ingreso depende de la evolución, del protocolo y de las enfermedades asociadas. No existe una duración de hospitalización ni un plazo de recuperación que pueda aplicarse de forma general.
Antes de considerar una nueva sesión se revisa cómo se ha recuperado la persona y cómo está evolucionando la enfermedad.
Alternativas a la PIPAC
Las alternativas dependen fundamentalmente del tumor, de la extensión de la enfermedad, de los tratamientos ya recibidos y del objetivo terapéutico.
Pueden incluir quimioterapia sistémica, terapias dirigidas, inmunoterapia, cirugía citorreductora con o sin HIPEC, otros tratamientos intraperitoneales o participación en ensayos clínicos.
En determinadas situaciones, la estrategia puede orientarse principalmente al control de síntomas y al mantenimiento de la situación funcional mediante tratamientos adaptados a las necesidades de cada persona.
La elección de PIPAC no se fundamenta en que sea una tecnología más reciente que otras opciones. Su posible utilidad depende de que exista una indicación clínica razonable y de que encaje adecuadamente dentro del tratamiento oncológico global.
Señales que requieren valoración médica
Después del alta debe contactarse con el equipo sanitario ante fiebre persistente, dolor abdominal creciente, vómitos repetidos, distensión intensa, imposibilidad para comer o beber o cambios importantes en las heridas.
También requieren valoración una reducción marcada de la cantidad de orina, sangrado, dificultad respiratoria, dolor o hinchazón de una pierna o un deterioro relevante del estado general.
El dolor intenso, la pérdida de conocimiento, una dificultad respiratoria grave, un sangrado importante o un empeoramiento rápido requieren atención médica urgente.
Especialistas que intervienen
La PIPAC requiere una valoración especializada de la enfermedad peritoneal, del tumor que la origina y del lugar que puede ocupar esta técnica dentro del tratamiento oncológico global.
En el Hospital Memorial Publio Cordón, la Unidad de Carcinomatosis Peritoneal es la unidad más directamente relacionada con este procedimiento. Está integrada en Cirugía Oncológica y dedicada específicamente al tratamiento de la diseminación tumoral peritoneal. La propia unidad identifica la quimioterapia intraperitoneal presurizada (PIPAC) entre las áreas de experiencia de sus especialistas.
La Cirugía Oncológica participa en la selección de los pacientes, realiza la laparoscopia, valora directamente la distribución de la enfermedad y lleva a cabo la administración intraperitoneal cuando está indicada. La especialidad organiza su actividad en unidades de alta especialización y sitúa la carcinomatosis peritoneal dentro de su abordaje de cirugía oncológica compleja.
Según el tumor de origen, pueden intervenir unidades quirúrgicas más específicas. La Unidad de Cáncer de Ovario Especializado, por ejemplo, incluye entre la experiencia de sus especialistas la técnica PIPAC en el contexto de enfermedad ovárica avanzada o en recaída.
Oncología Médica integra la PIPAC dentro del plan terapéutico general y valora su relación con la quimioterapia sistémica, inmunoterapia, terapias dirigidas u otras opciones. Su organización incluye unidades específicas de Tumores Digestivos y Tumores Ginecológicos, relevantes para varios de los tumores en los que se ha estudiado PIPAC.
Anatomía Patológica tiene un papel especialmente importante en esta técnica porque analiza las biopsias obtenidas durante las sesiones y permite comparar los cambios histológicos a lo largo del tratamiento. Diagnóstico por Imagen participa en el estudio de extensión y en la valoración evolutiva.
Anestesiología y Reanimación interviene en la preparación y el control durante cada laparoscopia. Farmacia Hospitalaria participa en la preparación segura del medicamento y en los circuitos relacionados con el manejo de citostáticos, mientras que Enfermería, Nutrición y otros equipos pueden incorporarse según la situación clínica.
No todas las personas necesitan la misma combinación de profesionales en cada fase. El recorrido se adapta al tumor de origen, a la evolución de la enfermedad, al número de sesiones previstas y a los tratamientos oncológicos que se administran de forma paralela o sucesiva.
Preguntas frecuentes
¿La PIPAC requiere extirpar los implantes tumorales?
Respuesta: No habitualmente. La PIPAC se realiza mediante laparoscopia, pero su finalidad principal no es retirar de forma extensa los implantes tumorales. Durante el procedimiento se explora el abdomen, pueden obtenerse biopsias y se administra la quimioterapia en forma de aerosol presurizado. Esta es una diferencia importante respecto a la cirugía citorreductora con HIPEC.
¿Puede suspenderse una sesión antes de administrar la quimioterapia?
Respuesta: Sí. Al iniciar la laparoscopia, el equipo comprueba que puede accederse a la cavidad abdominal y crear un espacio adecuado para administrar el aerosol con seguridad. Si las adherencias u otros hallazgos impiden hacerlo, la sesión puede interrumpirse antes de administrar el medicamento.
¿Se utilizan siempre los mismos medicamentos en la PIPAC?
Respuesta: No. El medicamento, la dosis y las condiciones de administración dependen del tipo de tumor y del protocolo utilizado. Existen consensos internacionales destinados a estandarizar la técnica, aunque todavía persisten diferencias entre indicaciones y programas de tratamiento.
¿Por qué pueden tomarse biopsias durante las sesiones?
Respuesta: Las biopsias permiten estudiar al microscopio los implantes peritoneales y comparar posibles cambios a lo largo del tratamiento. Esta información se interpreta junto con los síntomas, las pruebas de imagen, la tolerancia y la evolución global de la enfermedad; por sí sola no determina si debe continuarse la PIPAC.
¿La PIPAC puede ayudar a reducir la ascitis?
Respuesta: En algunos pacientes se ha observado una reducción de la ascitis o una mejoría de síntomas relacionados con la enfermedad peritoneal. La respuesta varía entre personas y tumores, y este efecto no permite por sí solo establecer cuál será la evolución global de la enfermedad o la supervivencia.
¿La PIPAC puede permitir una cirugía citorreductora posterior?
Respuesta: En determinados programas, algunas personas han podido ser valoradas posteriormente para una cirugía citorreductora tras la evolución observada durante el tratamiento. Esta posibilidad depende de circunstancias clínicas muy concretas y no debe considerarse un resultado esperado de la PIPAC para todos los pacientes.
¿Es necesario permanecer ingresado después de una sesión de PIPAC?
Respuesta: El tiempo de observación o ingreso depende del protocolo, de la recuperación después de la laparoscopia, del medicamento administrado, de las enfermedades asociadas y de la evolución clínica. No existe una duración de hospitalización que pueda aplicarse de forma general a todas las personas.
¿Por qué la PIPAC requiere medidas especiales de seguridad en quirófano?
Respuesta: Porque durante el procedimiento se administra un medicamento citotóxico en forma de aerosol. La técnica utiliza sistemas y protocolos específicos para controlar la estanqueidad, administrar el tratamiento y evacuar posteriormente el aerosol de forma filtrada, reduciendo la exposición del personal sanitario.
Información médica de carácter divulgativo
Esta ficha pretende ayudar a comprender qué es la PIPAC, cómo se administra la quimioterapia en aerosol, en qué enfermedades puede valorarse, por qué puede repetirse y cómo se integra dentro de un tratamiento oncológico más amplio. También explica cómo se evalúa la evolución entre sesiones, sus principales riesgos y las alternativas disponibles.
En el Hospital Memorial Publio Cordón consideramos importante que la información médica sea rigurosa, comprensible y útil para orientar a cada persona durante su recorrido asistencial. Nuestros especialistas dedican parte de su trabajo a explicar las enfermedades, las pruebas y las opciones de tratamiento de forma divulgativa, ayudando a que pacientes y familias puedan comprender mejor cada etapa y participar con mayor seguridad en las decisiones sobre su salud. Esta vocación de conocimiento y divulgación forma parte también de nuestro compromiso con la investigación y el avance de la medicina.
La información recogida en esta ficha describe los principios generales de la PIPAC. Su indicación debe individualizarse según el tumor de origen, la distribución y evolución de la enfermedad peritoneal, los tratamientos previos, el estado general, la posibilidad de realizar la laparoscopia y las alternativas disponibles.